Sergio Ramírez: “La escritura es un milagro provocado”
By mediaIslaPublished: May 8, 2010
Por
Martha Daza
Desconfío de toda ideología que ofrece la felicidad en la tierra con solo cerrar los ojos y dejarse llevar. Toda ideología a la que uno termina entregando el derecho de pensar por sí mismo, que niega la diversidad, es perversa…
El nombre de Sergio Ramírez está ligado irremediablemente a nuestra historia política latinoamericana, no obstante lo cual él no parece interesado directamente en los procesos en que se ha transformado lo que, en su momento, fue una lucha de esperanza y progreso para un pueblo oprimido por los dueños del poder que tanto daño hicieron en nuestro continente en las pasadas décadas.
Su manera de enfrentar el mundo es a través de la literatura y a través de ella cierra etapas, como en Adiós Muchachos. Relata, como él mismo lo dice, lo oscuro del poder como en Sombras nada más, se acerca al tenebroso mundo del narcotráfico —El cielo llora por mí— o sencillamente plasma vivencias propias y ajenas o reinventa la historia en un cierto número de páginas para que nada de lo vivido intensamente se quede sin salir a la luz.
—Sergio, tú siempre has sido un hombre de letras antes y después de la política, ¿tiene que ver la sensibilidad poética con la ideología, te volcó ésta al proceso revolucionario que viviste?
—Hay una sensibilidad para ver la realidad y creo que corresponde por igual a la literatura que a la política. A los 17 años, cuando desperté a la realidad de mi país, quería cambiarlo todo, y para eso se necesita sensibilidad, lo mismo que se necesita sensibilidad para la obra de imaginación, algo que despertó también en mí al mismo tiempo. Pero quizás se trata de diferentes facetas de la sensibilidad, sin que ésta deje de ser una misma. No creo que sin esa sensibilidad hubiera sido capaz de entrar en la revolución. Y me quedé con ella cuando aquella empresa terminó.
—¿Cómo regresaste a las letras, el Adiós muchachos, fue una despedida irrevocable e implica que jamás volverías a la política?
—Creo que salí de la política a su debido tiempo. La revolución había llegado a su fin, intenté ayudar a crear una perspectiva distinta para el sandinismo después de la derrota de 1990, y después de eso, que significó una dura lucha con muchos de mis mismos compañeros, sentí que mi papel en la política había llegado a su fin y que debía regresar a la literatura a la que siempre había pertenecido, y que es algo sin plazos y a lo que no se renuncia. Uno sigue siendo escritor hasta la muerte.
—En tu última novela, abordas el narcotráfico como un tema de actualidad, aunque en Nicaragua aparece como una novedad, sin toda la sevicia página por página que aparece en otras novelas publicadas con el mismo tema, ¿qué piensas tú de la oleada de novelas que invade el mercado y que tienen tanto éxito, que se convierten en series a pesar de no tener un valor literario en sí? ¿Se está explotando el morbo de la violencia?
—Eso ha ocurrido siempre en la literatura tanto con la violencia como con el sexo. Por cada novela del siglo diecinueve que recordamos, o de cada década, hay centenares que tuvieron su día de fama y luego cayeron en el olvido porque no eran verdaderamente literatura, sino que tocaban las claves del mercado, lo que yo llamaría una literatura populista. Uno siempre debe aspirar a la trascendencia, que la novela que uno escribe pueda ser recordada, cualquiera que sea su tema. Se tiene una idea bastante ligera de la novela policíaca, como si fuera siempre un bien perecedero, y no es así. La novela negra también tiene sus clásicos.
—Tú que estuviste en el poder, ¿cómo lo interpretas?
—El poder es un juego de espejos, que exhibe, como ningún otro género, la condición humana. Prefiero hablar del poder como género, porque me acerca a la literatura, que es para lo que finalmente sirve. Mi experiencia de poder se ha quedado en literaria, y es un depósito subterráneo al que bajo siempre a rastrear personajes, argumentos, situaciones.
—Te gusta que la ficción parezca realidad, ¿escribirías novela histórica?
—No me gusta la novela histórica, si la vemos como novela de grandes personajes, o de epopeyas. Me gusta recurrir a la historia en busca de los rincones oscuros y de los pequeños personajes secundarios, y me gusta ver la historia como una gran trampa en la que tantos caen aún contra su propio gusto. Quedar en la historia es como quedar pegado en un papel matamoscas.
—Sergio Ramírez mezcla en el texto la ficción con la realidad, en El cielo llora por mí, por ejemplo menciona al cardenal con nombre propio, ¿Lo haces para darle más realismo a la trama? ¿No tienes problemas con este tema? lo digo porque ya en Miami durante una presentación en la Feria del Libro, se te aparecieron dos personajes que, dicho sea de paso, no estaban muy complacidos de aparecer en tus novelas —una dijo ser la hermana del personaje central, el asesino—, llegando hasta el grado de agredir a un participante que agradeció tu presencia en el recinto. ¿Te ha pasado eso en alguna otra ocasión, que la gente se vea reflejada en la obra y se alegre o se enfade por ello?
—Sé que los personajes con nombres verdaderos sólo son útiles a un primer círculo de lectores, los del propio país, que leen una novela bajo color local. Pero yo pongo los verdaderos nombres como una especie de gusto, o de vicio personal, o de miedo de alejarme de la realidad, y en lugar de quedarme en el terreno de la imaginación, entrar en el de la fantasía, que es diferente. Ya ves eso que pasó en la Feria del Libro de Miami, de pronto me sentía asaltado por mis propios personajes, pero me gusta correr los riesgos que trae consigo hacer chocar la realidad con la ficción, sobre todo cuando mucho de lo que escribo sale de las situaciones de la propia realidad pública, o de la privada, y de lo que ella me dicta. Uno vive entre historias verídicas que es necesario transformar en piezas narrativas, pero lo que esas historias tienen de asombroso ya está allí.
—Desde muy niño tuviste la posibilidad del cine y eso te enseñó a narrar, crees que existe una vocación, crees que son las circunstancias las que marcan al autor, o que como dice alguien, a un buen escritor lo buscan los temas, ¿Cómo seleccionas tus temas?
—Los temas vienen a mí. Cada vez que abro el periódico por las mañanas, se que en algún rincón de la página de sucesos policiales me puede estar esperando una historia. Por eso es que hay que leer el periódico con unas tijeras al lado. O al entrar en un restaurante y al sentarme a la mesa, saber que la pareja de la mesa vecina puede estar hablando algo que como novelista me interesa. Un escritor es siempre un voyeur, pero uno tiene que tener la capacidad de entender la textura de la historia, saber que puede servir, que tiene esas calidad singulares que uno busca en ellas.
—Hablaste de tu próxima novela que será a tres voces femeninas y el proceso que has seguido para que los diálogos sean creíbles, ¿nos puedes contar acerca de eso?
—Bueno, ese es un asunto que tiene que ver con los instrumentos de que uno se arma para el proceso de la escritura. Cuando uno le da voz a un personaje, sobre todo si el personaje habla en primera persona, esa voz debe tener una textura particular que el lector pueda distinguir siempre. Aquí, en esa novela que se llamará La Prisionera, hay tres mujeres, ya muy ancianas, contando una misma historia acerca de un solo personaje, otra mujer ya muerta, desde sus propios ángulos y desde sus propias voces. Si no consigo que cada una de ellas hable de manera distinta, con su propia marca, todo el trabajo está perdido. No hay que olvidar entonces que la escritura es un asunto de lenguaje.
—Cuando se ha sido poeta como tú ¿Crees que es inevitable la poesía en la prosa?
—La poesía es inevitable en la sustancia de la prosa. Y es más. Creo que alguien que no se ha pasado la vida leyendo poesía, difícilmente puede encontrar las claves de la prosa, que necesita de ritmos, y de una música invisible. Cada vez que voy a empezar una novela me pongo a releer a los poetas que siempre me han acompañado, Baudelaire, Darío, Kavafis, Vallejo, T.S. Elliot.
—¿Crees que una ventaja de la literatura es recrear seres y situaciones reales, que parecen de ficción para adjudicarles las culpas y errores que cometen en su quehacer cotidiano, sin temor a represalias? En El cielo llora por mí, denuncias la incipiente corrupción de la policía cuando entrega sólo cincuenta de los cien mil dólares encontrados en un operativo. Digo incipiente porque en otras partes, no hubieran entregado ni un centavo. También mencionas el niño que entra a robar en la suntuosa casa construida por una familia “destacada” con la ayuda recibida cuando el huracán Mitch, supongo que los nicaragüenses identificarán a estos personajes sin mucho esfuerzo. ¿Eso te crea problemas?
Nicaragua es una novela infinita, cada día se agrega un capítulo. Los personajes están por doquier, no hay más que atraparlos con la mano. Pero no es suficiente que los reconozcan en Nicaragua, sino que también los reconozcan en otros países, porque la fauna es común a América Latina, y los que se construyen mansiones con fondos públicos, o de la ayuda internacional para las catástrofes, abundan en nuestras tierras.
—Crees en el fin de las ideologías. ¿Son las ideologías las que han perjudicado el progreso de la humanidad, las que han justificado lo injustificable. ¿Definen las ideologías el curso de la historia? ¿Crees que se podría hacer una revolución sin ideologías?
—Hay ideologías intrínsecamente perversas, y otras que se vuelven perversas cuando son puestas en acción. Ahora desconfío de toda ideología que ofrece la felicidad en la tierra con solo cerrar los ojos y dejarse llevar. Toda ideología a la que uno termina entregando el derecho de pensar por sí mismo, que niega la diversidad, es perversa, y si una revolución se hace en base a una ideología que niega a los demás el derecho de pensar, y el derecho a la crítica, será una revolución perversa.
—Una persona con la autoridad moral que le da el hecho de haber estado en la cumbre del poder sin haberse engolosinado con él y haber retornado a la literatura, ¿cómo ve el hecho de los cambios constitucionales en distintos países como Colombia, para perpetuarse sin pudor en el poder?
—La Corte Suprema de Justicia tuvo la sabiduría de negar al presidente Uribe una nueva reelección. Fue un gran paso para Colombia.
—¿Usas la literatura como una forma de disidencia?
—El escritor tiene que ser disidente por naturaleza. Un escritor fiel a un credo oficial, o a un pensamiento único, no puede participar de esa aventura diversa, contradictoria, que es la escritura de una novela, en la que nunca quien la escribe puede tomar partido, ya no digamos asumir una posición ideológica.
—¿Cuáles son los elementos —además de lo telúrico— que destacan la literatura nicaragüense y la identifican, si es que hay esos elementos? ¿Existe un elemento aparte del geográfico por medio del cual se exprese la literatura nicaragüense?
Como todas las literaturas latinoamericanas, la identidad de la literatura nicaragüense se encuentra en el habla. Es el lenguaje lo que define una literatura, más que lo telúrico, porque si lo telúrico no se puede expresar en palabras, no puede entrar con eficacia en la novela, así como tampoco podría entrar la historia.
Dice Pérez Reverte que escribir es un trabajo o un don divino, otros opinan que es un arte, además que el arte es una realidad por encima del tiempo ¿qué piensas tu de eso? ¿Crees que escribir es un arte?
—Un don divino que no puede bajar sobre la cabeza del escritor sin el uso de los procedimientos debidos, que empiezan por sentarse a escribir con disciplina de mecanógrafo. Hay que saber atrapar la gracia. La escritura es una milagro provocado.
—Me parece que no existe en realidad una ruptura entre la revolución y tus textos, el lenguaje, los personajes, la mística revolucionaria inclusive, se aparece como una constante, por ejemplo en el Inspector Morales o en Doña Sofía, o en la monja. ¿Es ese lenguaje parte de un proceso natural en los escritores de Nicaragua o es un proceso tuyo como miembro activo y destacado que fuiste de la revolución?
—La revolución es para mí una experiencia vital, que me acompaña en la escritura en todos sus intríngulis humanos, en la complejidad de los personajes con los que conviví, de las situaciones de las que fui testigo. Recurro a ese entramado de experiencias cuando tengo necesidad de ellas, son parte del cúmulo de recuerdos de mi vida, y me siento a gusto evocándolos.
—Me quedó grabada una imagen de tu charla en Books & Books, aquella de no cerrar tu ventana a la luz, hablando de las publicaciones por Internet, ¿o sea que no te niegas a la tecnología de los libros virtuales, háblanos un poco de ese tema?
—Yo soy un escritor que no tiene la más mínima influencia en determinar cómo serán los libros de mañana. No tengo poder para decidir si mis libros se leerán en papel o en una pantalla electrónica, de modo que seguiré escribiendo libros de cualquier manera que vayan a publicarse. Si me preguntas mi opinión, prefiero los libros de papel, y quisiera que existiera una larga convivencia entre los libros de papel, y los inevitables libros electrónicos. Pero tampoco me asusta la tecnología digital, ni la rechazo: escribo en una computadora desde los años ochenta, cuando empezaban a salir las computadoras personales, y me he beneficiado mucho de su uso.En mi carrera de escritor ha sido un invento trascendental.
[Martha Daza, colombiana,
autora de Cuento- poema de la permanencia, 2007]
Saturday, May 08, 2010
Friday, April 16, 2010
Sentencia
Nos preparábamos
para el acontecimiento
como para un velorio
y manteníamos el alma lisa,
aguardando la orden final.
Ahora le había tomado
un inmenso amor al alma,
desde cuando me enteré
que la desprestigiaron
los románticos,
me gustaba acariciarla
y adornarle el cuello
con corazones rojos
y seguir gastándola
utilizándola en lo bueno
y en lo malo,
conceptos que nadie
podía definir
porque para todos
eran diferentes.
Tan sólo criterios
estropeados por el uso,
todo se daña con el uso
y las palabras,
aunque broten distinto
en cada garganta
no son la excepción.
Me siguen gustando
las cosas así
y pasar mis manos
que ruedan
acariciando el papel,
desteñidas por el uso,
mientras aguardo la orden.
Esa que dictará
un extraño banquero
con su traje oscuro
y su corbata escogida
para que coincida
con el color de lo demás,
o talvez no.
Ha debido ser
una noche de insomnio
como las anteriores
o de pesadillas
donde los personajes
de obras maestras
me torturen
poniéndome a flotar
en la soga de un columpio
descontrolado
que me romperá la cabeza
estrellándola
contra las paredes.
Pero no,
fue una noche, otra noche.
Cada día trae su afán,
decía la abuela
muerta hace muchos años,
cada noche es igual
pero diferente.
Comienza a colarse
por los resquicios
de las ventanas
desapareciendo los objetos
hasta que nos obliga
a encender una luz
o una luna
que nos enseñe
nuestras gastadas palabras,
nuestros gastados rostros
y nuestros gastados miedos
que circulan desaforados
entre los intestinos
y nos obligue a manifestar
nuestra gastada angustia.
No me prohíbas nada,
no me amarres
que odiaré los nudos
que me impongas
aunque los desate
rompiéndome
y ensangrentando
la yema de los dedos.
No pronuncies palabras mediocres
que me agredan en la soledad
y entre la multitud,
que me acorralen
más allá de la loca racionalidad.
Espero la orden
y el desalojo ha comenzado ya,
el desmoronamiento se produjo
en cada uno de los esfuerzos
de la respiración
que evité contener para no morir.
