Tuesday, September 08, 2026

Covid en febrero

 Cuando oí la palabra que definía mis síntomas sentí ganas de llorar, habían pasado seis años desde la partida de varios amigos cuyo nombre me llegó al instante; René, Zoila, Jaime; había logrado escabullirme de tan penosa peste y ahora finalmente sus tentáculos me alcanzaban. En ese momento crudo he debido pensar también en mi primo Fernando que después del desahucio, renació como el ave fénix y hoy está sano y feliz, pero no, el temor me dominaba y la palabrota zumbaba en mis oídos como el tinnitus renovado y acrecentado que la precedió. 

El virus me atacó certeramente entre mi propia casa donde burlón utilizó a mi esposo con su tos para contagiarme, tos que había resultado inocua en las mismas pruebas de laboratorio de la víspera de las mías; en el primer momento por el terror que nos dejó el año 2020, no recordé que había tomado las precauciones y me había vacunado varias veces además de andar como el enmascarado de plata en los grandes acontecimientos teatrales que agrupaban gente gritando emocionada, claro eso no era suficiente si a mi consorte lo asfixiaba la máscara y la usaba a regañadientes; y, sucedió, mi nariz me lo informó y con la primera prueba arrojó el resultado positivo con una roja equis enorme sobre la palabra temida: COVID. Ahora llevo 9 días desanimada con oleadas de escalofrío y fatiga que no acaban de irse de mi vera y lo peor de todo que me siguen manteniendo aislada por el temor de contagiar a algún inocente que se cruce en mi camino, a pesar de la teoría de que al quinto día deja de ser peligroso, ya no creo en teorías, creo más en el orden del desorden que ahora impera, nos desgobierna y destruye todo lo que amamos. ¡Salud familia y amigos!

¡Me faltan los abrazos y los besos, así sean forzados y de medio lado!

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