Mientras un hombre
es condenado
por robar libros.
Los asesinos
se aposentan
en las mullidas sillas de
los diputados.
El hombre lee en la cárcel
purgando su sentencia
y los diputados
contribuyen con su sabiduría
a elaborar las leyes
de la república
Tuesday, February 08, 2011
Sunday, February 06, 2011
Cuento de domingo
Ellos.
Ella lo miró pasar con su mochila y con sus instrumentos musicales que le produjeron una morbosa curiosidad de aprendiz, y lo siguió mirando hasta que él cambio la dirección de su mirada absorta en las montañas lejanas y la encontró con su fingida sonrisa, esperando aquel gesto que la llevara a la realidad del músico. Así pasó.
Se siguieron cruzando varios días que ella adornó con hojas amarillas enredadas en los cabellos sueltos, hasta que decidieron vivir juntos. Él, la enseñó a soplar algunas notas y le engendró un hijo. Compró una cama y bajo ella guardaba las melodías andinas con maniática meticulosidad. La nombró princesa de su reino ignoto y de la luminosidad perdida en los vericuetos del sendero empolvado por siglos de abandono y enterrado bajo nubes de polvo y tiempo. Llevaban una vida sin prisa y él adoraba la cama guardiana de sus gaitas. Ella, con la curiosidad satisfecha, conocedora ahora del origen de las notas y roto el mito del muchacho exótico, se aburría del lamento incaico. Le molestaba el hecho de que al cerrar la puerta, la revisara dos veces para asegurarse que estaba bien cerrada y para que ella no lo creyera un maniático, cuando su intención era hacerlo cinco o diez veces.
Ella vestida con sus largas faldas, decidió incursionar en otros mundos y trasladó por unos días su reino hasta donde un viejo profesor que estimulaba su vanidad y la presentaba como la descubridora de los ecos de los Andes y el folclor costeño. El juego no le duró, porque el músico, compulsivamente cuidadoso de sus pertenecías entre las que la contaba como su mayor tesoro, comenzó a sospechar e intento llevarla lejos del lugar. El viejo profesor todo lo soportaba con estoica resignación y le ofrecía otro imperio que en su memoria decadente confundía y creyendo que así era el nombre de la diosa que quería darle; la llamaba Tiuantinsuyu*, tratando de aproximarse a los delirios juveniles de ella. Hasta que otro día, se cruzó un joven nórdico en el camino de los tres. Ella entonces, violentó la puerta y sus cerrojos, se robó la cama, se llevó al hijo y se fue con su música a otra parte.
* Tahuantinsuyo: Imperio inca, el imperio de los cuatro puntos cardinales.
Saturday, February 05, 2011
Nosotros,
pobres hombres,
erigimos bestiales,
monumentos,
viajamos a la luna,
escarbamos el sol,
desafiamos el átomo,
exterminamos ciudades,
nos engrandecemos
frente al viento
y creamos cohetes
manejamos el fuego
como vestales nuevas
con sus oficios viejos.
Quemamos las angustias
en las inmensas torres
de aquel templo magnifico
que un día
sin excepción,
todos nosotros;
le construimos al ego.
Explicamos con fórmulas
la noche,
el amor,
los deseos.
Enfrentamos el miedo
consumimos
enfermos,
devoramos,
soñamos trascendencia
pretendemos amar
y ser amados
conocer y retar
-pobres y necios-
desafiando arrogantes,
suprema ingenuidad,
a la licuefacción
del universo…
pobres hombres,
erigimos bestiales,
monumentos,
viajamos a la luna,
escarbamos el sol,
desafiamos el átomo,
exterminamos ciudades,
nos engrandecemos
frente al viento
y creamos cohetes
manejamos el fuego
como vestales nuevas
con sus oficios viejos.
Quemamos las angustias
en las inmensas torres
de aquel templo magnifico
que un día
sin excepción,
todos nosotros;
le construimos al ego.
Explicamos con fórmulas
la noche,
el amor,
los deseos.
Enfrentamos el miedo
consumimos
enfermos,
devoramos,
soñamos trascendencia
pretendemos amar
y ser amados
conocer y retar
-pobres y necios-
desafiando arrogantes,
suprema ingenuidad,
a la licuefacción
del universo…
Tuesday, February 01, 2011
Sunday, January 30, 2011
Monday, January 17, 2011
He regresado ayer
a la calle pequeña
(la calle de película)
a la calle de Jones
y estaba abandonada
Tu patio estaba triste
los árboles cansados.
Volví para recoger
aquellos besos,
nuestra primera vez
la desmesura,
del cuerpo sin cubrir
-deseo con el filo desnudado-
el tatuaje en el pecho,
nuevas notas,
de amor
los ojos asombrados
He tornado al palacio
estaba solo
el senderito
que emergía de pronto,
desde atrás en el bosque
presintiendo tu ausencia
acobardado.
Buscaba en la espesura
bajo la copa
de aquel sombrero
chino
miradas adoradas
buscaba el ritmo
de tu pedaleo
bajo el azul inmenso,
acompasado
sólo encontré la brisa
llevándose las hojas
como irremediable símbolo
hacia un destino incierto
desgajadas.
a la calle pequeña
(la calle de película)
a la calle de Jones
y estaba abandonada
Tu patio estaba triste
los árboles cansados.
Volví para recoger
aquellos besos,
nuestra primera vez
la desmesura,
del cuerpo sin cubrir
-deseo con el filo desnudado-
el tatuaje en el pecho,
nuevas notas,
de amor
los ojos asombrados
He tornado al palacio
estaba solo
el senderito
que emergía de pronto,
desde atrás en el bosque
presintiendo tu ausencia
acobardado.
Buscaba en la espesura
bajo la copa
de aquel sombrero
chino
miradas adoradas
buscaba el ritmo
de tu pedaleo
bajo el azul inmenso,
acompasado
sólo encontré la brisa
llevándose las hojas
como irremediable símbolo
hacia un destino incierto
desgajadas.
Monday, January 03, 2011
Desde mi ventana
Desde mi ventana veo la vida transcurrir, algunas veces sin poder hacer nada para impedir los acontecimientos que mal me afectan, otras la contemplo impávida y algunas otras participo, se participa también con el silencio. Cuando lo hago, pretendo mantenerme en la sombra pues mi timidez rehuye la demás gente que cuando se dirige a mí, me pone en el apuro de una respuesta que generalmente no tengo, la vida me llega así, tal como sucede, sin explicaciones porque creo que los hechos en sí, las traen implícitas y me parece necedad repetir lo obvio, los hechos son consecuencia del ayer y el ayer ya lo vivimos.