¡Habla!
No, mejor no lo hagas
que ya lo sé
desde antes de los siglos,
conozco tus palabras,
son las mismas,
provienen desde la fuerza
y el sonido
de las gargantas de piedra
que en su desgaste
las han dejado escapar
para quebrantarnos
y dejarnos heridos,
tendidos en el suelo
sin conocer la sentencia.
para el acontecimiento
como para un velorio
y manteníamos el alma lisa,
aguardando la orden final.
Ahora le había tomado
un inmenso amor al alma,
desde cuando me enteré
que la desprestigiaron
los románticos,
me gustaba acariciarla
y adornarle el cuello
con corazones rojos
y seguir gastándola
utilizándola en lo bueno
y en lo malo,
conceptos que nadie
podía definir
porque para todos
eran diferentes.
Tan sólo criterios
estropeados por el uso,
todo se daña con el uso
y las palabras,
aunque broten distinto
en cada garganta
no son la excepción.
Me siguen gustando
las cosas así
y pasar mis manos
que ruedan
acariciando el papel,
desteñidas por el uso,
mientras aguardo la orden.
Esa que dictará
un extraño banquero
con su traje oscuro
y su corbata escogida
para que coincida
con el color de lo demás,
o talvez no.
Ha debido ser
una noche de insomnio
como las anteriores
o de pesadillas
donde los personajes
de obras maestras
me torturen
poniéndome a flotar
en la soga de un columpio
descontrolado
que me romperá la cabeza
estrellándola
contra las paredes.
Pero no,
fue una noche, otra noche.
Cada día trae su afán,
decía la abuela
muerta hace muchos años,
cada noche es igual
pero diferente.
Comienza a colarse
por los resquicios
de las ventanas
desapareciendo los objetos
hasta que nos obliga
a encender una luz
o una luna
que nos enseñe
nuestras gastadas palabras,
nuestros gastados rostros
y nuestros gastados miedos
que circulan desaforados
entre los intestinos
y nos obligue a manifestar
nuestra gastada angustia.
No me prohíbas nada,
no me amarres
que odiaré los nudos
que me impongas
aunque los desate
rompiéndome
y ensangrentando
la yema de los dedos.
No pronuncies palabras mediocres
que me agredan en la soledad
y entre la multitud,
que me acorralen
más allá de la loca racionalidad.
Espero la orden
y el desalojo ha comenzado ya,
el desmoronamiento se produjo
en cada uno de los esfuerzos
de la respiración
que evité contener para no morir.
¡Habla!
No, mejor no lo hagas
que ya lo sé
desde antes de los siglos,
conozco tus palabras,
son las mismas,
provienen desde la fuerza
y el sonido
de las gargantas de piedra
que en su desgaste
las han dejado escapar
para quebrantarnos
y dejarnos heridos,
tendidos en el suelo
sin conocer la sentencia.
Wednesday, April 07, 2010
Estas sucesivas
muertes
que nos llegan
de pronto
sin anunciarse
y derribando
puertas
arrasan
sin distingo
castigan
desbaratan
y borran
los cimientos
campean en nuestro
suelo
fustigan
tierra adentro.
Estas sucesivas
muertes
que nos llegan
de pronto
y sin remedio
tomando los
dominios
de la carne
y el sueño
desbaratando
borrando
lo que fue,
destruyendo
apagando
inclementes
los vestigios
de luz
acallando
las voces
que se apagan
en oídos
lejanos
dando paso
al silencio total
callando el verbo.
II
Este enorme
dolor
me pertenece
dolor de muchas
tumbas
dolor
de muchas muertes
ajenas, mías
muertes
soledades de frio
quebranto
en las rodillas
sucesivas ausencias
que se extienden
desde siempre
y por siempre.
Monday, April 05, 2010
Monday, March 29, 2010
Así
Yo soy así,
oscura,
clara,
frágil y fuerte
humilde y fiera,
soy así
como el agua,
como el fuego,
soy luz y sombra,
asciendo y desciendo
canto y lloro
amo,
sigo amando
sin objeciones
me hundo en ti,
me regocijo,
soy
manantial
interno,
mi cuerpo
es vida en mis adentros
calma y fuerza,
tristeza,
horas sin luz
noche estrellada,
explosión
en el vientre,
vida
tibia
rodando por las piernas,
peso que se libera
en agua
derramada
entre las piedras
oscura,
clara,
frágil y fuerte
humilde y fiera,
soy así
como el agua,
como el fuego,
soy luz y sombra,
asciendo y desciendo
canto y lloro
amo,
sigo amando
sin objeciones
me hundo en ti,
me regocijo,
soy
manantial
interno,
mi cuerpo
es vida en mis adentros
calma y fuerza,
tristeza,
horas sin luz
noche estrellada,
explosión
en el vientre,
vida
tibia
rodando por las piernas,
peso que se libera
en agua
derramada
entre las piedras
Monday, March 08, 2010
El dia internacional de la mujer
Yo no soy la mujer celebrada en champaña y pétalos de rosa, soy aquella mujer de los otros, los demás días, la que trabaja aunque parezca que duerme, la que sufre con su cara compuesta, la que padece detrás de la sonrisa, la que necesita arreglárselas para cubrir la soledad que la quiebra, la que disimula los errores ajenos para que nadie se sienta mal, la que acomoda las cargas para que el peso no recaiga sobre otros, sino que se logre acomodar en su propia espalda sin partirla. Soy esa aunque proteste y vista máscara de dureza, soy la que transita por el amor y se lo guarda, la que agota las lágrimas para que nadie note que aún llora, soy la soñadora que vive en las nubes para sobreaguar y no hundirse cuando todo la tira desde abajo, soy una mujer común y corriente.
La que enfrenta la vida sin el maquillaje que oculta las arrugas forjadas en el silencio y la resistencia, la que camina por ahí con una soga al cuello con la mayor naturalidad, la que forcejea contra el viento sin añorar la gloria ni los titulares, la que a pesar de todo aún cree en el instante de la felicidad que puede atravesarse en una tarde cualquiera, la que busca ese destello azul en una pupila y ese refugio tibio en unos brazos de mar, para liberarse por fin de tanta espera, yo soy así...
Soy simplemente una mujer.
Saturday, February 27, 2010
Mi color
La mujer es del color
del grito que la parte en dos.
René Rodríguez Soriano.
Soy el incoloro grito
que me parte en mil pedazos
en la noche del olvido,
la sombra que se esconde
en cada despertar,
el sigilo sin nombre
que oculta tu mano de mi roce,
la fragmentada fuente
que destila su sed
en el desierto de la ausencia.
Labios mudos que se distraen
en otros cuerpos,
ajeno susurro
de palabras impronunciadas
en los oscuros abismos
del abandono
cachivache tirado contra la pared
taburete olvidado
en el sueño de los muertos.
del grito que la parte en dos.
René Rodríguez Soriano.
Soy el incoloro grito
que me parte en mil pedazos
en la noche del olvido,
la sombra que se esconde
en cada despertar,
el sigilo sin nombre
que oculta tu mano de mi roce,
la fragmentada fuente
que destila su sed
en el desierto de la ausencia.
Labios mudos que se distraen
en otros cuerpos,
ajeno susurro
de palabras impronunciadas
en los oscuros abismos
del abandono
cachivache tirado contra la pared
taburete olvidado
en el sueño de los muertos.
Monday, January 25, 2010
Te amo
Lo sabes,
así,
tendido,
endemoniado,
clavando tus dedos
como raíces
en lo profundo del deseo,
tensando la cuerda
hasta que deja de vibrar
o hasta que vibra imperceptible
para los demás
y permanece
sonando en lo más sensible
de mis oídos enfebrecidos,
te amo y me basta
para ser feliz
en el anonimato,
para no querer
más que tu nombre,
tus palabras ocasionales
y tu pasión permanente
en cualquier parte
en cualquier cuerpo
en cualquier playa
con los pasos que llegan
o se marchan
no importa,
igual
tu paso de aire
se llevará la huella
en cada ola
y yo seguiré
la vida
bajo el sol
radiante.
Lo sabes,
así,
tendido,
endemoniado,
clavando tus dedos
como raíces
en lo profundo del deseo,
tensando la cuerda
hasta que deja de vibrar
o hasta que vibra imperceptible
para los demás
y permanece
sonando en lo más sensible
de mis oídos enfebrecidos,
te amo y me basta
para ser feliz
en el anonimato,
para no querer
más que tu nombre,
tus palabras ocasionales
y tu pasión permanente
en cualquier parte
en cualquier cuerpo
en cualquier playa
con los pasos que llegan
o se marchan
no importa,
igual
tu paso de aire
se llevará la huella
en cada ola
y yo seguiré
la vida
bajo el sol
radiante.
Sunday, December 13, 2009
Todos estamos muertos
Todos estamos muertos
como se mueren
en los hombres
las ideologías
y los viejos amores,
todos estamos ahí,
unos debajo
deshaciéndose
deconstruyendo en cal
y lluvia
el mundo
que tuvieron.
Los otros
sobre las tumbas
quietos o
trashumantes
mediocres
sin realizar
los sueños.
A todos nos mató
lo mismo
la creencia
la esperanza
de lograr algo nuevo.
Estamos,
estuvimos muertos
y seguiremos muertos
sobre la muerte
ajena
sobre la muerte
nuestra.
Sin preguntarnos nada
sin recibir
respuesta
sin verbos y sin letras.
Ahora los verdugos
los mencionan
agregan a sus hijos
y a sus nietos
un nombre
que creen
salda la deuda,
pero ellos
siguen muertos,
pero seguimos muertos
sin recibir respuesta
sobre la tumba ajena
sobre la tumba nuestra
con ellos ahí adentro,
en recuerdo y en
sal deconstruyendo
la historia
de su tiempo
que les quedó
inconclusa
en el intento
que nos quedó
sin rumbo
que nos quedó
doliendo...
como se mueren
en los hombres
las ideologías
y los viejos amores,
todos estamos ahí,
unos debajo
deshaciéndose
deconstruyendo en cal
y lluvia
el mundo
que tuvieron.
Los otros
sobre las tumbas
quietos o
trashumantes
mediocres
sin realizar
los sueños.
A todos nos mató
lo mismo
la creencia
la esperanza
de lograr algo nuevo.
Estamos,
estuvimos muertos
y seguiremos muertos
sobre la muerte
ajena
sobre la muerte
nuestra.
Sin preguntarnos nada
sin recibir
respuesta
sin verbos y sin letras.
Ahora los verdugos
los mencionan
agregan a sus hijos
y a sus nietos
un nombre
que creen
salda la deuda,
pero ellos
siguen muertos,
pero seguimos muertos
sin recibir respuesta
sobre la tumba ajena
sobre la tumba nuestra
con ellos ahí adentro,
en recuerdo y en
sal deconstruyendo
la historia
de su tiempo
que les quedó
inconclusa
en el intento
que nos quedó
sin rumbo
que nos quedó
doliendo...
Sunday, November 29, 2009
Fragmentos
Las palabras volaron como las hojas muertas y se evaporaron con la lluvia. No hacía falta llorar, las sombras ingresaron a los aposentos abarcándolo todo. No sobrevivió ser alguno, la fe se quebrantó y se rompió sobre la cresta de las olas. El pie crujió después sobre las naturalezas muertas. El río se fue salando entre la boca inmensa, que lo bebió de un sólo sorbo tibio, que lo bebió sediento. No hay que hacer cuenta de los pasos para llegar al final, no valen las cuentas cuando ya todo está hecho, cuando todo está dicho y malogrado, no hay vuelta hacia el pasado.
Talvez no soy eso que piensas, ni lo que pienso que soy, mucho menos lo que piensan los demás. Lo que cada cual se imagina de acuerdo a su conocimiento chato o amplio. Cosas escuchadas de otros, experiencias que en cada caso son individuales y particulares que no pueden concretarse en unidad, sin embargo parecen una sola.
Soy y dejaré de ser, seré sin ser. No volaré en cenizas porque reposaré debajo de algún árbol o aterrada en el fondo de una caja oscura por toda la eternidad, hasta el final que dicte el cataclismo, cuando todos flotaremos hueso o piel reseca por el tiempo. Recorreremos valles y ciudades desbordando orillas, reventando diques y sacando de su base los cimientos de lo que fueron las construcciones sólidas. Nada ni nadie soportará el embate, olas terribles que acabarán el grito para perpetuarlo en la inmensidad del mar.
Oscuridad, oscuridad y sombra sin intersticios por donde se cuele la vida, eterno olor de hierba mojada bajo los pies de los que ya no se atreven a llorar. Te miro ahí, los miro y me pregunto si valió la pena tanto dolor, la angustia diaria, las esperas y las desesperaciones, los instantes fugaces de un placer inventado, la fingida risa. ¿Quién eres? ¿Quiénes somos? Agotamos la vida en embelecos que no nos dejaron nada. A nadie le dejaron nada, todo constituye una mentira, un motivo más para malgastar la vida entre miles de objetos, trapos y chatarra oxidada.
No existes, no existo. Te quejas, te consuelo con palabras que no alcanzan a ser mi propio consuelo, vivimos en la desesperanza, transidos, dolidos por el aire que nos roza. Se habían desaparecido las defensas, la muralla, el fuerte, talvez nunca existieron. Anduvimos todos los caminos indefensos, sin fortificaciones, sin la naturaleza de nuestro lado. No entendimos los caminos que daban vueltas sobre sí mismos, sin conducir a ninguna parte y nos extraviamos en la búsqueda.
Las palabras, tantas, tan distintas, tan iguales en su carencia de significado. Escritas, pensadas, dichas en el oído amado o a los gritos en el viento. Hambre, sed, deseo y satisfacción, obsesiones de dioses y paganos...
Maldito lenguaje que cree decirlo todo y no dice nada, malditas creencias y sueños irrealizados, vivimos como pudimos, sin justificaciones, sin metáforas, vivimos como se nos presentó la vida, creyendo poseerlo todo y siempre con las manos y el corazón vacíos.
Me desgarro y no ruedan las lágrimas, las tenía contadas hasta cuando durara la pena, pero algo se desequilibró porque el dolor continúa y las lágrimas no, ese alivio, esa leve y tibia caricia se me niega.
No regresan las aves a sus nidos, el invierno los destruyó aunque los mantenga en los desnudos árboles de invierno, las hojas más hermosas están muertas acolchonando el humus. El otoño se lleva los mejores colores en bocanadas que las desgarran desde los tallos de los árboles dejándolos ahí, sin esperanza en la memoria de renacer por lo pronto, deshabitados, tristes...
Midaz.
.
Talvez no soy eso que piensas, ni lo que pienso que soy, mucho menos lo que piensan los demás. Lo que cada cual se imagina de acuerdo a su conocimiento chato o amplio. Cosas escuchadas de otros, experiencias que en cada caso son individuales y particulares que no pueden concretarse en unidad, sin embargo parecen una sola.
Soy y dejaré de ser, seré sin ser. No volaré en cenizas porque reposaré debajo de algún árbol o aterrada en el fondo de una caja oscura por toda la eternidad, hasta el final que dicte el cataclismo, cuando todos flotaremos hueso o piel reseca por el tiempo. Recorreremos valles y ciudades desbordando orillas, reventando diques y sacando de su base los cimientos de lo que fueron las construcciones sólidas. Nada ni nadie soportará el embate, olas terribles que acabarán el grito para perpetuarlo en la inmensidad del mar.
