Wednesday, September 02, 2026

Cuentos de alcoba… y más

Uno

 El hombre leía al otro lado de la cama mientras la mujer dormía plácidamente, repentinamente ella lanzó un grito desgarrado porque uno de los monstruos del libro de su marido abandonó las páginas y se le tiró encima convertido en sombra de plomo aplastándole los sueños.  

Dos


No hacía falta soñar con el joven apuesto, el hombre lo mencionaba en cada arrebato de ira recordándole la felicidad perdida.


Tres

En esa casa todos odiaban a otros, no tenían motivos, pero los acomodaban, (la gente siempre hace gestos que se interpretan de acuerdo a quien los observe, tal como decía el filósofo que sucedía con los hechos) la elegancia de los demás era objeto de burla, la inteligencia también, porque evidentemente no podían superarla, ni siquiera acercarse a la base de su pedestal, cuando envejecieron olvidaron los motivos del odio que había corroído sus entrañas y murieron podridos en su propia miseria.  


Cuatro

Pobre gente decía la abuela, cuando conoció a familia que se daba sus aires de grandeza; lo único que creen tener es dinero y no se cercioran de su ruina.  


Cinco

Cuando descubrieron la tecnología algunos viejos se aferraron a ella como su última alternativa, no viajaban porque podían poner su figura en cualquier paisaje y exhibirse como caminantes sin fronteras en las ciudades más remotas, se hacían acompañar de fabulosas mujeres o de personajes importantes, eso sí pateaban las puertas y gritaban sin medida dándose decepcionados golpes de pecho cuando en un haz de lucidez les entraba muy remota la realidad y podían oír las risas de sus esposas quienes ya no los compadecían.  


Seis

Había llegado la hora de la egolatría ahora era necesario estampar su sonrisa en invitaciones, eclipses, aguaceros, tormentas, todo fue posible y solo se malogró cuando no apareció la sonrisa de vitrina que tanto esfuerzo le costó ensayar porque a la pobre mujer se le cayeron los dientes. 


Siete 

Pasaba la noche oyendo música y noticias lejanas, al despertar había grabado algunas palabras que desconocía y le sonaban interesantes con las que pretendía asombrar a su eterno público; los hijos; ellos que no eran muy versados en asuntos de lenguaje, oían saltar animalitos verdes y anaranjados en las conversaciones rosa.  


Ocho

Era necesario hacerse notar sin importar el precio por eso inventaba historias heroicas que olvidaba haber relatado con diferente final en reuniones anteriores.  



La Fiesta de la Friducha

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