Tengo una ventana más física desde donde miro el atardecer y los fuegos artificiales cuando la gente decide celebrar una libertad que no se explican, lo hago desde allí para que no me afecten los humos de la pólvora, que siempre me recuerda los muertos que seguramente no alcanzan a aspirar el olor de la bala que los mata, pues el olor les queda dentro. Calles y construcciones para el divertimento que albergan seres que se pasan la vida decorando su entorno en un afán por pelear contra el paso del tiempo que destruye las cercas, hace crecer la yerba y los amenaza con tragarse los bordes de los andenes que con diligencia cortan cada quince días. Estas personas también luchan contra los vientos huracanados que se llevan en un parpadeo, los salarios invertidos en el embellecimiento pasajero, tanto o más pasajero que la furia que arranca de raíz los árboles y se lleva entre el vientre rebelde todo lo que encuentra a su paso, esto por fortuna sólo ocurre de vez en cuando.
Lo único que me reconforta, es el crepúsculo invariablemente colorido en sus combinaciones de naranja, rojo y morado que detrás de una torre con reloj se me cuela por la ventana fingiendo un incendio vespertino que me abrasa el sentimiento de nostalgia por la partida inexorable de la luz del día, pero que me alegra presagiando las noches de luna llena cuando ella atrevida “importuna” como en la canción de la china, se cuela por mi ventana para iluminar mis sueños más recónditos y guardados.
Esa ventana detrás de mi cama, es en pequeña escala la muestra de los acontecimientos de la ventana mayor, más allá de nuestra mirada, acontecimientos que deciden la vida y el destino de cada uno de nosotros, pobres mortales que miramos sin ver y no podemos impedir las guerras ni los grandes negociados que nos suben y nos bajan en un vaivén macabro que nos manipula como marionetas, tirándonos y levantándonos. Nos engatusan con definiciones pero seguimos siendo unos ilusos mirando desde nuestra ventana un transcurrir ajeno a nosotros, a nuestro sentir y contra el cual no podemos hacer nada diferente de seguir mirándolo y soñando la idea de ser parte integral de la historia y sus acontecimientos.
Tengo una ventana más física desde donde miro el atardecer y los fuegos artificiales cuando la gente decide celebrar una libertad que no se explican, lo hago desde allí para que no me afecten los humos de la pólvora, que siempre me recuerda los muertos que seguramente no alcanzan a aspirar el olor de la bala que los mata, pues el olor les queda dentro. Calles y construcciones para el divertimento que albergan seres que se pasan la vida decorando su entorno en un afán por pelear contra el paso del tiempo que destruye las cercas, hace crecer la yerba y los amenaza con tragarse los bordes de los andenes que con diligencia cortan cada quince días. Estas personas también luchan contra los vientos huracanados que se llevan en un parpadeo, los salarios invertidos en el embellecimiento pasajero, tanto o más pasajero que la furia que arranca de raíz los árboles y se lleva entre el vientre rebelde todo lo que encuentra a su paso, esto por fortuna sólo ocurre de vez en cuando.
Lo único que me reconforta, es el crepúsculo invariablemente colorido en sus combinaciones de naranja, rojo y morado que detrás de una torre con reloj se me cuela por la ventana fingiendo un incendio vespertino que me abrasa el sentimiento de nostalgia por la partida inexorable de la luz del día, pero que me alegra presagiando las noches de luna llena cuando ella atrevida “importuna” como en la canción de la china, se cuela por mi ventana para iluminar mis sueños más recónditos y guardados.
Esa ventana detrás de mi cama, es en pequeña escala la muestra de los acontecimientos de la ventana mayor, más allá de nuestra mirada, acontecimientos que deciden la vida y el destino de cada uno de nosotros, pobres mortales que miramos sin ver y no podemos impedir las guerras ni los grandes negociados que nos suben y nos bajan en un vaivén macabro que nos manipula como marionetas, tirándonos y levantándonos. Nos engatusan con definiciones pero seguimos siendo unos ilusos mirando desde nuestra ventana un transcurrir ajeno a nosotros, a nuestro sentir y contra el cual no podemos hacer nada diferente de seguir mirándolo y soñando la idea de ser parte integral de la historia y sus acontecimientos.
Saturday, January 01, 2011
Today’s Song
I Love my Familiy
Tis the love we give,
fala la la la la la
We all give and share
Fala la la la la la
We give thank to all
Fala la la la la la
We thank for the great
things we have
Fala la la la la la
We thank for the food
we have
Fala la la la la la
Fala la la la la la
Fala la la la la la.
Victoria Veronika Miranda
Seven years old.
Midnigth of December 31 2010
Tis the love we give,
fala la la la la la
We all give and share
Fala la la la la la
We give thank to all
Fala la la la la la
We thank for the great
things we have
Fala la la la la la
We thank for the food
we have
Fala la la la la la
Fala la la la la la
Fala la la la la la.
Victoria Veronika Miranda
Seven years old.
Midnigth of December 31 2010
Wednesday, December 29, 2010
Simulacros
I
Esa mujer
me mira en el espejo,
pretende que le crea
cuando dice ser yo
y hace mi gesto.
II
Ella quería ser yo
y yo quería ser ella
nos suplantábamos
siempre en el espejo.
III
Estabas frente a él
fingiendo mi caricia
estabas ya sin él
fingiendo mi tristeza.
Esa mujer
me mira en el espejo,
pretende que le crea
cuando dice ser yo
y hace mi gesto.
II
Ella quería ser yo
y yo quería ser ella
nos suplantábamos
siempre en el espejo.
III
Estabas frente a él
fingiendo mi caricia
estabas ya sin él
fingiendo mi tristeza.
Sunday, December 26, 2010
IV
Yo traté de ser yo
pero no pude
quise ser mi retrato
y me suplantaron.
Ahora
me deshago por la vida
fingiendo el simulacro
que huye de sí mismo
acobardado.
pero no pude
quise ser mi retrato
y me suplantaron.
Ahora
me deshago por la vida
fingiendo el simulacro
que huye de sí mismo
acobardado.