Oscuridad, oscuridad y sombra sin intersticios por donde se cuele la vida, eterno olor de hierba mojada bajo los pies de los que ya no se atreven a llorar. Te miro ahí, los miro y me pregunto si valió la pena tanto dolor, la angustia diaria, las esperas y las desesperaciones, los instantes fugaces de un placer inventado, la fingida risa. ¿Quién eres? ¿Quiénes somos? Agotamos la vida en embelecos que no nos dejaron nada. A nadie le dejaron nada, todo constituye una mentira, un motivo más para malgastar la vida entre miles de objetos, trapos y chatarra oxidada.
No existes, no existo. Te quejas, te consuelo con palabras que no alcanzan a ser mi propio consuelo, vivimos en la desesperanza, transidos, dolidos por el aire que nos roza. Se habían desaparecido las defensas, la muralla, el fuerte, talvez nunca existieron. Anduvimos todos los caminos indefensos, sin fortificaciones, sin la naturaleza de nuestro lado. No entendimos los caminos que daban vueltas sobre sí mismos, sin conducir a ninguna parte y nos extraviamos en la búsqueda.
Las palabras, tantas, tan distintas, tan iguales en su carencia de significado. Escritas, pensadas, dichas en el oído amado o a los gritos en el viento. Hambre, sed, deseo y satisfacción, obsesiones de dioses y paganos...
Maldito lenguaje que cree decirlo todo y no dice nada, malditas creencias y sueños irrealizados, vivimos como pudimos, sin justificaciones, sin metáforas, vivimos como se nos presentó la vida, creyendo poseerlo todo y siempre con las manos y el corazón vacíos.
Me desgarro y no ruedan las lágrimas, las tenía contadas hasta cuando durara la pena, pero algo se desequilibró porque el dolor continúa y las lágrimas no, ese alivio, esa leve y tibia caricia se me niega.
No regresan las aves a sus nidos, el invierno los destruyó aunque los mantenga en los desnudos árboles de invierno, las hojas más hermosas están muertas acolchonando el humus. El otoño se lleva los mejores colores en bocanadas que las desgarran desde los tallos de los árboles dejándolos ahí, sin esperanza en la memoria de renacer por lo pronto, deshabitados, tristes...
Midaz.
.
Saturday, October 17, 2009
La entraña de la luna que me regalabas, ya no será la misma...
Qué más da,
hoy bombardearon la luna,
ayer nos bombardearon a nosotros,
nos abrieron heridas,
masacraron la gente,
resecaron la tierra
convirtiéndola
en una tumba grande.
Cubrieron de sangre ciudades
y desiertos
mutilaron los niños,
se llevaron los padres
o los dejaron
tirados
con fieros agujeros
en medio de la calle.
las madres que quedaron
se quejaron despacio
por el miedo
y secaron sus ojos
escondiendo su llanto
para poder huír
de los sicarios
después de las masacres.
hoy bombardearon la luna,
ayer nos bombardearon a nosotros,
nos abrieron heridas,
masacraron la gente,
resecaron la tierra
convirtiéndola
en una tumba grande.
Cubrieron de sangre ciudades
y desiertos
mutilaron los niños,
se llevaron los padres
o los dejaron
tirados
con fieros agujeros
en medio de la calle.
las madres que quedaron
se quejaron despacio
por el miedo
y secaron sus ojos
escondiendo su llanto
para poder huír
de los sicarios
después de las masacres.
Wednesday, October 14, 2009
Tuesday, October 13, 2009
Lluvia de fuego sobre el bosque
Todos los días
las gotas de rocío
tiritan
sobre las ramas
de los árboles
en amaneceres frescos
de pájaros cantores,
el aire es puro
y penetra claro
los sentidos
en armonioso despertar.
Sólo cuando los hombres
dictaminan la guerra
los amaneceres
quebrantan la rutina
milenaria
y llueve fuego
de los aviones
y todo es caos
y oscuridad...
Wednesday, September 02, 2009
Me dice la razón que esta es una calle desierta y que las calles y los lugares desiertos son peligrosos, que la gente no debe deambular por parajes desolados porque los puede asaltar la duda y la realidad y algunas veces no se sale con vida de esos lugares. El corazón terco como siempre, con los ojos vendados, me ordena no atender a la razón porque ella no siente, ella no puede percibir los colores de los atardeceres que algunas veces se confunden con los de las auroras y piensa que el azul detrás de los árboles no es puro producto de la imaginación, sino que vive como los destellos de luz que se colaron en los ojos que alguna vez amé.
Atenta a mi corazón, no sólo transité los lugares vacíos sino que me tendí de frente a mirar el paso de las nubes, a recibir en mi rostro la frescura y a adivinar las notas de una canción no pronunciada que llegaba a través del aire; mi canción, aquella que inventé en los furores de una adolescencia que me llegó como todo en la vida, sin previo aviso y atacó mis sentidos y mi carne y penetró por mi piel hasta lo más profundo del primer vértigo y de la indefensión que encontró en mí y que me dejó con todos los deseos reprimidos y con una angustia que cargué por siglos y que al final del camino parecía resolverse en besos y recuerdos maltratados que también se diluyeron cuando se acabó la luz y reinó el silencio y la orfandad y los pétalos secos volaron hasta cubrirlo todo y oscurecieron mi reino de la nostalgia, la peor amiga que ofrece sus veleidades para dejarnos más vacíos que antes de atrevernos a invitarla a pasar.
No era una calle solitaria solamente, era una calle muerta, sellada, trunca que no conduce a ninguna parte, un final con nombre trágico: dead end, era el dead end de la jornada, el no outlet road sign. Todos los finales tienen nombres trágicos, extraño, si el final es un comienzo, un retomar la vida y el aliento para volver a respirar con los pulmones llenos y con todos los sentidos en estado de alerta.
Me gustan los finales, reivindican las ansias desgastadas aguzan la mirada y sensibilizan el espíritu que de otra manera, es una pobre cosa ahí a la espera de lo que dicte el mundo que lo rodea para luego aplastarlo con su gigantesco designio.
Bah, me dije, todo es falso, es falsa la frescura del aire, son falsos los instantes, son sólo manecillas corriendo para dar la vuelta, el retorno al día que sigue que es igual al anterior, ¡bah... bah... bah! (esto lo aprendí de ti).
Me río del río con risa de loca, reviso la memoria de las piedras que siguen inmóviles y tercas en su dureza total, me río de mi memoria que esculpe juiciosa y laboriosamente lo que le pido, me río de ti y de mí, de nosotros, de vosotros y de ellos, me río del verbo y sus conjugaciones.
Tú siempre inventando palabras para que yo crea que soy lo que no soy, arrullándome en mentiras hermosas. Bah... no quiero ser lo que soy ni lo que no soy, ni estar (To be or not to be, that is the question) no me gustan las mentiras pero se debe vivir de ellas (dicen) el nihilismo es mal consejero, nos incita al vacío del piso número 99, nos embelesa en los puentes y le pone hermosa voz al agua oscura, le otorga destellos de esperanza.
Dead end, helado cañón de arma sobre la sien, dead end, veloz encuentro con los árboles que segundos antes, instantes sólo, corrían silenciosos frente a la ventana, panorámica visión de la última hermosura, dead end, fin del paisaje...
Atenta a mi corazón, no sólo transité los lugares vacíos sino que me tendí de frente a mirar el paso de las nubes, a recibir en mi rostro la frescura y a adivinar las notas de una canción no pronunciada que llegaba a través del aire; mi canción, aquella que inventé en los furores de una adolescencia que me llegó como todo en la vida, sin previo aviso y atacó mis sentidos y mi carne y penetró por mi piel hasta lo más profundo del primer vértigo y de la indefensión que encontró en mí y que me dejó con todos los deseos reprimidos y con una angustia que cargué por siglos y que al final del camino parecía resolverse en besos y recuerdos maltratados que también se diluyeron cuando se acabó la luz y reinó el silencio y la orfandad y los pétalos secos volaron hasta cubrirlo todo y oscurecieron mi reino de la nostalgia, la peor amiga que ofrece sus veleidades para dejarnos más vacíos que antes de atrevernos a invitarla a pasar.
No era una calle solitaria solamente, era una calle muerta, sellada, trunca que no conduce a ninguna parte, un final con nombre trágico: dead end, era el dead end de la jornada, el no outlet road sign. Todos los finales tienen nombres trágicos, extraño, si el final es un comienzo, un retomar la vida y el aliento para volver a respirar con los pulmones llenos y con todos los sentidos en estado de alerta.
Me gustan los finales, reivindican las ansias desgastadas aguzan la mirada y sensibilizan el espíritu que de otra manera, es una pobre cosa ahí a la espera de lo que dicte el mundo que lo rodea para luego aplastarlo con su gigantesco designio.
Bah, me dije, todo es falso, es falsa la frescura del aire, son falsos los instantes, son sólo manecillas corriendo para dar la vuelta, el retorno al día que sigue que es igual al anterior, ¡bah... bah... bah! (esto lo aprendí de ti).
Me río del río con risa de loca, reviso la memoria de las piedras que siguen inmóviles y tercas en su dureza total, me río de mi memoria que esculpe juiciosa y laboriosamente lo que le pido, me río de ti y de mí, de nosotros, de vosotros y de ellos, me río del verbo y sus conjugaciones.
Tú siempre inventando palabras para que yo crea que soy lo que no soy, arrullándome en mentiras hermosas. Bah... no quiero ser lo que soy ni lo que no soy, ni estar (To be or not to be, that is the question) no me gustan las mentiras pero se debe vivir de ellas (dicen) el nihilismo es mal consejero, nos incita al vacío del piso número 99, nos embelesa en los puentes y le pone hermosa voz al agua oscura, le otorga destellos de esperanza.
Dead end, helado cañón de arma sobre la sien, dead end, veloz encuentro con los árboles que segundos antes, instantes sólo, corrían silenciosos frente a la ventana, panorámica visión de la última hermosura, dead end, fin del paisaje...
Saturday, August 29, 2009
Thursday, August 20, 2009
Tuesday, August 18, 2009
Monday, August 17, 2009
oc
Toco la luz
regreso a mi letargo
me asquea la realidad
transito por ella y me contagio
no sé limpiar mi cuerpo
ni el veneno que guardo,
víctima de este mal
perezco, me ciego, me consumo
en mi asco.
regreso a mi letargo
me asquea la realidad
transito por ella y me contagio
no sé limpiar mi cuerpo
ni el veneno que guardo,
víctima de este mal
perezco, me ciego, me consumo
en mi asco.
Thursday, August 13, 2009
Cansada de pedir perdón por estar viva,
aburrida de las explicaciones por mis actos,
desesperada por no poder vivir a mi antojo,
decidí morir de muerte imaginaria,
de muerte donde todo da lo mismo,
de muerte sin respeto por los vivos
(aquellas marionetas con nombres que no nombran,
movidas por los hilos de las imposiciones)
de muerte que no mira y que no escucha
y que no dice nada.
De muerte en la que no siento
lástima, ni asco por mí misma...
aburrida de las explicaciones por mis actos,
desesperada por no poder vivir a mi antojo,
decidí morir de muerte imaginaria,
de muerte donde todo da lo mismo,
de muerte sin respeto por los vivos
(aquellas marionetas con nombres que no nombran,
movidas por los hilos de las imposiciones)
de muerte que no mira y que no escucha
y que no dice nada.
De muerte en la que no siento
lástima, ni asco por mí misma...
Thursday, August 06, 2009
Hiroshima
Hace 64 años el mundo conoció el horror de la gente derretida y de sus gritos aterrados fundidos en la piedra, era una hermosa mañana en Hiroshima cuando un hongo de luz criminal encegueció para siempre a sus habitantes y los talló en las paredes y ni el río Motoyasu alivió sus carnes envenenadas y el fuego que las consumía. Para que no se nos olvide, hoy la gente enciende linternas como faroles de colores y las pone a flotar sobre ese mismo río como un homenaje a los muertos que produjo el llamado "Little Boy" la creación más infame de los seres humanos.
Wednesday, August 05, 2009
Los pájaros tirándole a las escopetas
Y si fuera verdad
y los pájaros le tiraran a las escopetas
y si algún día,
un pájaro valiente
derribara una escopeta
y la mano que la maneja
para que se espantaran las escopetas
y los que despedazan las golondrinas
y los asesinos de palomas
y los que acallan la voz de los sinsontes
y los usurpadores de sus canciones
y si sucediera y se diera vuelta la suerte
y pudiéramos contemplar
tal espectáculo
y los viéramos caer, desbarrancarse
como piedras sobre la piedra
en su intento por exterminar la vida
y el canto matinal
y si los vieramos rodar
con su carga de muerte por los pueblos
Por las ciudades y por los países
y si desaparecieran sus armas en la acequias
y se les fundieran bajo el sol
y si cayera su mirada de buitres en los lodazales
entonces tendríamos una razón
para sonreír de frente.
y los pájaros le tiraran a las escopetas
y si algún día,
un pájaro valiente
derribara una escopeta
y la mano que la maneja
para que se espantaran las escopetas
y los que despedazan las golondrinas
y los asesinos de palomas
y los que acallan la voz de los sinsontes
y los usurpadores de sus canciones
y si sucediera y se diera vuelta la suerte
y pudiéramos contemplar
tal espectáculo
y los viéramos caer, desbarrancarse
como piedras sobre la piedra
en su intento por exterminar la vida
y el canto matinal
y si los vieramos rodar
con su carga de muerte por los pueblos
Por las ciudades y por los países
y si desaparecieran sus armas en la acequias
y se les fundieran bajo el sol
y si cayera su mirada de buitres en los lodazales
entonces tendríamos una razón
para sonreír de frente.
Friday, July 31, 2009
Debimos ser tan leves en el tiempo
Imperceptibles partículas en vaivén perpetuo
Para que no nos alcancen los recuerdos ajenos
Para que no nos baste con los nuestros.
Talvez sólo eso fuimos
El leve resplandor de algún cometa muerto
Iluminando instantes de silencio.
La fugaz certidumbre de un encuentro
Polvo lunar de algún reflejo etéreo
La breve vida de la mariposa al viento
Lágrimas de cristal lluvia y lamento
Mil hojitas de azahar volando lento.
Imperceptibles partículas en vaivén perpetuo
Para que no nos alcancen los recuerdos ajenos
Para que no nos baste con los nuestros.
Talvez sólo eso fuimos
El leve resplandor de algún cometa muerto
Iluminando instantes de silencio.
La fugaz certidumbre de un encuentro
Polvo lunar de algún reflejo etéreo
La breve vida de la mariposa al viento
Lágrimas de cristal lluvia y lamento
Mil hojitas de azahar volando lento.
Deseo
Quiero hundir mi cabeza
entre tus manantiales tibios
Saborear gota a gota tus delicias,
beber hasta el cansancio
sin saciar mi sed de ti
los aromas eternos
venidos desde adentro en contubernio
entre cuerpo y placer, sabor perfecto,
equilibrio sin par de dos deseos
que se enfrentan sin fin desde el comienzo
de los tiempos.
entre tus manantiales tibios
Saborear gota a gota tus delicias,
beber hasta el cansancio
sin saciar mi sed de ti
los aromas eternos
venidos desde adentro en contubernio
entre cuerpo y placer, sabor perfecto,
equilibrio sin par de dos deseos
que se enfrentan sin fin desde el comienzo
de los tiempos.
