De la serie: Cuentos Infames
Apreciado señor, he llegado al límite de la tolerancia y necesito comunicarle las determinaciones que la desesperación me ha orillado a tomar. Como bien usted lo dice, el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Esta vez la verdad es a la inversa y mis intenciones han sufrido un vuelco (quizás me gane el cielo) y por esa razón a partir de este momento, no seguiré aceptando sus insultos, los calificativos brutales y leves que usted incluye en su vocabulario a la hora de referirse a mí, de compararme con otras o de darme una orden; prefiero que se los reserve para alguna otra a quien le profese más amor del que insiste en hacerme creer que me tiene.
Todavía me duele la cabeza de la golpiza que me propinó hace dos semanas y los tumores que se me formaron en los brazos no logro desaparecerlos -a pesar de masajearlos con saliva en ayunas como me enseñó la abuela- y la verdad, ahora no estoy dispuesta a que me los renueve. La persecución que instaura cuando, por puro temor, me desaparezco de su vista por instantes, seguida de los azotes y el encierro, no quiero seguirlos padeciendo. Las citas con sus amigos; para que disfruten mi cuerpo, mientras usted observa con los ojos de vidrio de su lascivia, desde la oscuridad del ropero donde presiento y me aterra su lujuria casi tanto como el tormento que esto me representa; no quiero seguirlas cumpliendo.
El atropello que padezco cuando no satisfago sus requerimientos, no quiero repetirlo, pues bien sabido es que si no me alimento y me sangran las muñecas y los tobillos por efecto de las cadenas que me ata; la gente va a notar que algo no está bien cuando me exhiba ante sus amigos (su mayor placer) y usted perdería su prestigio y el respeto que le profesan cuantos lo conocen y cuantas lo miran y lo toman como el honorable e irremplazable profesor de arte, confidente, amigo y consejero en sus más dificiles momentos. Mano salvadora en su adversidad y apoyo en su soledad y abandono.
Por tanto, mi querido señor y más por necesidad que por voluntad propia, he tomado una determinación y le he escrito esta carta, que quedará como constancia e información para quien la requiera.
No le voy a negar que su cuerpo me pesa enormemente para cargarlo, más que cuando usted se me echa encima y no puedo respirar, y mucha mayor dificultad me cuesta colgarlo de la cuerda que amorosamente a pesar de todo, he colocado alrededor de su garganta. Pero lo voy a conseguir como lo he conseguido todo durante estos largos años en que usted ha logrado mantenerme fiel, cariñosa y sin mancha a su lado.
Monday, April 30, 2007
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
La Fiesta de la Friducha
Nuevo viejo versito
Los besos embozados aguardan el regreso... Cuando pase la peste si es que pasa cuando llegue el olvido si es que olvido cuando acabe l...
-
Amigos Cuando muera no intentéis llorar o lamentaros por mí no pongáis flores sobre mi tumba no podré creeros No habléis de lo que ...
-
Pasaba entre su abrigo gris, ese donde siempre habitaba, lo hacía frente a la casa, por la misma calle de las protestas y las carreras de ...
-
La muerte aparece porque la buscan para que asista a los perros en sus enfermedades crónicas llega en un auto moderno con su maletincito i...
No comments:
Post a Comment