Sunday, December 12, 2010
Friday, December 10, 2010
Todo me duele
Todo me duele,
todo
el fulgor que se apaga
entre
los extraviados
ojos compungidos,
la tarde
que se muere
en el hastío
la sombra irreverente
desdibujando nombres
tan queridos,
el cielo distraído
La noche en que no estás
la oscurecida luna
del olvido
el sonido de ausencia
del llanto
en los rincones
reprimido
las hojas de los árboles
que cubren inclementes
las huellas del camino
la calle del encuentro
los abrazos, la esquina,
la vieja noche
de los rojos vinos.
Todo me duele, todo
el vacío del patio
el canto en el oído
las manos solitarias
sin destino
la historia del amor
las aves sueltas
que vuelan sin cesar
la piel helada sin tu
piel de abrigo
los anchos lechos
del amor mentido
Todo me duele
todo
la fuerza del olvido
la colosal distancia
los eternos instantes
me duele el sinsentido
todo me duele, todo
me duele respirar
me duele el viento
en su pasar
y los sonidos
la arboleda sin ti
los flamboyanes muertos
la casa de las plumas
la playa sin calor
el cielo yerto.
Todo me duele,
todo.
En mi espacio sin ti
me duele el despertar
la simple brisa,
la enorme soledad,
la música y el
verso.
La inmensidad del mar
me duele su gemido
la lluvia en el palmar
el mundo envejecido.
Todo me duele,
todo.
todo
el fulgor que se apaga
entre
los extraviados
ojos compungidos,
la tarde
que se muere
en el hastío
la sombra irreverente
desdibujando nombres
tan queridos,
el cielo distraído
La noche en que no estás
la oscurecida luna
del olvido
el sonido de ausencia
del llanto
en los rincones
reprimido
las hojas de los árboles
que cubren inclementes
las huellas del camino
la calle del encuentro
los abrazos, la esquina,
la vieja noche
de los rojos vinos.
Todo me duele, todo
el vacío del patio
el canto en el oído
las manos solitarias
sin destino
la historia del amor
las aves sueltas
que vuelan sin cesar
la piel helada sin tu
piel de abrigo
los anchos lechos
del amor mentido
Todo me duele
todo
la fuerza del olvido
la colosal distancia
los eternos instantes
me duele el sinsentido
todo me duele, todo
me duele respirar
me duele el viento
en su pasar
y los sonidos
la arboleda sin ti
los flamboyanes muertos
la casa de las plumas
la playa sin calor
el cielo yerto.
Todo me duele,
todo.
En mi espacio sin ti
me duele el despertar
la simple brisa,
la enorme soledad,
la música y el
verso.
La inmensidad del mar
me duele su gemido
la lluvia en el palmar
el mundo envejecido.
Todo me duele,
todo.
Tuesday, December 07, 2010
Carelibro
En un lugar de la mancha un hombre perdió el seso por dedicarse a leer historias de caballería, el mundo lo conoció con su escuálida figura, su fiel escudero, su amada hermosa y su brioso corcel. Álvaro en cambio, era conocido por su fuerte figura, su sonrisa sardónica y su afán de enseñar, su familia lo tenía en alta estima y era catalogado en general como un buen hombre, dedicado y fiel hasta que un viento huracanado lo obligó a transportar su ínsula a regiones ignotas de milenaria sabiduría, después de haberse deshecho de casi todos los libros y las pertenencias que casi como a don Quijada, lo tenían al borde del colapso por la fragilidad de la madera de su propia biblioteca y de su cordura puesta a prueba por un gorgojo que se instaló en ella con su muela perversa.
A partir de entonces, Álvaro no volvió a ocupar su lecho –salvo para breves menesteres- sino que se acomodó en el espacio vacío de su biblioteca, pretendiendo llenarlo con su cuerpo y con su cara que últimamente se había convertido en angulosa y no por el exceso amoroso de su nueva pareja, sino por un extraño fenómeno que ahora, se la asemejaba a un libro. Extrañas manchas se fueron apoderando de su otrora despejado rostro, no con la candidez del adolescente ingenuo que no se atreve a invitar a la novia por su creciente acné, sino por notorias siluetas de letras que saltaban de un lugar a otro formando las palabras que él estaba pensando en ese momento.
Grave se le puso la situación a Álvaro porque su tarea de educador se le empañaba con esta nueva enfermedad para la que no parecía haber cura. Las alumnas se espantaban con los pensamientos de su maestro reflejados en inglés, en español y en mandarín, que aunque muy pocas entendían, formaban figuritas como extraídas del kamasutra, libro que unos amigos habían comercializado años atrás en una feria del libro en la ciudad del sol, vendiéndolo a cinco dólares después de haberlo comprado en dos en la caseta de la esquina y que él habia agotado en sus noches de insomnio y sequía amorosa. Esta fue una historia que se grabó en el recuerdo de Álvaro por la fuerza de las imágenes que ahora él practicaba con renovada pasión y cuyo recuerdo le estaba acarreando serias consecuencias. La caseta de antaño era compartida con otros amigos que pretendían vender su obra para educar a una comunidad que consumía más arepas de choclo y masas de puerco que libros, y que asistía a la feria, no por el afán de la sabiduría sino por las bolsitas que los diferentes comerciantes ofrecían para llenar con publicidad, periódicos y revistas y que los dejaba a todos frustrados, a los escritores, con unas cervezas de más y con una carga de libros que debían devolver a casa sin el entusiasmo con que los habían cargado en la mañana.
Álvaro se estaba desesperando, recurrió al viejo truco de cubrirse con polvo de arroz que lo protegía por algunas horas pero la fuerza de las letras lo iba desmoronando lentamente hasta desnudar completamente las palabras que a gritos expresaban el pensamiento del maestro que no era del todo académico y que lo ponía las mas de las veces en serios aprietos.
Recurrió a formulas milenarias del oriente y a algunas más recientes de occidente, embadurnó su cara con toda clase de brebajes, con extractos aprendidos en su convivencia con los indios suramericanos y a otros que su fémina le preparaba con gran sapiencia, paciencia y fervor, emanados inclusive de su propio cuerpo, sin resultado alguno, entonces Álvaro recurrió a la literatura que aunque muchos afirmaban no servía para nada, contradecía a otros que aseguraban lo contrario y decían que era la única salvación de la humanidad y se dedicó a pensar cuentos breves y de esta manera ilustró a sus alumnos con las mejores historias de su pueblo y algunas de otros circunvecinos y remotos.