Thursday, July 30, 2009
Poemas del insomnio
Uno.
La noche huele a amores fracasados
que cumplen el ritual
y las imposiciones,
repetida ceremonia maquillada
de palabras trasnochadas y tristes
que en el fondo ocultan el dolor
de las obligaciones por cumplir,
besos practicados para el momento indicado
de la necesidad.
Marioneta de oficio
la realidad es un vacío permanente
y el recuerdo es otro vacío sin posibilidades en el tiempo
por llegar.
Mientras tanto la sabiduría reposa en los anaqueles,
viejos libros empolvados que nadie leerá
porque la vida les pasó de largo
y los sumió como al amor en el olvido.
Wednesday, July 29, 2009
Quemando las naves
Volver hacia atrás es un ejercicio masoquista un retroceso inminente a todo lo superado, mirar hacia atrás es restar, tratando de encontrar el tiempo pasado que dicen que fue mejor, sin entender que la vida son fragmentos, momentos; que nada es mejor ni peor sino instantes irrepetibles que luego evocamos para conservar algo de la felicidad que nos proporcionaron y que no supimos reconocer al vivirla.
Recorro desde mis febriles catorce años, la adolescencia apresurada de la vieja canción, porque esos fugaces momentos de la adolescencia pesan en el corazón que los conserva intactos con todos los olores y sabores, con los estremecimientos y los fervores. En esos tiempos nuevos, ignorarlo todo e irlo descubriendo con asombro al paso de los acontecimientos es la felicidad, lo que nos declara vivos y nos dicta lo que haremos después.
Ahora todo está dicho y lo nuevo ya no nos asombra porque siempre le descubrimos aquel tufillo anacrónico, aquello a lo que ya le dimos mil vueltas en el carrusel que representa la vida. Si tú vivieras mirarías cómo todos los acontecimientos giran sobre su eje cumpliendo a cabalidad con el mito del eterno retorno, continúan los mismos con las mismas, más viejos y resabiados, ni siquiera perfeccionan sino que repiten una y otra vez los mismos esquemas, se turnan, utilizan el mismo lenguaje y las mismas estrategias que de tan usadas producen asco. Han sofisticado los métodos de limpiar el camino, han creado nuevos ejércitos y nuevas tácticas, pero continúan siendo los mismos tras sus renovadas máscaras. Extienden su poder, negocian y se venden al mejor postor que casi siempre es el mismo de la mano larga, acumulan terreno y objetos para diferenciarse y para sentirse mejor, pero no lo consiguen, lo que pasa es que se toman mucho tiempo en comprenderlo, el tiempo de las generaciones que les siguieron. Han acelerado la miseria y la corrupción que ya no consigue cómo cubrirse por que ahora alguna gente ha aprendido a distinguir y sabe que no todo lo que brilla es oro, que existen imitaciones burdas de lo bello y que la realidad es de plástico recubierto con colores llamativos. No todos lo saben, muchos caen en la trampa pereciendo bajo los resplandores y consumidos en el estiércol de esta sociedad que devora a sus víctimas sin darles oportunidad y nosotros que quemamos las naves del retorno a lo que nos fue querido, a nuestra Itaca, sagrada ciudad canalla, contemplamos impávidos el desastre sin saber si es el final o si solo es el comienzo del nuevo ciclo de errores compartidos y repetidos hasta el infinito.
Friday, July 10, 2009
Cápsulas degeneradas
AGUA
Caminé hacia el baño plena de grandes ideas que se escaparon por la ruta del agua, hacia el torrente multitudinario del barrio, de la ciudad, del mundo. El agua universal que fluye y se devuelve cargada de excrementos y de residuos, de medicina, locura y sangre camuflada entre cristales de roca, con bordes dorados sobre impecables y almidonados manteles blancos o en botellitas que luego atragantarán a los delfines.
¡Agua subversiva!
CARNE
Nos alimentamos de la angustia de la muerte de las vacas, del grito del último pasillo del matadero, de la inflamación lograda de los pollitos que ya no dicen ni pío, del horror de los cerdos perseguidos para la estocada final y terminamos en la vaca loca. Luego las exquisitas cenas, los elaborados manjares, correrán junto a los panes de la pobreza por las alcantarillas rumbo al mar y a los acueductos para ser purificados y re-engullidos como una sola gota por todos los paladares, sofisticados y corrientes.
FIN
En una sola hora pueden alinearse los planetas y desbordarse los mares y toda la lujuria inundada no palpitará al roce de una mano que se pose en la flor bajo mi falda levantada.
Penetrarán estrellas con espadas atroces los lagos de la noche y cantarán los himnos de voces atrapadas, la macabra leyenda apocalíptica de los astros conspirando en el cosmos contra nosotros.
Caminé hacia el baño plena de grandes ideas que se escaparon por la ruta del agua, hacia el torrente multitudinario del barrio, de la ciudad, del mundo. El agua universal que fluye y se devuelve cargada de excrementos y de residuos, de medicina, locura y sangre camuflada entre cristales de roca, con bordes dorados sobre impecables y almidonados manteles blancos o en botellitas que luego atragantarán a los delfines.
¡Agua subversiva!
CARNE
Nos alimentamos de la angustia de la muerte de las vacas, del grito del último pasillo del matadero, de la inflamación lograda de los pollitos que ya no dicen ni pío, del horror de los cerdos perseguidos para la estocada final y terminamos en la vaca loca. Luego las exquisitas cenas, los elaborados manjares, correrán junto a los panes de la pobreza por las alcantarillas rumbo al mar y a los acueductos para ser purificados y re-engullidos como una sola gota por todos los paladares, sofisticados y corrientes.
FIN
En una sola hora pueden alinearse los planetas y desbordarse los mares y toda la lujuria inundada no palpitará al roce de una mano que se pose en la flor bajo mi falda levantada.
Penetrarán estrellas con espadas atroces los lagos de la noche y cantarán los himnos de voces atrapadas, la macabra leyenda apocalíptica de los astros conspirando en el cosmos contra nosotros.
Thursday, July 09, 2009
Sunday, July 05, 2009
No Somos Nada (Uno)
Somos tan insignificantes flaco, no importa si nos esforzamos por aparecer en todas partes, por querer manejar a todas las personas que nos rodean, bajo todas las circunstancias. No importa si queremos ser el centro del mundo, la novia en la boda, la quinceañera en la fiesta, el comandante en el movimiento, el candidato en la elección. No importa amigo, si todos sabemos que no somos nada, somos menos que la explosión de la avioneta roja después del cañonazo; menos que la bomba con la que pretendieron borrarnos de la faz de la tierra, somos menos que el fuego que nos consumirá hasta calcinarnos, menos que los gusanos que nos devorarán, menos que la luz que nos enceguecerá. No somos nada compita, somos algo menores a la huella de un insecto en la sucia puerta de un burdel (hay hermosísimas y limpias puertas de burdel). Somos mucho menos que el polvo en la ceguedad del aquilón, como dijo el poeta, menos que todas las expresiones y los sentimientos perdidos en el olvido, en el silencio y en el anaquel de los recuerdos, o sea, menos de lo que no se ha dicho, ni se dirá. Menos que los gritos congelados en las montañas, menos que los cadáveres insepultos, mucho menos que los escritores y las cucarachas; mucho menos que el amor y que el odio, que tampoco prevalecerán cuando todo sea nada y cuando el big bang cese en el infinito, por un estruendo mayor que lo apagará para los oídos de los científicos y para la sordera de los demás mortales.
No somos nada y sin embargo queremos ser todo, que nos amen como a ningún otro, que nos tengan en la cuenta de los favores y los honores, en la lista de los invitados o cuando menos en la mira de los perseguidores, para aparecer en los diarios de la ciudad, del país y del mundo, como las víctimas enaltecidas.
Nos seguiremos estirando la piel, nos aspiraremos la grasa de las entrañas, nos fabricaremos las largas uñas y los senos, las nalgas y la nariz; seguiremos camuflando la vejez bajo galones de tintes y cremas mágicas, nos maquillaremos los labios y los ojos (ni una pestaña en desorden), para ser los más lindos, los más importantes, los mejores, aquellos mencionados por los notables y por los vulgares, aquellos que siempre están en todas partes.
Pero no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos, no llegaremos, no superaremos los terremotos ni el desastre final, no trascenderemos el apocalipsis de los hombres ni de los montes. No seremos cauce en los ríos ni fiesta en la lava de los volcanes, no subiremos al cielo ni descenderemos al infierno cuando los demonios se desboquen en la lucha con los dioses, que no nos protegerán cuando la bestia que nos habita se confunda con la bestia de los demás y sean una sola fuerza que también se perderá en los huecos negros del olvido y el desastre que dará origen a otros que igual que nosotros buscarán la notoriedad en una desportilladura del tiempo.
No somos nada y sin embargo queremos ser todo, que nos amen como a ningún otro, que nos tengan en la cuenta de los favores y los honores, en la lista de los invitados o cuando menos en la mira de los perseguidores, para aparecer en los diarios de la ciudad, del país y del mundo, como las víctimas enaltecidas.
Nos seguiremos estirando la piel, nos aspiraremos la grasa de las entrañas, nos fabricaremos las largas uñas y los senos, las nalgas y la nariz; seguiremos camuflando la vejez bajo galones de tintes y cremas mágicas, nos maquillaremos los labios y los ojos (ni una pestaña en desorden), para ser los más lindos, los más importantes, los mejores, aquellos mencionados por los notables y por los vulgares, aquellos que siempre están en todas partes.
Pero no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos, no llegaremos, no superaremos los terremotos ni el desastre final, no trascenderemos el apocalipsis de los hombres ni de los montes. No seremos cauce en los ríos ni fiesta en la lava de los volcanes, no subiremos al cielo ni descenderemos al infierno cuando los demonios se desboquen en la lucha con los dioses, que no nos protegerán cuando la bestia que nos habita se confunda con la bestia de los demás y sean una sola fuerza que también se perderá en los huecos negros del olvido y el desastre que dará origen a otros que igual que nosotros buscarán la notoriedad en una desportilladura del tiempo.
Wednesday, May 20, 2009
La casa en el aire, homenaje a una historia de amor
Thursday, April 30, 2009
Wednesday, April 15, 2009
Frases sueltas para un intento de carta impersonal
Anduve desconfiada por tu territorio de arenas movedizas
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.
Tuesday, April 14, 2009
No Somos Nada II
Eso serás en mi abandono, me dijo;
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
Thursday, March 19, 2009
Hay días indescriptibles, días bellos, hoy me regalaron un arco iris...
La Gata en el Tejado
La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados
Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.
Uno
Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos
En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.
En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde
En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca
Dos
Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada
La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad
La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón
El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos
Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana
Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz
Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre
Tres
La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar
Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad
Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad
Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.
Canta la loca
La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados
Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.
Uno
Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos
En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.
En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde
En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca
Dos
Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada
La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad
La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón
El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos
Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana
Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz
Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre
Tres
La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar
Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad
Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad
Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.
Canta la loca
Tuesday, September 16, 2008
El cuerpo del delito
Reflexiones a propósito del libro “Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza
Julio Pino Miyar
Los poetas, ¿de qué estúpida guerra son ellos los sobrevivientes? El rapsoda que ha entonado su mejor canción sobre las ruinas dejadas por las batallas, las humaredas que se levantan sobre los campos exterminados, las vidas destruidas y la reciente proeza de los héroes, poco o nada tiene que decir cuando es Colombia que agoniza víctima del peor de los infortunios, porque a ella no le será jamás dado el verso clásico de Homero y de Virgilio.
Pues en nombre de quién se pueden volver a entonar para la posteridad los himnos ante las piras funerarias, si es una guerra mucho más larga y cruel que la de Troya, pero donde no ha habido ni habrá vencedores ni vencidos.
Homero, en sus hexámetros, es la memoria ardiente de Ilion, la base referencial de casi toda la literatura clásica griega. Virgilio, por su parte, buscó, en su verso latino, componer para sus contemporáneos la memoria épica de Roma. Pero Colombia no necesita que un poeta redacte sus memoriales, los vemos todos los días captados por los lentes de los reporteros de la guerra, en los noticiarios del mundo, en los discursos, la estulticia y el sadismo de los dirigentes políticos de los grandes Estados. Una guerra moderna carente de posteridad, dolorosamente doblada bajo el peso de una crisis moral como razón mayor del exterminio.
¿Qué es si no la guerra, que un girar en círculos sobre un mismo pensamiento y una misma obsesión? ¿Qué es el pensamiento político de izquierda? Creer haber sido parte de una idea, ofrecido un compromiso, una motivación que trascendía los parámetros individuales, que crecía hacia la dimensión del altruismo, la solidaridad y el idealismo. ¿Qué es el exilio? Un gravamen sobre nuestras conciencias para supuestamente resucitar en las tierras de nadie, en los lugares más ajenos de la indefinición y el olvido. Y, ¿qué significan el arte, la literatura entonces? Se lo oí decir en Suecia, hace muchos años, a un actor chileno refugiado cuando la dictadura de Augusto Pinochet: un modo de rescatar nuestras cuotas de humanidad pérdidas.
Se lo oí decir de algún modo a Martha:
“Se morían los paisajes y los ríos,
Las aves se marchaban,
no había religión ni madre,
no había patria ni soldados”
“Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza es un pequeño volumen compilador, que, a pesar de estar dividido en poemas y prosas, muestra, en su propia configuración, una curiosa y acompasada voluntad de unicidad. Y como su propio título lo propone se intenta apresar en él una vocación de apremiante permanencia, siendo además el registro más agudo de la sensibilidad de la autora.
He dicho a propósito prosa y no narrativa, puesto que para mí, el carácter testimonial de esos textos se vuelve evidente, si como testimonio también entendemos las notas más difíciles y enfáticas de la sensibilidad individual. De esta singular manera en ese libro la prosa pone en evidencia la presencia de una sensibilidad desarticulada, dramáticamente desarbolada, entre tanto, la poesía deja traslucir el flujo y el reflujo sobre el que se agota y renace cualquier añoranza, una significación en ciertos momentos política, pero de abierta motivación existencial.
Y se me hace llamativo corroborar, después de haber construido la primera página del presente ensayo sobre la mención de la guerra en Colombia como dimensión exteriorizada de una inobjetable angustia, que la escritura de Martha deviene a la larga en expresión de una naturaleza interior, oscura y soterrada; en juego constante y prolongado de placer y displacer; en mujer acuclillada.
Las señas perdidas de nuestra identidad, la memoria refractaria y ausente, la turbia sensación a la que se expone nuestra subjetividad en el diálogo dislocado y cínico con el otro sujeto que nos mira, son las que disgregan la vida por ese camino largo y tortuoso, por esa línea pálida y difícil, que nos conduce ineluctable hacia el fin y hacia la nada. Pero la literatura, cuando es verdadera, se convierte en la única forma que tiene la palabra para no anonadarse en la mera justificación, en hipócrita alarde, en falso techo iluminado. Por su parte, trasponer a un plano de ejecución literaria aquello que no somos capaces de resolver de otra manera, tiende a develar un signo, un motivo ulterior, donde el lenguaje recupera su dignidad y su estatus agredido, descentrado por los modos reiterativos de decir y oblicuamente permanecer.
