Monday, September 14, 2026

IA

 ¿Qué nos deja la inteligencia artificial?


Los antiguos hacedores de palabras, esmerados amantes de sus formas y sonido, que han pasado los años y sus noches puliendo, embelleciendo y perfeccionando el rostro de cada una de ellas para enseñarlas al mundo sin mácula ni deformidad; estupefactos observan la diaria aparición de escritores poetas, cuentistas, cronistas novelistas y conferencistas expertos todos en cada tema que aborden y en cualquier otro que en el futuro se les plantee; sucede sin pudor ante los atónitos ojos que no quieren dar crédito al fenómeno y ante la venia y adulación de aquellos que creen todo lo que estos nuevos fariseos dicen y publican como propio, o sea, como fruto brotado de su más preclaro conocimiento y elaboración; de su inteligencia natural, don divino con el que tuvieron a bien nacer, que deja rezagados a sus semejantes.  

Antiguamente se decía que lo que natura no daba Salamanca no lo prestaba ahora Salamanca no importa no corresponde a un prestigioso nicho de sabiduría, porque ahora, tristemente sí hay mecanismos que prestan y desafían a natura y cualquier vecino puede superar a la institución y derrochar ‘conocimiento’ con exceso de talento y creatividad prestada, que ruborizan en sus tumbas a los Machado y a García Lorca entre otros muchos de los reales poetas.

La universidad chatgpt ha pulido y graduado con honores a múltiples estudiantes en todas sus manifestaciones. En el área de las humanidades, por ejemplo ya hay, como mencioné, notables poetas novelistas, cronistas y narradores extraordinarios, que solo deben alimentar el adefesio con algunos datillos para que la prodigiosa herramienta los convierta en notables escritores con prolíficos mamotretos dignos de un moderno premio Nobel que, a nadie se le niega y que debe responder a los tiempos que corren.

¡Como dios manda!

Algunos van perdiendo la fe y no se atreven a asomarse al abismo, prefieren trastabillar para no caer entre las movedizas arenas de la modernidad, y a pesar de sentir que si no se adaptan se los tragará la tierra, subsisten con sus métodos salvavidas aprendidos con la educación, la experiencia y la lectura; aguardando que tal vez suceda algún día el milagro y que ante un observador avezado o al desgaire; salte a la vista que la inteligencia artificial reproduce un patrón que de tanto usarlo deja ver sus burdas y robadas costuras. Los usuarios, por ahora no lo notan porque están embebidos en sus triunfos y sumergidos en la egolatría de los nuevos asombros que provocan ante cándidos lectores que aún no manejan el fenómeno y admiran la versatilidad del nuevo genio de  la literatura, de la paz o de la guerra o de cualquier tema que se haya convertido en el objetivo de sus arengas y de sus fáciles ganancias.  

La IA da para todo y en un tronar de dedos embellece, ensalza, enaltece y otorga; premia y castiga según el manipulador. 

Modifica voces y cifras altera trayectorias pone ante los ojos atentos lo que estos quieren ver y endulza con palabras lo que los oídos quieren escuchar.  

En las ciencias exactas, en la medicina, en la reproducción de imágenes y en muchos otros campos crecerá y aportará grandes cosas, pero en la literatura dejará un extraño sabor e incertidumbre y un gran vacío y estupefacción ante el crecimiento y proliferación de tanto advenedizo y mal prestidigitador.


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