Así aprendieron los muchachos que había aún un lugar donde se amontonaban los leprosos que no eran sólo personajes de la biblia sino seres de carne (algunas veces escasa) y hueso y escucharon canciones y divisaron estrellas y viajaron con la imaginación a través de la cara de este hombre que se había convertido en más que un libro virtual.
A partir de entonces, Álvaro no volvió a ocupar su lecho –salvo para breves menesteres- sino que se acomodó en el espacio vacío de su biblioteca, pretendiendo llenarlo con su cuerpo y con su cara que últimamente se había convertido en angulosa y no por el exceso amoroso de su nueva pareja, sino por un extraño fenómeno que ahora, se la asemejaba a un libro. Extrañas manchas se fueron apoderando de su otrora despejado rostro, no con la candidez del adolescente ingenuo que no se atreve a invitar a la novia por su creciente acné, sino por notorias siluetas de letras que saltaban de un lugar a otro formando las palabras que él estaba pensando en ese momento.
Grave se le puso la situación a Álvaro porque su tarea de educador se le empañaba con esta nueva enfermedad para la que no parecía haber cura. Las alumnas se espantaban con los pensamientos de su maestro reflejados en inglés, en español y en mandarín, que aunque muy pocas entendían, formaban figuritas como extraídas del kamasutra, libro que unos amigos habían comercializado años atrás en una feria del libro en la ciudad del sol, vendiéndolo a cinco dólares después de haberlo comprado en dos en la caseta de la esquina y que él habia agotado en sus noches de insomnio y sequía amorosa. Esta fue una historia que se grabó en el recuerdo de Álvaro por la fuerza de las imágenes que ahora él practicaba con renovada pasión y cuyo recuerdo le estaba acarreando serias consecuencias. La caseta de antaño era compartida con otros amigos que pretendían vender su obra para educar a una comunidad que consumía más arepas de choclo y masas de puerco que libros, y que asistía a la feria, no por el afán de la sabiduría sino por las bolsitas que los diferentes comerciantes ofrecían para llenar con publicidad, periódicos y revistas y que los dejaba a todos frustrados, a los escritores, con unas cervezas de más y con una carga de libros que debían devolver a casa sin el entusiasmo con que los habían cargado en la mañana.
Álvaro se estaba desesperando, recurrió al viejo truco de cubrirse con polvo de arroz que lo protegía por algunas horas pero la fuerza de las letras lo iba desmoronando lentamente hasta desnudar completamente las palabras que a gritos expresaban el pensamiento del maestro que no era del todo académico y que lo ponía las mas de las veces en serios aprietos.
Recurrió a formulas milenarias del oriente y a algunas más recientes de occidente, embadurnó su cara con toda clase de brebajes, con extractos aprendidos en su convivencia con los indios suramericanos y a otros que su fémina le preparaba con gran sapiencia, paciencia y fervor, emanados inclusive de su propio cuerpo, sin resultado alguno, entonces Álvaro recurrió a la literatura que aunque muchos afirmaban no servía para nada, contradecía a otros que aseguraban lo contrario y decían que era la única salvación de la humanidad y se dedicó a pensar cuentos breves y de esta manera ilustró a sus alumnos con las mejores historias de su pueblo y algunas de otros circunvecinos y remotos.
Así aprendieron los muchachos que había aún un lugar donde se amontonaban los leprosos que no eran sólo personajes de la biblia sino seres de carne (algunas veces escasa) y hueso y escucharon canciones y divisaron estrellas y viajaron con la imaginación a través de la cara de este hombre que se había convertido en más que un libro virtual.
Tuesday, November 23, 2010
Remedo
Soy remedo
de todas las mujeres
que me antecedieron.
Soy remedo
de todas las que fueron
de las muy buenas,
de las muy malas
de las artistas
de las mucho,
de las nada,
de las poetas
que volaron muy alto
y miraron el mundo
mas allá de las nubes
abrigadoras de brillos,
para no caer enceguecidas
entre la oscuridad
de lo ya visto.
Me he posado
en los mismos lugares
a donde las llevaron
sus zapatos pequeños
que ampollaron sus pasos,
sus zapatos enormes.
los ajustados a su talla;
siguiendo los mismos caminos
y las mismas pasiones,
enamorándome
de los mismos ojos
repetidos hasta la eternidad;
de los duros pechos
y los enormes brazos
que atrapan
y no dejan respirar.
He amado los montes
y las corrientes
de los ríos sagrados
y mancillados
que corren sin saber
a dónde van a parar.
He estado represada
y reventado diques
con la furia
de mis aguas dulces
para buscar la sal del mar.
He llevado en mi vientre
las semillas
y he arrastrado
los muertos
y las piedras
arrojados en mi caudal
¡He sido mujer!
Desgarrado grito dando vida,
gotita
y océano
de lágrima oprimida,
destello de pez
en la profundidad.
Asustadiza niña
que a pesar de los años
aún
no sabe a dónde va.
de todas las mujeres
que me antecedieron.
Soy remedo
de todas las que fueron
de las muy buenas,
de las muy malas
de las artistas
de las mucho,
de las nada,
de las poetas
que volaron muy alto
y miraron el mundo
mas allá de las nubes
abrigadoras de brillos,
para no caer enceguecidas
entre la oscuridad
de lo ya visto.
Me he posado
en los mismos lugares
a donde las llevaron
sus zapatos pequeños
que ampollaron sus pasos,
sus zapatos enormes.
los ajustados a su talla;
siguiendo los mismos caminos
y las mismas pasiones,
enamorándome
de los mismos ojos
repetidos hasta la eternidad;
de los duros pechos
y los enormes brazos
que atrapan
y no dejan respirar.
He amado los montes
y las corrientes
de los ríos sagrados
y mancillados
que corren sin saber
a dónde van a parar.
He estado represada
y reventado diques
con la furia
de mis aguas dulces
para buscar la sal del mar.
He llevado en mi vientre
las semillas
y he arrastrado
los muertos
y las piedras
arrojados en mi caudal
¡He sido mujer!
Desgarrado grito dando vida,
gotita
y océano
de lágrima oprimida,
destello de pez
en la profundidad.
Asustadiza niña
que a pesar de los años
aún
no sabe a dónde va.
Wednesday, October 27, 2010
No pasarán
Homenaje a Miguel Hernández
A los cien años de su nacimiento.
Nos habíamos dicho,
repitiendo lo de siempre:
¡No pasarán!