Abunda Martha a partir de cosas como esas:
“Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo”.
Es que ella se ha visto arrojada al juego alternativo de la permanencia y lo fugaz, lo fútil. Modos disímiles de existencia de un ser a duras penas sobreviviente de no sé qué absurdo y cruel holocausto. Es cierto además que los poetas tienen la extraña capacidad de sobrevivir para después contar, y que, en esa vocación, teñida a ratos de desesperación, descansa cualquier posible y humana legitimidad. Aunque a veces ocurre que es la propia poesía la que nos ha permitido, en la práctica, el triste y solitario oficio de la sobrevivencia.
Conocí a Martha en Miami, una noche de canciones latinoamericanas, en el sitio de un pintor dominicano que había convertido su estudio en un lugar ideal para recibir amigos, charlar y auspiciar el rencuentro con los motivos humanos de la cultura. Es poco usual que esto ocurra en esa sociedad donde el tiempo posee tan mal talante y el más exigente modo de presentarse en nuestras vidas. Vidas en las que el prosaísmo se incorpora imperativamente, pervirtiendo lo que somos, asumiendo la forma de un hábito tenaz del pensamiento. No obstante, se leyeron poemas, se contaron anécdotas y se hizo entre nosotros patente, eso que Milan Kundera llamó “la levedad del ser”. Al terminar la velada Martha y yo ya éramos amigos.
Se sucedieron los días y los años y pude percibir que eso que he llamado “una sensibilidad desarbolada”, era una verdad intrínseca de quienes, tomando el camino de la inmigración, han ido dejando atrás pedazos mutilados de su propia conciencia. El valor peculiar de “Cuento Poema de la Permanencia” es que abunda en ese tipo de testimonio, en ese tipo de narración desgarrada construida lejos de la patria. Aunque debemos tener en cuenta que el drama que allí se dibuja no nos obliga a entenderlo desde una estricta órbita o situación literaria. Sin embargo, las circunstancias a las que apunta el cuerpo poemático de Martha se encuentran enmarcadas dentro de ese impreciso horizonte. Tal parece que sucede que el llamado exilio nos permite valorar, sondear todavía más en ese hábito esquizoide, en esa rara situación límite vivida bajo la fuerza de un extrañamiento, sobre la cual transcurre la vida, nuestras vidas, cualquier vida. Un viejo amigo de la inmigración ya fallecido, entendía esto último jocosamente, cuando definía la inmigración hispana en Estados Unidos como “esa dimensión metafísica en que habitamos.”
Hay dos alegorías sobre las que quiero reflexionar, las cuales acompañan al poema – texto de la escritora colombiana: Un pueblo donde no se sabe qué hacer con tanto dolor dejado por las víctimas. Un camino largo que pasa por las monjas, la locura y que conduce a “la casa pobre de Martha”.
En Colombia, como tentativa en América Latina, a pesar de la literatura de Gabriel García Márquez, no hay subrealidad estética para que los poetas persistan en vindicar desde ella los dones de la imaginación. En Latinoamérica hay realidad entremezclada, realidad en desorden, capacidad ficcional almacenada, errabunda como la capacidad de imaginación de los pobres, como ese cuento de Martha donde el dolor era tanto que se apretujaba en las calles y lo querían usar hasta para “abonar los cimientos de la patria.”
¿Ironía? ¿Desdén? ¿Pérdida definitiva de las señas de identidad producto de los años de desarraigo? ¿La casa pobre de Martha convertida en una seña perdida; en una mísera humareda; en la casa desolada de la patria donde ya nos es imposible regresar? Pero no quiero, ni puedo, hacer de los presupuestos narrativos de raíz simbólica que pudieran abundar en esta obra, una fuente para la interiorización psicológica. Sólo deseo apuntar, que ese regreso, si fuera alguna vez posible, traería consigo aparejado el asombro germinativo sobre el piso sepultado por la muerte y la ceniza.
No sé por qué en nuestra vida actual hay tanto resquemor al patetismo. El patetismo puede ser, en ocasiones, una categoría más de lo sublime. Lo que no puede incluso expresar la ironía, como metanoia, como rejuego intelectual que al pronunciarlo nos alcanza y nos pone de paso en entredicho, lo dice eficazmente la expresión desnuda, sin ornamentos, la fementida sensibilidad trágica; sencillamente el dolor devenido en circunstancia estética.
Una de las cosas curiosas de este libro ha sido su clara intención de hacer oscilar la clave de la sensibilidad entre un compendio de poemas y composiciones narrativas las cuales constituyen cuerpos autónomos, pero que de un modo más general estrechamente se implican. La literatura de Martha Daza es de esas en las que el acento, la mayor inflexión, cae sobre la historicidad subjetiva de quien realiza la escritura. Opino que verla de otra manera sería socavar sus presupuestos básicos. Monólogos dotados de la capacidad de expresar un paisaje interior muchas veces en ruinas, otros, en cambio, como una evocación lírica de la memoria. Por eso ella recurre indistintamente al poema, a la prosa, a cualquier material que pueda aportar la fuerza de una presencia y que de alguna manera sirva para referir una historia.
Vuelve entonces a decirnos la autora, sometida a un entorno metafórico de obsesivas galerías circulares y sensuales paredes cóncavas de espejos:
“(…) yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido”. No sé si será un modo distinto de reflejar el consabido tránsito literario por la casa imaginaria de un conocido personaje del realismo mágico, quien iba en su desmedro, de habitación en habitación, donde en la última estancia lo esperaba la muerte, o lo que es peor la locura, la culpa y el desconcierto. Pero Martha, siendo fiel a sus propias imágenes, lo que se propone es un viaje que la desprenda de su ser, un viaje orientado hacia el fin del conocimiento y al olvido, a la más extrema levedad, porque el peso de la existencia se le ha vuelto, en ocasiones, insoportable. Y así vemos, en uno de los momentos más enfáticos del texto, al personaje femenino que conduce la voz narrativa, colocado ante la sensación de ser arrastrado entre las piedras por la lluvia, entendida, esta última, como una forma más de presentarse la sexualidad e incluso la lujuria.
Pero escuchemos no obstante (no quiero quitarles la ocasión de leerlo) esta invocación invertida de amor:
“Después de todas las saudades de ti, cuando el ambarino turbio del espejo roto refleja los multiplicados fragmentos de mi rostro traicionado, sucede que te odio, con un odio forjado con las lágrimas de la noche, con un odio lento que se inicia en la descomposición de los colores del crepúsculo (…)”.
Porque luego de la experiencia del exterminio, todo como la lluvia mansamente fluye y todo se nos vuelve, sin dudas, permisible. El escritor norteamericano Henry Miller escribió aproximadamente que él amaba cuanto fluía, el agua tibia del orgasmo, el río oscuro de los óvulos y hasta el sabor salado y húmedo que hay en las corneas. Pocos poetas han sabido cantar, sin embargo, a la gracia del cuerpo o el alma mutilados:
“Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne”.
Lo que encontramos al final del corredor oscuro es el lado mórbido de la vida, y es allí donde aparece ante mí una de las visiones más procaces del sueño de Martha, como un triller, una relación de anexos y perversos del escritor norteamericano de “novela negra” James Cain: “la boca pintarrajeada de rojo, el moño negro recogido y (los ojos formidables de la libido…”) Lo que encontramos al final del corredor oscuro, abandonado tras el aguacero, violado quizás entre las piedras por el deseo y la violencia, es el cuerpo del delito; la carne y el alma humedecidos, abiertos, extendidos sobre la tierra feraz del descampado. Lo que encontramos es el cuerpo literariamente reconstruido, sobrevivido, devenido para eso en poema, en texto, en permanencia.
Espejismo
Para JK
El hombre está recostado contra la puerta de una galería y no sabe si es por efecto del cuadro con sol anaranjado que lo derrite desde el enorme ventanal, y no sabe si es por la contorsionista borracha de la víspera en el Booby Trap, que bebía sentada en una enorme copa para luego escupir con toda la fuerza de su interior a los hombres y mujeres que se agolpaban para mirarla, y no sabe de dónde tanta emoción, ni sabe si fue el humo vaginal que la misma mujer expulsó desde el babeado tabaco que a él le tocó en suerte después de la función y no sabe nada. Sólo sabe que ese día en Lincoln Road, todas las mujeres están exhibiéndole su desnudez y que los pechos con distintos rumbos lo llaman tibios desde sus miradas estrábicas y que los diferentes estilos de peinado, levantan su púbico cerquillo para que él pueda ver más allá del aroma que lo embriaga, y que todas las cinturas blancas y negras y amarillas, quieren que su mano se pose en ellas para resistir el embate de tanta fuerza junta y que todas las cabelleras en un solo nudo lo envuelven hasta dejarlo exhausto y tendido exánime más allá de la avenida Collins, frente al mar que lo lame con salada compasión.
Tuesday, August 19, 2008
Monday, November 19, 2007
Niña
NIÑA
I
Estoy perdida, la gente me mira por las calles ¿es esta mi ciudad, hacia dónde camino?. No me encuentro, las calles no me reconocen, no me dicen nada. Detienen mi marcha, me reclaman, exigen respuestas que no tengo, desconozco la forma de dar explicaciones, mi voz surge extraña, los adultos me miran a los ojos. No sé doblar la cabeza, la levanto, ellos están arriba. Sigo por la ciudad perezosa con sus calles de piedra frías, las esquinas me cuentan los crímenes que presenciaron, el cemento ya no guarda la huella de la sangre. los ojos de las puertas repintadas de verde envejecido me miran ciegos en la noche del regreso. Te miro diminuta y me atiborras de rápidas imágenes. Me conmociono en medio de la plaza, frente al lugar de la fotografía de los diez años...
Seguías vivo ahí cuando toqué la plaza, estabas entre el fuego en mi mirada, ¡cuántos años de gritos que no callan!, el tiempo no era nada, tu voz estaba intacta, bajo la nueva construcción, disimulada.
Niña sin fuerzas, te has deteriorado conmigo. Tu rostro luce ajado y tus fachadas se revientan en burbújas sin tiempo, sal en la herida del recuerdo.
-Señor, tal vez usted pueda acompañarme. Tómeme de la mano y protéjame con su presencia-. Avanzo presurosa y no logro encontrarme, temo preguntarle a otros, el hombre sigue a mi lado, respirándome tibio en la garganta. no sé quién es, pero no le temo. El trata de hacerme daño. Otros tratan de hacerme daño, no obstante busco su amparo él se ríe en mi cara.
II
Mi madre me lleva al manicomio, es su forma de librarse de mí, de no quererme, me abandona entre las monjas que reclaman pedazos de mi piel entre sus uñas, me miran burlonas y me castigan de rodillas con los brazos levantados en un tiempo que camina con pasos de anciano enfermo. Pienso en quién puede ayudarme y nadie acude a mis pensamientos.. Tengo miedo, ya no canto la canción de vender mis ojos negros. La laguna está seca y puedo adentrarme más que de costumbre.
Un ruido de gallinero se detiene en mis oídos y mis cabellos están llenos de estiércol. Me duelen los golpes de los brazos y las piernas, mi rostro está inflamado.
III
He recorrido las casas de mis amigas con los ojos inyectados, he deshecho el periplo de la mañana. Volví a la casa pobre de Martha donde me dieron sopa y compartí la felicidad sin mesa, ellos me miran asustados y en sus rostros adivino que no podrán ayudarme. No sé lo que me espera, todos huyen de mi, quiero correr sin descanso, pero no puedo, me faltan las fuerzas y caigo en un desmayo que dura una eternidad.
IV
Los hombres me colocan en la sala, en medio de sus otras mujeres. Por debajo de la mesa, posan su mano en mi rodilla. Yo los veo hacer lo mismo con las demás, ellas ignoran cada una, lo que yo sé de memoria. Clara viaja a otro país para afianzar lo que ha conseguido por escrito y se hastía pronto por que descubre lo que había olvidado de la anterior aventura; que todos son iguales, que mienten como ella y es dificil juntar dos mentiras, es como construír un castillo de naipes frente a un ventilador. (Te esforzaste exageradamente en que no te quisiera y asi lo hice. Hoy regresas como si se pudieran reconstruír los sueños...)
V
Empiezo a escalar la misma cima desde donde te miro tal como eres. Acaricias el cabello de tres mujeres que te aguardan y te ciudas que ninguna se entere de la otra. Conozco la dirección de tu mirada y de tu pensamiento. Nunca serás el que me engañe... los sueños son incoherentes y distorsionados, simbólicas escenas cinematográficas que cuentan historias que se deben interpretar y que pertenecen a quien las interpreta. Aprietas mi cuello casi cariñosamente. Sé que terminarás matándome, he soñado tu mano ensangrentada, lentamente voy dejando de respirar y me abandono pesada en el asfalto...
VI
Te regalo mi muerte Artemidoro
te regalo mi muerte
y te niego el placer
de ejecutarme.
Me descerrajo un tiro
en medio de los ojos.
Me lanzo al mar inmenso,
me corto las venas
me perforo el pecho
con una lanza
o con una espada
me hago el harakiri
y te niego, traidor,
el placer de ejecutarme.
Andarás por el mundo remordido,
rabioso perro
pues te negué el placer de asesinarme.
VII
Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne. Tus párpados, piezas de metal pesado se niegan a moverse. La sombra se escapa con las horas y la mañana agresiva con sus rayos, descubre tus miserias y te muestra con asco ante el espejo que te enrostra recuerdos dolorosos, ensañándose en detalles. Debemos seguir la marcha con el corazón golpeando en la espalda. Nadie quiere comprar mis ojos negros y ellos me siguen pagando mal.
I
Estoy perdida, la gente me mira por las calles ¿es esta mi ciudad, hacia dónde camino?. No me encuentro, las calles no me reconocen, no me dicen nada. Detienen mi marcha, me reclaman, exigen respuestas que no tengo, desconozco la forma de dar explicaciones, mi voz surge extraña, los adultos me miran a los ojos. No sé doblar la cabeza, la levanto, ellos están arriba. Sigo por la ciudad perezosa con sus calles de piedra frías, las esquinas me cuentan los crímenes que presenciaron, el cemento ya no guarda la huella de la sangre. los ojos de las puertas repintadas de verde envejecido me miran ciegos en la noche del regreso. Te miro diminuta y me atiborras de rápidas imágenes. Me conmociono en medio de la plaza, frente al lugar de la fotografía de los diez años...
Seguías vivo ahí cuando toqué la plaza, estabas entre el fuego en mi mirada, ¡cuántos años de gritos que no callan!, el tiempo no era nada, tu voz estaba intacta, bajo la nueva construcción, disimulada.
Niña sin fuerzas, te has deteriorado conmigo. Tu rostro luce ajado y tus fachadas se revientan en burbújas sin tiempo, sal en la herida del recuerdo.
-Señor, tal vez usted pueda acompañarme. Tómeme de la mano y protéjame con su presencia-. Avanzo presurosa y no logro encontrarme, temo preguntarle a otros, el hombre sigue a mi lado, respirándome tibio en la garganta. no sé quién es, pero no le temo. El trata de hacerme daño. Otros tratan de hacerme daño, no obstante busco su amparo él se ríe en mi cara.