Habíamos emulado
los gritos y la esperanza
y esperábamos
NO PASARÁN…
A los cien años de su nacimiento.
Nos habíamos dicho,
repitiendo lo de siempre:
¡No pasarán!
Habíamos emulado
los gritos y la esperanza
y esperábamos
que no pasaran,
pero pasaron,
nos asesinaron
y siguieron.
Regresaron
y nos siguieron asesinando,
dejaron huérfanos a nuestros hijos,
tomaron nuestras casas,
nuestras tierras,
mataron a nuestros hombres,
ofendieron a nuestras mujeres,
y clavaron la vergüenza,
en los ojos de nuestros ancianos
que murieron de pena.
Pasaron, se quedaron,
permanecen
están ahí mirándonos impávidos
desde su ignominia
y nosotros seguimos creyendo,
resistiendo
y repitiendo a gritos:
pero pasaron,
nos asesinaron
y siguieron.
Regresaron
y nos siguieron asesinando,
dejaron huérfanos a nuestros hijos,
tomaron nuestras casas,
nuestras tierras,
mataron a nuestros hombres,
ofendieron a nuestras mujeres,
y clavaron la vergüenza,
en los ojos de nuestros ancianos
que murieron de pena.
Pasaron, se quedaron,
permanecen
están ahí mirándonos impávidos
desde su ignominia
y nosotros seguimos creyendo,
resistiendo
y repitiendo a gritos:
NO PASARÁN…
Friday, October 08, 2010
Asco
Todo me produce asco,
la fiesta de la muerte
con los sacos sangrantes
de las noticias.
Las exclamaciones de las beatas
y sus golpes de pecho
frente a los altares dorados,
mientras comulgan con la muerte ajena.
Como si fuera una masa de puerco
o un procesado pegote de pollo
para las mansas greyes,
todo me produce nausea.
La hipocresía de tu roce,
tus libidinosos ojos
en las noches del bar
abigarrado,
con los pechos extravagantes,
las respingadas nalgas alteradas,
los labios y cachetes rellenados
de plástico o de grasa,
el liquido
de las aspirantes a maniquíes.
Las poses erectas de
las que resumen la igualdad
en narices levantadas
¡-la perfección del vacío-!
La publicidad y la bulla
de una sociedad
que recubre su estiércol
con la mascara
que miran y no ven
frente al espejo
Todo me causa asco.
Las pírricas victorias
de los que exhiben
sus trofeos de sangre
derramada.
Los pedazos de hueso,
los muñones
-que publicitan para ganar adeptos-
de los niños y los adultos
masacrados.
Todo me produce nausea
Todo me produce asco
la falsa modestia,
el desprecio disfrazado
en dulzonas palabras adornadas.
La mujer que me habita
en las horas del miedo
la triste sumisión,
tu gesto obsceno
tu falta de palabras.
Vomitando a caudales
y a torrentes
sobre el mundo
inundado
sobre la propia sombra
de la tonta
que canta enamorada,
la que vive de sueños
la que no espera nada:
Yo.
Saturday, September 11, 2010
Burdos fragmentos
Hay amores que quedan
en el aire
entre las construcciones
derrumbados
demolidos de tiempo
y de distancia
de perdidos deseos
y añoranzas
el ayer como el hoy
se va muriendo
fracturándose
en mágicas palabras
y los lobos
aguardan al acecho
para darnos sus
fieras dentelladas
en el aire
entre las construcciones
derrumbados
demolidos de tiempo
y de distancia
de perdidos deseos
y añoranzas
el ayer como el hoy
se va muriendo
fracturándose
en mágicas palabras
y los lobos
aguardan al acecho
para darnos sus
fieras dentelladas
Huye de tus ojos
No porque
no me veas
dejo de estar ahí,
recuerda que
la permanencia
es imperceptible
y yo habito los ojos
que te miran
en el espejo.
Habito
en las paredes
de tu carne
la interminable
mentira
que te cuentas
a diario.
no me veas
dejo de estar ahí,
recuerda que
la permanencia
es imperceptible
y yo habito los ojos
que te miran
en el espejo.
Habito
en las paredes
de tu carne
la interminable
mentira
que te cuentas
a diario.
Friday, August 27, 2010
Un poema de Rafik Neme
Mi querida Goliarda: Marta Daza
Hay Algo de Guajira en ti.
Hay algo de guajira en ti,
algún general de los mil días
patea en los genes, el vientre fértil de tu vida.
Algún orate de esos desbraguetado y camaján.
Un antiguo soldado perdido en la ruina inocente
del sueño que pudo ser una patria
que luchó y que no fue
y aun hoy no es.
Y no este estercolero de parias
que nos parió como ciudadanos
sin identidad,
¡¡No este escupitajo de sapos que nos pone
mas bregas en el paladar y el estupor...!!
Hay algo de guajira en ti
tu amanecer de la vida cada día
Ese espejo dulce del campo el mar y el agua...
que baja de la sierra.
Esa lealtad irreductible de ser.
Que vence locuras y mortajas
Hay algo de guajira en ti
esa ventana abierta al sol, al mundo la vida y los abismos.
Hay algo de guajira en ti
sangre, aire, arena y polvo
con todos los olvidos perdidos
sin mas gloria que el amanecer de este recuerdo.
Hay algo de guajira en ti
entre las hebras, el color y la pertenencia
todas las sumas de sus arenas y su sal.
Hay Algo de Guajira en ti.
Hay algo de guajira en ti,
algún general de los mil días
patea en los genes, el vientre fértil de tu vida.
Algún orate de esos desbraguetado y camaján.
Un antiguo soldado perdido en la ruina inocente
del sueño que pudo ser una patria
que luchó y que no fue
y aun hoy no es.
Y no este estercolero de parias
que nos parió como ciudadanos
sin identidad,
¡¡No este escupitajo de sapos que nos pone
mas bregas en el paladar y el estupor...!!
Hay algo de guajira en ti
tu amanecer de la vida cada día
Ese espejo dulce del campo el mar y el agua...
que baja de la sierra.
Esa lealtad irreductible de ser.
Que vence locuras y mortajas
Hay algo de guajira en ti
esa ventana abierta al sol, al mundo la vida y los abismos.
Hay algo de guajira en ti
sangre, aire, arena y polvo
con todos los olvidos perdidos
sin mas gloria que el amanecer de este recuerdo.
Hay algo de guajira en ti
entre las hebras, el color y la pertenencia
todas las sumas de sus arenas y su sal.
Tuesday, June 15, 2010
British Petroleum Company.

Elegía Marina
Verde mar,
ayer
hundieron
los paquebotes,
naufragaron
las fragatas
y las carabelas,
explotó
la rapiña
de las plataformas
y se engrandeció
la mancha
que te hundirá
en su fango,
bajo un peso inmundo
y asfixiante
aunque se revuelque
tu sueño milenario
en oleaje intenso,
se extenderá
sobre tu espejo
de aguas
viejas
navegando sin manos
y sin piernas
la ceguera brutal
de su extravío.
Infierno espeso
que copará los cauces
lacerando implacable
tus habitantes
empastará
tu cuerpo
con su muerte liquida
pesada irrevocable,
prepotente veneno
que le habrá ganado
la batalla
a tu cabellera de algas
y a tus peces azules
y ensuciará
tu sangre de corales
y transformará tu sal
en maleficio indolente
contra los manglares
y atrapará la arena
en un dolor
absoluto irremediable
los pescadores de Luisiana
se morirán de hambre
y el Mississippi
en su caudal
de alcantarilla gigante
cargará los cadáveres
contaminantes
desde un golfo de sed
inaguantable.
Como en todos los crímenes:
¡Muerte! ha gritado
la voz de los cobardes
.
Saturday, May 29, 2010
Tambien se muere el mar...
Pensábamos
que el mar
era invencible,
que tragaba,
transatlánticos,
barcos y veleros
y que nada ni nadie
lo derrotaría,
hoy vemos
cómo le han abierto
una herida
en su más profunda
entraña,
lo vemos retorcerse
vomitando veneno
que nos tira
hacia las playas
más queridas
sin que podamos
hacer nada diferente
a verlo morirse
en sus contorsiones,
escupiendo
delfines y ballenas.
que el mar
era invencible,
que tragaba,
transatlánticos,
barcos y veleros
y que nada ni nadie
lo derrotaría,
hoy vemos
cómo le han abierto
una herida
en su más profunda
entraña,
lo vemos retorcerse
vomitando veneno
que nos tira
hacia las playas
más queridas
sin que podamos
hacer nada diferente
a verlo morirse
en sus contorsiones,
escupiendo
delfines y ballenas.
Thursday, May 13, 2010
Saturday, May 08, 2010
La escritura es un milagro provocado
Sergio Ramírez: “La escritura es un milagro provocado”
By mediaIslaPublished: May 8, 2010
Por
Martha Daza
Desconfío de toda ideología que ofrece la felicidad en la tierra con solo cerrar los ojos y dejarse llevar. Toda ideología a la que uno termina entregando el derecho de pensar por sí mismo, que niega la diversidad, es perversa…
El nombre de Sergio Ramírez está ligado irremediablemente a nuestra historia política latinoamericana, no obstante lo cual él no parece interesado directamente en los procesos en que se ha transformado lo que, en su momento, fue una lucha de esperanza y progreso para un pueblo oprimido por los dueños del poder que tanto daño hicieron en nuestro continente en las pasadas décadas.
Su manera de enfrentar el mundo es a través de la literatura y a través de ella cierra etapas, como en Adiós Muchachos. Relata, como él mismo lo dice, lo oscuro del poder como en Sombras nada más, se acerca al tenebroso mundo del narcotráfico —El cielo llora por mí— o sencillamente plasma vivencias propias y ajenas o reinventa la historia en un cierto número de páginas para que nada de lo vivido intensamente se quede sin salir a la luz.
—Sergio, tú siempre has sido un hombre de letras antes y después de la política, ¿tiene que ver la sensibilidad poética con la ideología, te volcó ésta al proceso revolucionario que viviste?
—Hay una sensibilidad para ver la realidad y creo que corresponde por igual a la literatura que a la política. A los 17 años, cuando desperté a la realidad de mi país, quería cambiarlo todo, y para eso se necesita sensibilidad, lo mismo que se necesita sensibilidad para la obra de imaginación, algo que despertó también en mí al mismo tiempo. Pero quizás se trata de diferentes facetas de la sensibilidad, sin que ésta deje de ser una misma. No creo que sin esa sensibilidad hubiera sido capaz de entrar en la revolución. Y me quedé con ella cuando aquella empresa terminó.
—¿Cómo regresaste a las letras, el Adiós muchachos, fue una despedida irrevocable e implica que jamás volverías a la política?
—Creo que salí de la política a su debido tiempo. La revolución había llegado a su fin, intenté ayudar a crear una perspectiva distinta para el sandinismo después de la derrota de 1990, y después de eso, que significó una dura lucha con muchos de mis mismos compañeros, sentí que mi papel en la política había llegado a su fin y que debía regresar a la literatura a la que siempre había pertenecido, y que es algo sin plazos y a lo que no se renuncia. Uno sigue siendo escritor hasta la muerte.
—En tu última novela, abordas el narcotráfico como un tema de actualidad, aunque en Nicaragua aparece como una novedad, sin toda la sevicia página por página que aparece en otras novelas publicadas con el mismo tema, ¿qué piensas tú de la oleada de novelas que invade el mercado y que tienen tanto éxito, que se convierten en series a pesar de no tener un valor literario en sí? ¿Se está explotando el morbo de la violencia?
—Eso ha ocurrido siempre en la literatura tanto con la violencia como con el sexo. Por cada novela del siglo diecinueve que recordamos, o de cada década, hay centenares que tuvieron su día de fama y luego cayeron en el olvido porque no eran verdaderamente literatura, sino que tocaban las claves del mercado, lo que yo llamaría una literatura populista. Uno siempre debe aspirar a la trascendencia, que la novela que uno escribe pueda ser recordada, cualquiera que sea su tema. Se tiene una idea bastante ligera de la novela policíaca, como si fuera siempre un bien perecedero, y no es así. La novela negra también tiene sus clásicos.
—Tú que estuviste en el poder, ¿cómo lo interpretas?
—El poder es un juego de espejos, que exhibe, como ningún otro género, la condición humana. Prefiero hablar del poder como género, porque me acerca a la literatura, que es para lo que finalmente sirve. Mi experiencia de poder se ha quedado en literaria, y es un depósito subterráneo al que bajo siempre a rastrear personajes, argumentos, situaciones.
—Te gusta que la ficción parezca realidad, ¿escribirías novela histórica?