II
Mi madre me lleva al manicomio, es su forma de librarse de mí, de no quererme, me abandona entre las monjas que reclaman pedazos de mi piel entre sus uñas, me miran burlonas y me castigan de rodillas con los brazos levantados en un tiempo que camina con pasos de anciano enfermo. Pienso en quién puede ayudarme y nadie acude a mis pensamientos.. Tengo miedo, ya no canto la canción de vender mis ojos negros. La laguna está seca y puedo adentrarme más que de costumbre.
Un ruido de gallinero se detiene en mis oídos y mis cabellos están llenos de estiércol. Me duelen los golpes de los brazos y las piernas, mi rostro está inflamado.
III
He recorrido las casas de mis amigas con los ojos inyectados, he deshecho el periplo de la mañana. Volví a la casa pobre de Martha donde me dieron sopa y compartí la felicidad sin mesa, ellos me miran asustados y en sus rostros adivino que no podrán ayudarme. No sé lo que me espera, todos huyen de mi, quiero correr sin descanso, pero no puedo, me faltan las fuerzas y caigo en un desmayo que dura una eternidad.
IV
Los hombres me colocan en la sala, en medio de sus otras mujeres. Por debajo de la mesa, posan su mano en mi rodilla. Yo los veo hacer lo mismo con las demás, ellas ignoran cada una, lo que yo sé de memoria. Clara viaja a otro país para afianzar lo que ha conseguido por escrito y se hastía pronto por que descubre lo que había olvidado de la anterior aventura; que todos son iguales, que mienten como ella y es dificil juntar dos mentiras, es como construír un castillo de naipes frente a un ventilador. (Te esforzaste exageradamente en que no te quisiera y asi lo hice. Hoy regresas como si se pudieran reconstruír los sueños...)
V
Empiezo a escalar la misma cima desde donde te miro tal como eres. Acaricias el cabello de tres mujeres que te aguardan y te ciudas que ninguna se entere de la otra. Conozco la dirección de tu mirada y de tu pensamiento. Nunca serás el que me engañe... los sueños son incoherentes y distorsionados, simbólicas escenas cinematográficas que cuentan historias que se deben interpretar y que pertenecen a quien las interpreta. Aprietas mi cuello casi cariñosamente. Sé que terminarás matándome, he soñado tu mano ensangrentada, lentamente voy dejando de respirar y me abandono pesada en el asfalto...
VI
Te regalo mi muerte Artemidoro
te regalo mi muerte
y te niego el placer
de ejecutarme.
Me descerrajo un tiro
en medio de los ojos.
Me lanzo al mar inmenso,
me corto las venas
me perforo el pecho
con una lanza
o con una espada
me hago el harakiri
y te niego, traidor,
el placer de ejecutarme.
Andarás por el mundo remordido,
rabioso perro
pues te negué el placer de asesinarme.
VII
Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne. Tus párpados, piezas de metal pesado se niegan a moverse. La sombra se escapa con las horas y la mañana agresiva con sus rayos, descubre tus miserias y te muestra con asco ante el espejo que te enrostra recuerdos dolorosos, ensañándose en detalles. Debemos seguir la marcha con el corazón golpeando en la espalda. Nadie quiere comprar mis ojos negros y ellos me siguen pagando mal.
Thursday, September 20, 2007
Gabo Siempre
Nosotros trashumantes, decidimos que habríamos de encontrarnos entre las mariposas amarillas o flotando entre pétalos interminables, caídos en las tardes de los incendios crepusculares o desandando nuevas y viejas aldeas de barro y cañabrava, o sorprendiéndonos con los esqueletos de los veleros fantasmas o de las eternas piraguas cuyo maderamen ya no cruje en el agua, o persiguiendo los hilitos de sangre que nos conducen irremediablemente a las viejas y a las nuevas masacres, que sólo cambian de rótulo el dolor inenarrable y que nos marcan hondo, en esta y en todas las soledades, que no obstante nos dejan un resquicio para que se filtre la luz y para no resignarnos a ser estirpes condenadas a cien años de soledad sino a querer y a exigir una segunda oportunidad sobre la tierra, porque somos soledad compartida y fuerza para reivindicarnos; en las bananeras, en las siderúrgicas, en las canteras, en los prostíbulos y con los trabajadores, con los campesinos, con los viejos, con los niños, con los sindicalistas, con las mujeres, contra los abusos de las abuelas desalmadas y de los matones de toda índole, los de esquina y los de institución. Para tratar de no formar parte de los que presencian los crímenes en silencio, integrándose a la infamia de las guerras fratricidas de las que nadie quiere saber el por qué, pero en las que todos participan y para demostrar que seguiremos amando la magia de las hamacas y de los acordeones y de los pescadores y de las niñas que suben al cielo en cuerpo y alma y de las otras a quienes les crece la rebeldía en el pelo después de muertas; y de los amores después del tiempo en las reposadas aguas que los separan del cólera y de las nenas que dejan su último rastro sobre la nieve y de todo lo que produzca la pluma de Gabo, ayer hoy y siempre. En México o en la Habana. En Cartagena o en Bogotá, porque Gabo siempre en la literatura, Gabo siempre en nuestros corazones, Gabo siempre en la realidad y en la fantasía, Gabo en la universalidad, Gabo en todas partes, Gabo… Gabo…
Thursday, August 02, 2007
Vendo mi Vida
“Vendo mi vida, cambio mi vida
De todos modos, la llevo perdida…”
León de Greiff.
La juego y la pierdo
mientras se pudre la comida
en los basureros de las ciudades,
de los talleres
y de las cocinas del primer mundo
donde la mediocridad desfila
con cara de truhán.
La juego y la pierdo
en la derrota del tiempo
desperdiciado
soñando con gente que murió,
-que ya no existe-
y la tiro a rodar
por los laberintos
y por las alcantarillas
donde circula la mierda.
Y la tiro y la pierdo
entre los borrachos
de las noches de abril
y de febrero
Y la pierdo para siempre
en el cieno de los desadaptados
y de los sátiros
y de los poca cosa
y la juego contra un trono
y contra un burdel.
Contra la más dulce mariposa,
la más artificiosa doncella
o contra la más puta mujer
(la amiga de los pederastas,
amante de los amantes,
ladrona de mendrugos
¡mendicante infeliz!).
Y también la regalo
al más menesteroso,
al más infiel.
Al lagarto, al gusano,
al sórdido enemigo,
al amigo infidente…
La doy… la doy… la doy
La doy al transeúnte,
la doy al vendedor;
al que destroza sueños
y ahoga entre la sangre
la hermosura.
La doy al que asesina,
se la doy al doctor.
Carroña entre las manos
voraces de las hienas
La doy al ignorante,
La doy al profesor.
La doy al pobre diablo
al erudito, al docto
al dueño de las noches,
al pobre seductor
Al tonto sin sentido,
al desdeñoso, al torpe
al pobre miserable.
a todos se la doy
La regalo en la feria
de la pobre medida,
la doy al que tropieza
la doy al soñador
La juego en la tristeza
brutal de tu partida
La juego en lo que queda
después de mi dolor.
Midaz/99
Tuesday, July 17, 2007
Loca I
Para la tía.
No sabía qué hacer con tanto dolor, no le cabía en el pecho ni en el cuerpo, era necesario deshacerse de él, tirarlo por las alcantarillas tal vez, por que si lo dejaba en la calle abandonado, podía apoderarse de una persona que desprevenida pasara por el lugar, pensaba ella. No lo podía regalar, regalaban tanto en cada esquina, que ya la gente no quería más. Además se decía que los muertos cuando se iban dejaban su dolor errando por las calles y que hasta los cerros estaban invadidos y los caminos a los pueblos vecinos y los mismos pueblos no sabían cómo esconderlo. La prensa decía que la gente se había vuelto indolente y eso quería decir que no estaba dispuesta a aceptar más dolor y se veían personas a través de toda la ciudad con cargas enormes sobre sus hombros, con gigantescos bultos en la mirada, con fardos grandes en las pisadas, buscando la forma de desprenderlo de sí. Bien se sabe que el dolor como la muerte, no respeta edades ni abolengos y esto, era una epidemia. El dolor no cabía en las alcantarillas, decían que se mezclaba con tanta sangre que habían derramado en ellas y que entre los dos se desbordaban por todos los rincones incluídos aquellos donde no llegaba la mirada, y que se hacía imposible el transito normal. Los ríos se habían tornado turbios y rojos y ya la lluvia no limpiaba las manchas que se trepaban por las paredes, aprisionando las gargantas de los transeuntes hasta asfixiarlos. El pueblo deambulaba con su carga de dolor sin saber qué hacer con él. Lo habían usado para abonar los cimientos de la patria, pero la patria se resquebrajaba y los remiendos que le hacían dejaban escapar los gritos de los desesperados, por eso ella tampoco sabía qué hacer con tanto dolor que la inundaba y dicen que se volvió loca.
No sabía qué hacer con tanto dolor, no le cabía en el pecho ni en el cuerpo, era necesario deshacerse de él, tirarlo por las alcantarillas tal vez, por que si lo dejaba en la calle abandonado, podía apoderarse de una persona que desprevenida pasara por el lugar, pensaba ella. No lo podía regalar, regalaban tanto en cada esquina, que ya la gente no quería más. Además se decía que los muertos cuando se iban dejaban su dolor errando por las calles y que hasta los cerros estaban invadidos y los caminos a los pueblos vecinos y los mismos pueblos no sabían cómo esconderlo. La prensa decía que la gente se había vuelto indolente y eso quería decir que no estaba dispuesta a aceptar más dolor y se veían personas a través de toda la ciudad con cargas enormes sobre sus hombros, con gigantescos bultos en la mirada, con fardos grandes en las pisadas, buscando la forma de desprenderlo de sí. Bien se sabe que el dolor como la muerte, no respeta edades ni abolengos y esto, era una epidemia. El dolor no cabía en las alcantarillas, decían que se mezclaba con tanta sangre que habían derramado en ellas y que entre los dos se desbordaban por todos los rincones incluídos aquellos donde no llegaba la mirada, y que se hacía imposible el transito normal. Los ríos se habían tornado turbios y rojos y ya la lluvia no limpiaba las manchas que se trepaban por las paredes, aprisionando las gargantas de los transeuntes hasta asfixiarlos. El pueblo deambulaba con su carga de dolor sin saber qué hacer con él. Lo habían usado para abonar los cimientos de la patria, pero la patria se resquebrajaba y los remiendos que le hacían dejaban escapar los gritos de los desesperados, por eso ella tampoco sabía qué hacer con tanto dolor que la inundaba y dicen que se volvió loca.
Wednesday, July 11, 2007
Loca
“Ríos y ríos de lágrimas
Abren ríos y ríos de amor...”
Los fabulosos Cadillac.
Mientras rodaba hacia el piso con todo el peso de mi cuerpo, veía el vaso de café inclinándose en cámara lenta sobre la mesa y la fusión de cada una de las gotas en una ola que buscó mi rostro y mis piernas con sus ardientes manos azucaradas. Y te veía ahí, gota de café con leche que me rompe la cordura, que penetra la epidermis hasta lo más profundo de mi carne viva y en el descenso me repetía lo que siempre supe, que padezco de la terrible enfermedad de la memoria que me impide saludar al ciudadano. Y que escucho gritos y sonidos de motores mezclados con el tableteo de ametralladoras y llanto y que veo sangre y cuerpos mutilados.
Y yo, que sigo recorriendo ríos y yo, que sigo penetrando brechas y yo que sigo persiguiendo olvido.
Y vuelven a aparecer las bolsas negras revistiendo formas rígidas y vuelven a aparecer con formas frescas y colman mi mundo del recuerdo. Y los cuerpos de los muchachos ahí entre el carro, y el otro cuerpo tendido con sus botas sencillas sobre el piso, todos llenos de plomo, todos vacíos de sangre que ya rueda y mancha el pavimento cubierto con la sábana de la vergüenza.
Y las letras del tango del olvido, acomodándoseme fuerte en el cuerpo, pero lejos de mi corazón. Y volvíamos con la frente marchita y adivinábamos el parpadeo y veíamos apagarse las luces y cerrarse las cortitas y buscábamos olvido, pero no lo encontrábamos y nos rompimos las yemas de los dedos escarbando en la lluvia y seguimos las huellas de las aguas y marcamos caminos con la última gota de sangre que quedaba en nuestro pecho y quisimos llorar para limpiarnos, pero las lágrimas se nos habían secado en el recuerdo y empozadas ahogaban y enmudecían nuestro gemido. Y no veíamos salida y no escuchábamos las voces amigas, sólo había malos remedos y turbias palabras. Y corrimos descalzos por las sendas y nos herimos buscando alguna lucecita en tanta noche. Pero tú ya no estabas, pero yo ya no estaba, era sólo el recuerdo de mí misma que me seguía atormentando, porque yo padecía la terrible enfermedad del no olvido, esa grave enfermedad que me colmaba el sueño, porque hacia donde mirara, los encontraba muertos; porque los otros se reían en mi cara y cantaban canciones y se amangualaban en mi contra y me llamaban loca y me declaraban loca por decreto, mientras el cauce del café derramado marcaba sendas en mi cara y mientras las muchachitas regresaban del olvido para que los viejos les levantaran el destruido ego con su derretido estertor de la lujuria, con su tardío frescor de la “rocanrolera” ropa; con el embobamiento de la decrepitud; sin imaginarse que los abandonados, eran sólo pichones de lo que aquí sobraba; porque no en vano se fermenta la locura en la explosiva botella de los años. Porque todos los demás seguían muertos en sus tumbas y nosotros éramos sólo el recuerdo que sobrevivió en el vórtice mismo de la traicionera nostalgia, porque yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido.
Abren ríos y ríos de amor...”
Los fabulosos Cadillac.
Mientras rodaba hacia el piso con todo el peso de mi cuerpo, veía el vaso de café inclinándose en cámara lenta sobre la mesa y la fusión de cada una de las gotas en una ola que buscó mi rostro y mis piernas con sus ardientes manos azucaradas. Y te veía ahí, gota de café con leche que me rompe la cordura, que penetra la epidermis hasta lo más profundo de mi carne viva y en el descenso me repetía lo que siempre supe, que padezco de la terrible enfermedad de la memoria que me impide saludar al ciudadano. Y que escucho gritos y sonidos de motores mezclados con el tableteo de ametralladoras y llanto y que veo sangre y cuerpos mutilados.
Y yo, que sigo recorriendo ríos y yo, que sigo penetrando brechas y yo que sigo persiguiendo olvido.
Y vuelven a aparecer las bolsas negras revistiendo formas rígidas y vuelven a aparecer con formas frescas y colman mi mundo del recuerdo. Y los cuerpos de los muchachos ahí entre el carro, y el otro cuerpo tendido con sus botas sencillas sobre el piso, todos llenos de plomo, todos vacíos de sangre que ya rueda y mancha el pavimento cubierto con la sábana de la vergüenza.
Y las letras del tango del olvido, acomodándoseme fuerte en el cuerpo, pero lejos de mi corazón. Y volvíamos con la frente marchita y adivinábamos el parpadeo y veíamos apagarse las luces y cerrarse las cortitas y buscábamos olvido, pero no lo encontrábamos y nos rompimos las yemas de los dedos escarbando en la lluvia y seguimos las huellas de las aguas y marcamos caminos con la última gota de sangre que quedaba en nuestro pecho y quisimos llorar para limpiarnos, pero las lágrimas se nos habían secado en el recuerdo y empozadas ahogaban y enmudecían nuestro gemido. Y no veíamos salida y no escuchábamos las voces amigas, sólo había malos remedos y turbias palabras. Y corrimos descalzos por las sendas y nos herimos buscando alguna lucecita en tanta noche. Pero tú ya no estabas, pero yo ya no estaba, era sólo el recuerdo de mí misma que me seguía atormentando, porque yo padecía la terrible enfermedad del no olvido, esa grave enfermedad que me colmaba el sueño, porque hacia donde mirara, los encontraba muertos; porque los otros se reían en mi cara y cantaban canciones y se amangualaban en mi contra y me llamaban loca y me declaraban loca por decreto, mientras el cauce del café derramado marcaba sendas en mi cara y mientras las muchachitas regresaban del olvido para que los viejos les levantaran el destruido ego con su derretido estertor de la lujuria, con su tardío frescor de la “rocanrolera” ropa; con el embobamiento de la decrepitud; sin imaginarse que los abandonados, eran sólo pichones de lo que aquí sobraba; porque no en vano se fermenta la locura en la explosiva botella de los años. Porque todos los demás seguían muertos en sus tumbas y nosotros éramos sólo el recuerdo que sobrevivió en el vórtice mismo de la traicionera nostalgia, porque yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido.
Thursday, June 28, 2007
Celebración
El breve placer de un dedo
atravesado en el fuego
de mi deseo.
II
Amazona en tu pecho
a puro pelo
deletreando a galope
el desamparo
del compartido espacio
de tu cuerpo
Galopante amazona desbocada
en el corcel etéreo de tu pecho
cabalgándote a pelo palmo a palmo
en la pradera enorme del deseo
Eternizando orgásmicos instantes
en el tibio placer que me estremece
desde la enhiesta cima de tu sexo
Compartiendo humedades mutuos gritos
En la breve presencia entre tu lecho.
atravesado en el fuego
de mi deseo.
II
Amazona en tu pecho
a puro pelo
deletreando a galope
el desamparo
del compartido espacio
de tu cuerpo
Galopante amazona desbocada
en el corcel etéreo de tu pecho
cabalgándote a pelo palmo a palmo
en la pradera enorme del deseo
Eternizando orgásmicos instantes
en el tibio placer que me estremece
desde la enhiesta cima de tu sexo
Compartiendo humedades mutuos gritos
En la breve presencia entre tu lecho.
Thursday, June 14, 2007
Hojas sueltas
Exorcisé en tu boca
mis instintos
Penetré lo más profundo de tu piel
con mis caricias
Te bañé en mis secas lágrimas
del presentimiento
te amé como si fuera la última vez
y fue la última vez…
Wednesday, May 30, 2007
Visita Inesperada
Hoy la muerte llegó hasta el aposento
dejando su fragancia de cadáver
en las sábanas blancas
Dejando en las miradas
de soslayo
pertenencias de ayer
ahora sin dueño,
manejadas por manos
que ocultaban
entre guantes de plástico,
el asco de su nombre
mortecino, pronunciado
en la oscura y terrible
madrugada.
Midaz.
Mayo 30
Eclipse
Camino hacia el abismo, lo miro y me embelesa, me aproximo hasta el borde, adivinando la grata sensación de pluma o plomo, descendiendo hasta el vientre de piedra que me aguarda. Lecho inmenso inminente, con sus bordes de dientes afilados, obsidiana gigante en su tarea de penetrar la carne en su llegada. Placer indescriptible, descontrol de mi peso descendiendo hacia el fondo, final rotundo, paisaje agreste de sangre derramada, iniciando caminos sin retorno, masa breve en la masa, ceremonia dispar, pasajera atadura al comienzo de los siglos cuando yo no era nada, al final de los siglos cuando no seré nada, regreso hasta el olvido inexpugnable, materia que se filtra entre la piedra, vuelta al polvo perpetuo, a la definitiva madre, vertigo fugaz, cataclismo total, total eclipse. Leve cuerpo en la sombra, gotita de la lluvia que se esparce desde el gran temporal, silencio en el silencio inexorable hacia la nada
II
Retornaré en agua que se filtra, repetiré los nombres que nos juntaron y los sabores comunes del pasado, cruzaré los espejismos de nuestro deseo, habitaré los gritos de tus bosques, germinaré sin reposo en cada poro de tu piel erizada en el orgasmo, seré piedra y pétalo derramado en la medida sublime de nuestros besos, de nuestro efímero tiempo, prolongado en la fuga metafísica de los encuentros. Seré sabor de siempre, olor de primavera en la mañana naciente, olor de cuerpos que se cruzan en abrazo enamorado. Me repetiré en cada vuelo libertario, en las alas que nacen en la desesperanza, en el fuerte corazón que no se inclina, seré la planta que el asfalto no logra vencer sino que brota y se reproduce por entre sus grietas altanera. Seré luz en tus ojos, coraza en las derrotas y sueño sempiterno en la desolación de las almas que no se arrodillan ni se rinden y que renacen en cada despertar.
Wednesday, May 23, 2007
De mi país de las nubes altas
Ciudadano.
Con maquilladas palabras
bajo la fementida transparencia
-su palabra favorita-
el ciudadano hace los señalamientos
para que sus sicarios
ejecuten la orden
y el descuartizamiento
de quienes se atrevan a disentir.
Con maquilladas palabras
bajo la fementida transparencia
-su palabra favorita-
el ciudadano hace los señalamientos
para que sus sicarios
ejecuten la orden
y el descuartizamiento
de quienes se atrevan a disentir.
Fosas
Aquí estaban los huesos, dando testimonio del silencio cómplice de todos los habitantes del país, algunos aún calzaban botas hasta donde no llegó la cuchilla, no había muchos fracturados porque la operación, que duró más de veinte años, se llamó descoyuntamiento y les dictaron clase a los ejecutores para que fuera perfecta, ponían como víctimas improvisadas a los que le cayeron mal al instructor, vivos aún, carne de prueba de cuchillo para los aprendices de monstruo, eran reclutados por los caminos del terror, eran los que quedaban y no tenían otro remedio que seguirlos, los demás se habían marchado, abandonando la tierra anegada en sangre y llanto de sus propios familiares, amigos y vecinos. Aquí estaban los huesos, testimomio férreo de todas las infamias, no tenían sexo ni edad, se contaban por miles y variaban en tamaño; mantenían su queja muda, sepultada entre gritos acallados en el designio del tiempo transcurrido, desde el aciago momento de quienes dictaban la orden que siempre se decía, venía de arriba. Eran pueblos enteros enterrados en pedazos entre las enormes fosas, estaban revueltos en su fatídico aposento rellenándolo con la medida exacta de sus cuerpos y el mundo estupefacto contemplaba la escabrosa escena, repetida en los monitores que regaban las exclamaciones en las más distantes latitudes, junto a los testimonios desesperados de las madres, que entre las fosas trataban de identificar lo que quedaba de sus hijos desaparecidos; junto a los testimonios estudiados de los autores; a los testimonios del ejército y al de los políticos, de quienes se decía eran la mano maestra que dirigía las masacres.
Todos sin excepción contemplaban los restos amontonados en las fosas recién abiertas al asombro tardío y a la añeja impunidad y reclamaban justicia, mientras el ciudadano de la transparencia reclamaba excarcelación para sus amigos ejecutores y como en el tango; el mundo seguía andando...
Todos sin excepción contemplaban los restos amontonados en las fosas recién abiertas al asombro tardío y a la añeja impunidad y reclamaban justicia, mientras el ciudadano de la transparencia reclamaba excarcelación para sus amigos ejecutores y como en el tango; el mundo seguía andando...
Monday, April 30, 2007
Carta Breve
De la serie: Cuentos Infames
Apreciado señor, he llegado al límite de la tolerancia y necesito comunicarle las determinaciones que la desesperación me ha orillado a tomar. Como bien usted lo dice, el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Esta vez la verdad es a la inversa y mis intenciones han sufrido un vuelco (quizás me gane el cielo) y por esa razón a partir de este momento, no seguiré aceptando sus insultos, los calificativos brutales y leves que usted incluye en su vocabulario a la hora de referirse a mí, de compararme con otras o de darme una orden; prefiero que se los reserve para alguna otra a quien le profese más amor del que insiste en hacerme creer que me tiene.
Todavía me duele la cabeza de la golpiza que me propinó hace dos semanas y los tumores que se me formaron en los brazos no logro desaparecerlos -a pesar de masajearlos con saliva en ayunas como me enseñó la abuela- y la verdad, ahora no estoy dispuesta a que me los renueve. La persecución que instaura cuando, por puro temor, me desaparezco de su vista por instantes, seguida de los azotes y el encierro, no quiero seguirlos padeciendo. Las citas con sus amigos; para que disfruten mi cuerpo, mientras usted observa con los ojos de vidrio de su lascivia, desde la oscuridad del ropero donde presiento y me aterra su lujuria casi tanto como el tormento que esto me representa; no quiero seguirlas cumpliendo.
El atropello que padezco cuando no satisfago sus requerimientos, no quiero repetirlo, pues bien sabido es que si no me alimento y me sangran las muñecas y los tobillos por efecto de las cadenas que me ata; la gente va a notar que algo no está bien cuando me exhiba ante sus amigos (su mayor placer) y usted perdería su prestigio y el respeto que le profesan cuantos lo conocen y cuantas lo miran y lo toman como el honorable e irremplazable profesor de arte, confidente, amigo y consejero en sus más dificiles momentos. Mano salvadora en su adversidad y apoyo en su soledad y abandono.
Por tanto, mi querido señor y más por necesidad que por voluntad propia, he tomado una determinación y le he escrito esta carta, que quedará como constancia e información para quien la requiera.
No le voy a negar que su cuerpo me pesa enormemente para cargarlo, más que cuando usted se me echa encima y no puedo respirar, y mucha mayor dificultad me cuesta colgarlo de la cuerda que amorosamente a pesar de todo, he colocado alrededor de su garganta. Pero lo voy a conseguir como lo he conseguido todo durante estos largos años en que usted ha logrado mantenerme fiel, cariñosa y sin mancha a su lado.
Apreciado señor, he llegado al límite de la tolerancia y necesito comunicarle las determinaciones que la desesperación me ha orillado a tomar. Como bien usted lo dice, el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Esta vez la verdad es a la inversa y mis intenciones han sufrido un vuelco (quizás me gane el cielo) y por esa razón a partir de este momento, no seguiré aceptando sus insultos, los calificativos brutales y leves que usted incluye en su vocabulario a la hora de referirse a mí, de compararme con otras o de darme una orden; prefiero que se los reserve para alguna otra a quien le profese más amor del que insiste en hacerme creer que me tiene.
Todavía me duele la cabeza de la golpiza que me propinó hace dos semanas y los tumores que se me formaron en los brazos no logro desaparecerlos -a pesar de masajearlos con saliva en ayunas como me enseñó la abuela- y la verdad, ahora no estoy dispuesta a que me los renueve. La persecución que instaura cuando, por puro temor, me desaparezco de su vista por instantes, seguida de los azotes y el encierro, no quiero seguirlos padeciendo. Las citas con sus amigos; para que disfruten mi cuerpo, mientras usted observa con los ojos de vidrio de su lascivia, desde la oscuridad del ropero donde presiento y me aterra su lujuria casi tanto como el tormento que esto me representa; no quiero seguirlas cumpliendo.
El atropello que padezco cuando no satisfago sus requerimientos, no quiero repetirlo, pues bien sabido es que si no me alimento y me sangran las muñecas y los tobillos por efecto de las cadenas que me ata; la gente va a notar que algo no está bien cuando me exhiba ante sus amigos (su mayor placer) y usted perdería su prestigio y el respeto que le profesan cuantos lo conocen y cuantas lo miran y lo toman como el honorable e irremplazable profesor de arte, confidente, amigo y consejero en sus más dificiles momentos. Mano salvadora en su adversidad y apoyo en su soledad y abandono.
Por tanto, mi querido señor y más por necesidad que por voluntad propia, he tomado una determinación y le he escrito esta carta, que quedará como constancia e información para quien la requiera.
No le voy a negar que su cuerpo me pesa enormemente para cargarlo, más que cuando usted se me echa encima y no puedo respirar, y mucha mayor dificultad me cuesta colgarlo de la cuerda que amorosamente a pesar de todo, he colocado alrededor de su garganta. Pero lo voy a conseguir como lo he conseguido todo durante estos largos años en que usted ha logrado mantenerme fiel, cariñosa y sin mancha a su lado.
Wednesday, March 07, 2007
News
Noticia
Me bastó escuchar el tableteo, lo demás aparecía sin esfuerzo; la sangre corriendo tibia, imperceptiblemente por el cuerpo, los hombres en el suelo sin percatarse aún de su propia muerte, que les va llegando despacito, penetrando uno a uno sus sentidos, definitiva, severa, sin permiso; que se posesiona atrevida en el ennublamiento de la mirada, en el paisaje borroso, que se desdibuja ante los ojos húmedos con sus propias lágrimas; que cruza en la oscuridad absoluta precediendo al ruido cada vez más lejano donde se alojaron las palabras sin sentido: guerra, conciencia, ideal, amor, pasión, tiranía, familia, sumisión, raza, credo, hijos, padres. Todo dirigido hacia la enorme boca -el hueco negro que se traga las estrellas- hacia el túnel blanco de la creencia, en el aturdimiento de la esperanza, de la nada que aguarda ahí en el otro lado de la vida…
Entonces apagué la radio.
Midaz
Febrero 22 2007
Me bastó escuchar el tableteo, lo demás aparecía sin esfuerzo; la sangre corriendo tibia, imperceptiblemente por el cuerpo, los hombres en el suelo sin percatarse aún de su propia muerte, que les va llegando despacito, penetrando uno a uno sus sentidos, definitiva, severa, sin permiso; que se posesiona atrevida en el ennublamiento de la mirada, en el paisaje borroso, que se desdibuja ante los ojos húmedos con sus propias lágrimas; que cruza en la oscuridad absoluta precediendo al ruido cada vez más lejano donde se alojaron las palabras sin sentido: guerra, conciencia, ideal, amor, pasión, tiranía, familia, sumisión, raza, credo, hijos, padres. Todo dirigido hacia la enorme boca -el hueco negro que se traga las estrellas- hacia el túnel blanco de la creencia, en el aturdimiento de la esperanza, de la nada que aguarda ahí en el otro lado de la vida…
Entonces apagué la radio.
Midaz
Febrero 22 2007
Wednesday, February 28, 2007
Crónicas de animales
Historias de Zorrillos
Sólo había tenido noticia de los zorrillos a través de las tiras cómicas de Benitín y Eneas, que religiosamente seguí en el diario El Tiempo de mi ciudad y que alegraron mi infancia y desataron mi imaginación. Su hálito terrible, aparecía dibujado con ondeantes lineas expelidas desde su cola, para espanto de quienes anduvieran cerca. Por eso la noche en que Ivonne, sacó a pasear a su perrita por la huerta de tomates, del lado de la mañana (así se llamaba la calle: morningside lane) creímos que por fin a los gringos, se les había explotado una de sus plantas nucleares y que tras el olor, que agresivo e inclemente invadió nuestro espacio, empezaríamos a caer como moscas de Chernovil, sin que quedara rastro de nuestra existencia por el planeta.