—No me gusta la novela histórica, si la vemos como novela de grandes personajes, o de epopeyas. Me gusta recurrir a la historia en busca de los rincones oscuros y de los pequeños personajes secundarios, y me gusta ver la historia como una gran trampa en la que tantos caen aún contra su propio gusto. Quedar en la historia es como quedar pegado en un papel matamoscas.
—Sergio Ramírez mezcla en el texto la ficción con la realidad, en El cielo llora por mí, por ejemplo menciona al cardenal con nombre propio, ¿Lo haces para darle más realismo a la trama? ¿No tienes problemas con este tema? lo digo porque ya en Miami durante una presentación en la Feria del Libro, se te aparecieron dos personajes que, dicho sea de paso, no estaban muy complacidos de aparecer en tus novelas —una dijo ser la hermana del personaje central, el asesino—, llegando hasta el grado de agredir a un participante que agradeció tu presencia en el recinto. ¿Te ha pasado eso en alguna otra ocasión, que la gente se vea reflejada en la obra y se alegre o se enfade por ello?
—Sé que los personajes con nombres verdaderos sólo son útiles a un primer círculo de lectores, los del propio país, que leen una novela bajo color local. Pero yo pongo los verdaderos nombres como una especie de gusto, o de vicio personal, o de miedo de alejarme de la realidad, y en lugar de quedarme en el terreno de la imaginación, entrar en el de la fantasía, que es diferente. Ya ves eso que pasó en la Feria del Libro de Miami, de pronto me sentía asaltado por mis propios personajes, pero me gusta correr los riesgos que trae consigo hacer chocar la realidad con la ficción, sobre todo cuando mucho de lo que escribo sale de las situaciones de la propia realidad pública, o de la privada, y de lo que ella me dicta. Uno vive entre historias verídicas que es necesario transformar en piezas narrativas, pero lo que esas historias tienen de asombroso ya está allí.
—Desde muy niño tuviste la posibilidad del cine y eso te enseñó a narrar, crees que existe una vocación, crees que son las circunstancias las que marcan al autor, o que como dice alguien, a un buen escritor lo buscan los temas, ¿Cómo seleccionas tus temas?
—Los temas vienen a mí. Cada vez que abro el periódico por las mañanas, se que en algún rincón de la página de sucesos policiales me puede estar esperando una historia. Por eso es que hay que leer el periódico con unas tijeras al lado. O al entrar en un restaurante y al sentarme a la mesa, saber que la pareja de la mesa vecina puede estar hablando algo que como novelista me interesa. Un escritor es siempre un voyeur, pero uno tiene que tener la capacidad de entender la textura de la historia, saber que puede servir, que tiene esas calidad singulares que uno busca en ellas.
—Hablaste de tu próxima novela que será a tres voces femeninas y el proceso que has seguido para que los diálogos sean creíbles, ¿nos puedes contar acerca de eso?
—Bueno, ese es un asunto que tiene que ver con los instrumentos de que uno se arma para el proceso de la escritura. Cuando uno le da voz a un personaje, sobre todo si el personaje habla en primera persona, esa voz debe tener una textura particular que el lector pueda distinguir siempre. Aquí, en esa novela que se llamará La Prisionera, hay tres mujeres, ya muy ancianas, contando una misma historia acerca de un solo personaje, otra mujer ya muerta, desde sus propios ángulos y desde sus propias voces. Si no consigo que cada una de ellas hable de manera distinta, con su propia marca, todo el trabajo está perdido. No hay que olvidar entonces que la escritura es un asunto de lenguaje.
—Cuando se ha sido poeta como tú ¿Crees que es inevitable la poesía en la prosa?
—La poesía es inevitable en la sustancia de la prosa. Y es más. Creo que alguien que no se ha pasado la vida leyendo poesía, difícilmente puede encontrar las claves de la prosa, que necesita de ritmos, y de una música invisible. Cada vez que voy a empezar una novela me pongo a releer a los poetas que siempre me han acompañado, Baudelaire, Darío, Kavafis, Vallejo, T.S. Elliot.
—¿Crees que una ventaja de la literatura es recrear seres y situaciones reales, que parecen de ficción para adjudicarles las culpas y errores que cometen en su quehacer cotidiano, sin temor a represalias? En El cielo llora por mí, denuncias la incipiente corrupción de la policía cuando entrega sólo cincuenta de los cien mil dólares encontrados en un operativo. Digo incipiente porque en otras partes, no hubieran entregado ni un centavo. También mencionas el niño que entra a robar en la suntuosa casa construida por una familia “destacada” con la ayuda recibida cuando el huracán Mitch, supongo que los nicaragüenses identificarán a estos personajes sin mucho esfuerzo. ¿Eso te crea problemas?
Nicaragua es una novela infinita, cada día se agrega un capítulo. Los personajes están por doquier, no hay más que atraparlos con la mano. Pero no es suficiente que los reconozcan en Nicaragua, sino que también los reconozcan en otros países, porque la fauna es común a América Latina, y los que se construyen mansiones con fondos públicos, o de la ayuda internacional para las catástrofes, abundan en nuestras tierras.
—Crees en el fin de las ideologías. ¿Son las ideologías las que han perjudicado el progreso de la humanidad, las que han justificado lo injustificable. ¿Definen las ideologías el curso de la historia? ¿Crees que se podría hacer una revolución sin ideologías?
—Hay ideologías intrínsecamente perversas, y otras que se vuelven perversas cuando son puestas en acción. Ahora desconfío de toda ideología que ofrece la felicidad en la tierra con solo cerrar los ojos y dejarse llevar. Toda ideología a la que uno termina entregando el derecho de pensar por sí mismo, que niega la diversidad, es perversa, y si una revolución se hace en base a una ideología que niega a los demás el derecho de pensar, y el derecho a la crítica, será una revolución perversa.
—Una persona con la autoridad moral que le da el hecho de haber estado en la cumbre del poder sin haberse engolosinado con él y haber retornado a la literatura, ¿cómo ve el hecho de los cambios constitucionales en distintos países como Colombia, para perpetuarse sin pudor en el poder?
—La Corte Suprema de Justicia tuvo la sabiduría de negar al presidente Uribe una nueva reelección. Fue un gran paso para Colombia.
—¿Usas la literatura como una forma de disidencia?
—El escritor tiene que ser disidente por naturaleza. Un escritor fiel a un credo oficial, o a un pensamiento único, no puede participar de esa aventura diversa, contradictoria, que es la escritura de una novela, en la que nunca quien la escribe puede tomar partido, ya no digamos asumir una posición ideológica.