La niña cruzó alarmada la puerta principal, seguida de cerca por la perrilla y mientras corría hacia el baño, donde con todo y ropa se disponía a bañarse usando toda clase champús y jabones de olor de la casa, el animalito, todavía enceguecido, limpiaba su cara refregándola contra el tapete de la sala, intentando librarse del aceite disparado por las dos bolsitas que guardan celosos en el ano los zorrillos para que los protejan de cualquier peligro o de ser devorados por una bestia o atacados por algún hombre.
El agua de la regadera, lejos de disminuír, alimentaba el aroma y lo esparcía a través de la casa entera y no hubo bicarbonato de soda, alcohol, limpiador mágico, ni olor artificial, que nos ayudara a menguar la pesadilla, entonces recordé que en las mismas tiras cómicas, había leído el remedio con tomates y disminuí la cosecha, produciendo por horas, litros y litros de jugo, para lavar la niña, la perra, el tapete y la casa.
Tras la infructuosa lucha y búsqueda de remedio, decidimos refugiarnos en la última habitación de la casa, resguardados tras los vapores del vick, que nos embadurnamos por todo el cuerpo y el rostro. Si conciliamos el sueño, fue por agotamiento y no por la fricción aprendida de los abuelos en las enfebrecidas noches de las gripas más intensas, que en esa ocasión no nos ayudó en nada.
Se celebraba en la ciudad de New York lo que fue el último festival Shakesperiano de Joseph Papp y aprovechando nuestra condición de reporteros y nuestras credenciales de prensa, asistimos a la apertura, donde con gran despliegue se anunciaba la presencia de Gabriel García Márquez, nuestro admirado y releído Premio Nobel de Literatura.
Cuando intentábamos ingresar al sitio de la celebreción nos tropezamos con lo que creímos eran hordas de cubanos, más por el escándalo que hacían que por el número de integrantes, que nos agredían física y verbalmente, tratando de obstruír nuestro paso al teatro.
Ivonne, portadora de la cámara filmadora, se quedó rezagada de nosotros varios pasos, por efecto de la aparición de la policía que corrió a protegernos de los anticastristas, que pretendían a golpes obligarnos a pensar como ellos y con sus insultos, impedir que disfrutaramos del gran escritor.
La niña tuvo entonces una idea de última hora, se deslizó como pudo y abrió el estuche de la cámara, que había permanecido –testigo mudo- sobre la mesa del lugar donde la perra se limpio el hocico. El olor concentrado en la maleta, detuvo la mano que como garra de una de las agresoras, pugnaba por agarrar su cabellera, casi consiguiéndolo y frenó la marcha de los otros cinco gatos, que pasaron de frustradores a frustrados, gracias al zorrillo que se atravesó en nuestras vidas la víspera con su aroma salvador.
Midaz.
Febrero 27 2007
Sólo había tenido noticia de los zorrillos a través de las tiras cómicas de Benitín y Eneas, que religiosamente seguí en el diario El Tiempo de mi ciudad y que alegraron mi infancia y desataron mi imaginación. Su hálito terrible, aparecía dibujado con ondeantes lineas expelidas desde su cola, para espanto de quienes anduvieran cerca. Por eso la noche en que Ivonne, sacó a pasear a su perrita por la huerta de tomates, del lado de la mañana (así se llamaba la calle: morningside lane) creímos que por fin a los gringos, se les había explotado una de sus plantas nucleares y que tras el olor, que agresivo e inclemente invadió nuestro espacio, empezaríamos a caer como moscas de Chernovil, sin que quedara rastro de nuestra existencia por el planeta.
La niña cruzó alarmada la puerta principal, seguida de cerca por la perrilla y mientras corría hacia el baño, donde con todo y ropa se disponía a bañarse usando toda clase champús y jabones de olor de la casa, el animalito, todavía enceguecido, limpiaba su cara refregándola contra el tapete de la sala, intentando librarse del aceite disparado por las dos bolsitas que guardan celosos en el ano los zorrillos para que los protejan de cualquier peligro o de ser devorados por una bestia o atacados por algún hombre.
El agua de la regadera, lejos de disminuír, alimentaba el aroma y lo esparcía a través de la casa entera y no hubo bicarbonato de soda, alcohol, limpiador mágico, ni olor artificial, que nos ayudara a menguar la pesadilla, entonces recordé que en las mismas tiras cómicas, había leído el remedio con tomates y disminuí la cosecha, produciendo por horas, litros y litros de jugo, para lavar la niña, la perra, el tapete y la casa.
Tras la infructuosa lucha y búsqueda de remedio, decidimos refugiarnos en la última habitación de la casa, resguardados tras los vapores del vick, que nos embadurnamos por todo el cuerpo y el rostro. Si conciliamos el sueño, fue por agotamiento y no por la fricción aprendida de los abuelos en las enfebrecidas noches de las gripas más intensas, que en esa ocasión no nos ayudó en nada.
Se celebraba en la ciudad de New York lo que fue el último festival Shakesperiano de Joseph Papp y aprovechando nuestra condición de reporteros y nuestras credenciales de prensa, asistimos a la apertura, donde con gran despliegue se anunciaba la presencia de Gabriel García Márquez, nuestro admirado y releído Premio Nobel de Literatura.
Cuando intentábamos ingresar al sitio de la celebreción nos tropezamos con lo que creímos eran hordas de cubanos, más por el escándalo que hacían que por el número de integrantes, que nos agredían física y verbalmente, tratando de obstruír nuestro paso al teatro.
Ivonne, portadora de la cámara filmadora, se quedó rezagada de nosotros varios pasos, por efecto de la aparición de la policía que corrió a protegernos de los anticastristas, que pretendían a golpes obligarnos a pensar como ellos y con sus insultos, impedir que disfrutaramos del gran escritor.
La niña tuvo entonces una idea de última hora, se deslizó como pudo y abrió el estuche de la cámara, que había permanecido –testigo mudo- sobre la mesa del lugar donde la perra se limpio el hocico. El olor concentrado en la maleta, detuvo la mano que como garra de una de las agresoras, pugnaba por agarrar su cabellera, casi consiguiéndolo y frenó la marcha de los otros cinco gatos, que pasaron de frustradores a frustrados, gracias al zorrillo que se atravesó en nuestras vidas la víspera con su aroma salvador.
Midaz.
Febrero 27 2007
Oscuros fragmentos
I
Después del tiempo
del rigor mortis
y de la seriedad
de los difuntos,
con sus eternos dientes
las calaveras
se mueren de la risa.
Después del tiempo
del rigor mortis
y de la seriedad
de los difuntos,
con sus eternos dientes
las calaveras
se mueren de la risa.
Monday, February 26, 2007
Intimos Monólogos de las seis de la tarde.
Te miro desde la historia de mi derrota y me produces lástima, esa lástima que inspiran los perros abandonados en medio de una avenida convulsionada, un sentimiento que poco tiene que ver con la ternura y que raya en los límites del desprecio, el mismo que me profeso a mí misma, que no hiere ni lastima, pero que como piedrecita en el zapato incomoda el andar, arena en los ojos miopes donde te perfilas indigno y cruel.
-Qué tanto es una vida, el instante en que te abrazo, el sabor de tu piel que se adhiere a mi recuerdo, los momentos en que te adivino en otro lecho, la hora en que te pierdo o la misma en que nadie te gana, porque los sentimientos no son una competencia y tambien navegan en el heraclitiano río que discurre y que nunca es el mismo cuando nos bañamos en el.
-Yo sé que en otro lugar de esta ciudad canalla, contemplas el mismo atardecer y se te cuela en los sentidos con el mismo fuego que se perderá en la noche y verás el brillo tenue diluírse en sombra y las amoratadas nubes tornarse vacío en el adormecimiento del crepúsculo.
-Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo. Aquí, dulce sofisma, aguardando el sonido de tu nombre pronunciado en la tarde de la despedida, en el lejano movimiento que marque el designio de no verte.
-Sabor a ti, aroma que se extiende cuerpo adentro, sutil sabor de amor en el lujurioso aliento, en el gemido mudo, instante que se pierde en las luces intermitentes que nos hacen huir del territorio tibio, hacia el helaje del miedo en las manos de la realidad.
-A través de tus ojos para inventarme feliz - para reconstruír el saldo de las jornadas idas- contemplo la vida nueva, ésta donde permaneces a pesar de los demás a pesar de la circunstancialidad del tiempo que se acaba, a pesar de los ojos que vigilan
-Me dueles, pero por ser tú, me dueles menos, me dueles con calma, lentamente acostumbrándome, acomodando mi piel a lo que viene… dueles despacito en el brillo de los ojos que rodará tibio en el ángulo errado de mi cara, hacia la nada.
-No sobreviviré, no quiero. Los hechos pies descalzos sobre el fuego se detienen en el temor odio que los mueve, se advierte la oscuridad en la mustia flor que se dispone a morír, talle quebrado del ensueño, hoy no era el día de soltar mi mano entre la ola terrible, de apagarme la voz que generosa daba luz a mi andar, pero vive tú, que yo te amo, aunque termine odiando el momento en que lo hago.
No hay futuro si no vives la intensidad del hoy te quedarás rezagado y vacío en una competencia absurda sin ganador ni vencido, siente, elévate a las más altas cumbres de la soledad.
-Para qué insistir en proseguir, no existe ninguna razón para nada. Hablamos dando vueltas, sin llegar a ninguna parte, andamos sin encontrar el lugar apropiado donde posarnos firmes, subimos el telón, persistimos en la farsa, marionetas sin voluntad fingiendo ser dueños de nuestros actos.
-Una lluvia de flores me detiene en la tristeza de este 8 de abril, es primavera y tu imagen se me filtra en el alma en esta tarde que compartes con otra gente, en esta tarde que no estás, pero sigues vigente en el estremecimiento de los pétalos que caen a mis pies formando colcha rosa desmayada en la acera.
-Anda, aspira el aire tibio del atardecer que en él estoy diluída, lejos de la voz que pretende exterminarme, aquella que cree que dicta la sentencia definitiva para decidir el rumbo de mi vida, la que no sabe que yo soy la audacia de atreverse a florecer entre el helaje, a sobrevivir entre las cuatro paredes que pretenden aplastarla y exterminarla soy la misma que sueña frente al mar, la que se escapa en una nube en el momento mismo de la desventura, la que te ama y te llama sin escuchar la otra parte, soy la que vive de sueños fabricados al éter de la locura que me copa.
-No me mueve la conmiseración con que me trata el monstruo, no me roza su dureza de oro, sigue siendo la prostituta del mas puro deseo y del mas casto lecho su desprecio. Navego hacia otros puertos donde me espera el alma en el momento íntimo de la única verdad: tu sentimiento, ahí donde palpitas y te sientes vivo y te sientes hombre integrado a la naturaleza a la energía pura, donde te sientes partícipe del universo, ahí te encuentro ahí me quedo y ahí te amo, donde nadie llega y se acaba la fuerza y el deseo de dominar y ser dominado, en la desolación suprema del ser cuando se ve a sí mismo inconmensurable y se siente liberado, etéreo, eterno en el tiempo y el espacio.
-Qué tanto es una vida, el instante en que te abrazo, el sabor de tu piel que se adhiere a mi recuerdo, los momentos en que te adivino en otro lecho, la hora en que te pierdo o la misma en que nadie te gana, porque los sentimientos no son una competencia y tambien navegan en el heraclitiano río que discurre y que nunca es el mismo cuando nos bañamos en el.
-Yo sé que en otro lugar de esta ciudad canalla, contemplas el mismo atardecer y se te cuela en los sentidos con el mismo fuego que se perderá en la noche y verás el brillo tenue diluírse en sombra y las amoratadas nubes tornarse vacío en el adormecimiento del crepúsculo.
-Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo. Aquí, dulce sofisma, aguardando el sonido de tu nombre pronunciado en la tarde de la despedida, en el lejano movimiento que marque el designio de no verte.
-Sabor a ti, aroma que se extiende cuerpo adentro, sutil sabor de amor en el lujurioso aliento, en el gemido mudo, instante que se pierde en las luces intermitentes que nos hacen huir del territorio tibio, hacia el helaje del miedo en las manos de la realidad.
-A través de tus ojos para inventarme feliz - para reconstruír el saldo de las jornadas idas- contemplo la vida nueva, ésta donde permaneces a pesar de los demás a pesar de la circunstancialidad del tiempo que se acaba, a pesar de los ojos que vigilan
-Me dueles, pero por ser tú, me dueles menos, me dueles con calma, lentamente acostumbrándome, acomodando mi piel a lo que viene… dueles despacito en el brillo de los ojos que rodará tibio en el ángulo errado de mi cara, hacia la nada.
-No sobreviviré, no quiero. Los hechos pies descalzos sobre el fuego se detienen en el temor odio que los mueve, se advierte la oscuridad en la mustia flor que se dispone a morír, talle quebrado del ensueño, hoy no era el día de soltar mi mano entre la ola terrible, de apagarme la voz que generosa daba luz a mi andar, pero vive tú, que yo te amo, aunque termine odiando el momento en que lo hago.
No hay futuro si no vives la intensidad del hoy te quedarás rezagado y vacío en una competencia absurda sin ganador ni vencido, siente, elévate a las más altas cumbres de la soledad.
-Para qué insistir en proseguir, no existe ninguna razón para nada. Hablamos dando vueltas, sin llegar a ninguna parte, andamos sin encontrar el lugar apropiado donde posarnos firmes, subimos el telón, persistimos en la farsa, marionetas sin voluntad fingiendo ser dueños de nuestros actos.
-Una lluvia de flores me detiene en la tristeza de este 8 de abril, es primavera y tu imagen se me filtra en el alma en esta tarde que compartes con otra gente, en esta tarde que no estás, pero sigues vigente en el estremecimiento de los pétalos que caen a mis pies formando colcha rosa desmayada en la acera.
-Anda, aspira el aire tibio del atardecer que en él estoy diluída, lejos de la voz que pretende exterminarme, aquella que cree que dicta la sentencia definitiva para decidir el rumbo de mi vida, la que no sabe que yo soy la audacia de atreverse a florecer entre el helaje, a sobrevivir entre las cuatro paredes que pretenden aplastarla y exterminarla soy la misma que sueña frente al mar, la que se escapa en una nube en el momento mismo de la desventura, la que te ama y te llama sin escuchar la otra parte, soy la que vive de sueños fabricados al éter de la locura que me copa.
-No me mueve la conmiseración con que me trata el monstruo, no me roza su dureza de oro, sigue siendo la prostituta del mas puro deseo y del mas casto lecho su desprecio. Navego hacia otros puertos donde me espera el alma en el momento íntimo de la única verdad: tu sentimiento, ahí donde palpitas y te sientes vivo y te sientes hombre integrado a la naturaleza a la energía pura, donde te sientes partícipe del universo, ahí te encuentro ahí me quedo y ahí te amo, donde nadie llega y se acaba la fuerza y el deseo de dominar y ser dominado, en la desolación suprema del ser cuando se ve a sí mismo inconmensurable y se siente liberado, etéreo, eterno en el tiempo y el espacio.
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