—¿Cuáles son los elementos —además de lo telúrico— que destacan la literatura nicaragüense y la identifican, si es que hay esos elementos? ¿Existe un elemento aparte del geográfico por medio del cual se exprese la literatura nicaragüense?
Como todas las literaturas latinoamericanas, la identidad de la literatura nicaragüense se encuentra en el habla. Es el lenguaje lo que define una literatura, más que lo telúrico, porque si lo telúrico no se puede expresar en palabras, no puede entrar con eficacia en la novela, así como tampoco podría entrar la historia.
Dice Pérez Reverte que escribir es un trabajo o un don divino, otros opinan que es un arte, además que el arte es una realidad por encima del tiempo ¿qué piensas tu de eso? ¿Crees que escribir es un arte?
—Un don divino que no puede bajar sobre la cabeza del escritor sin el uso de los procedimientos debidos, que empiezan por sentarse a escribir con disciplina de mecanógrafo. Hay que saber atrapar la gracia. La escritura es una milagro provocado.
—Me parece que no existe en realidad una ruptura entre la revolución y tus textos, el lenguaje, los personajes, la mística revolucionaria inclusive, se aparece como una constante, por ejemplo en el Inspector Morales o en Doña Sofía, o en la monja. ¿Es ese lenguaje parte de un proceso natural en los escritores de Nicaragua o es un proceso tuyo como miembro activo y destacado que fuiste de la revolución?
—La revolución es para mí una experiencia vital, que me acompaña en la escritura en todos sus intríngulis humanos, en la complejidad de los personajes con los que conviví, de las situaciones de las que fui testigo. Recurro a ese entramado de experiencias cuando tengo necesidad de ellas, son parte del cúmulo de recuerdos de mi vida, y me siento a gusto evocándolos.
—Me quedó grabada una imagen de tu charla en Books & Books, aquella de no cerrar tu ventana a la luz, hablando de las publicaciones por Internet, ¿o sea que no te niegas a la tecnología de los libros virtuales, háblanos un poco de ese tema?
—Yo soy un escritor que no tiene la más mínima influencia en determinar cómo serán los libros de mañana. No tengo poder para decidir si mis libros se leerán en papel o en una pantalla electrónica, de modo que seguiré escribiendo libros de cualquier manera que vayan a publicarse. Si me preguntas mi opinión, prefiero los libros de papel, y quisiera que existiera una larga convivencia entre los libros de papel, y los inevitables libros electrónicos. Pero tampoco me asusta la tecnología digital, ni la rechazo: escribo en una computadora desde los años ochenta, cuando empezaban a salir las computadoras personales, y me he beneficiado mucho de su uso.En mi carrera de escritor ha sido un invento trascendental.
[Martha Daza, colombiana,
autora de Cuento- poema de la permanencia, 2007]
By mediaIslaPublished: May 8, 2010
Por
Martha Daza
Desconfío de toda ideología que ofrece la felicidad en la tierra con solo cerrar los ojos y dejarse llevar. Toda ideología a la que uno termina entregando el derecho de pensar por sí mismo, que niega la diversidad, es perversa…
El nombre de Sergio Ramírez está ligado irremediablemente a nuestra historia política latinoamericana, no obstante lo cual él no parece interesado directamente en los procesos en que se ha transformado lo que, en su momento, fue una lucha de esperanza y progreso para un pueblo oprimido por los dueños del poder que tanto daño hicieron en nuestro continente en las pasadas décadas.
Su manera de enfrentar el mundo es a través de la literatura y a través de ella cierra etapas, como en Adiós Muchachos. Relata, como él mismo lo dice, lo oscuro del poder como en Sombras nada más, se acerca al tenebroso mundo del narcotráfico —El cielo llora por mí— o sencillamente plasma vivencias propias y ajenas o reinventa la historia en un cierto número de páginas para que nada de lo vivido intensamente se quede sin salir a la luz.
—Sergio, tú siempre has sido un hombre de letras antes y después de la política, ¿tiene que ver la sensibilidad poética con la ideología, te volcó ésta al proceso revolucionario que viviste?
—Hay una sensibilidad para ver la realidad y creo que corresponde por igual a la literatura que a la política. A los 17 años, cuando desperté a la realidad de mi país, quería cambiarlo todo, y para eso se necesita sensibilidad, lo mismo que se necesita sensibilidad para la obra de imaginación, algo que despertó también en mí al mismo tiempo. Pero quizás se trata de diferentes facetas de la sensibilidad, sin que ésta deje de ser una misma. No creo que sin esa sensibilidad hubiera sido capaz de entrar en la revolución. Y me quedé con ella cuando aquella empresa terminó.
—¿Cómo regresaste a las letras, el Adiós muchachos, fue una despedida irrevocable e implica que jamás volverías a la política?
—Creo que salí de la política a su debido tiempo. La revolución había llegado a su fin, intenté ayudar a crear una perspectiva distinta para el sandinismo después de la derrota de 1990, y después de eso, que significó una dura lucha con muchos de mis mismos compañeros, sentí que mi papel en la política había llegado a su fin y que debía regresar a la literatura a la que siempre había pertenecido, y que es algo sin plazos y a lo que no se renuncia. Uno sigue siendo escritor hasta la muerte.
—En tu última novela, abordas el narcotráfico como un tema de actualidad, aunque en Nicaragua aparece como una novedad, sin toda la sevicia página por página que aparece en otras novelas publicadas con el mismo tema, ¿qué piensas tú de la oleada de novelas que invade el mercado y que tienen tanto éxito, que se convierten en series a pesar de no tener un valor literario en sí? ¿Se está explotando el morbo de la violencia?
—Eso ha ocurrido siempre en la literatura tanto con la violencia como con el sexo. Por cada novela del siglo diecinueve que recordamos, o de cada década, hay centenares que tuvieron su día de fama y luego cayeron en el olvido porque no eran verdaderamente literatura, sino que tocaban las claves del mercado, lo que yo llamaría una literatura populista. Uno siempre debe aspirar a la trascendencia, que la novela que uno escribe pueda ser recordada, cualquiera que sea su tema. Se tiene una idea bastante ligera de la novela policíaca, como si fuera siempre un bien perecedero, y no es así. La novela negra también tiene sus clásicos.
—Tú que estuviste en el poder, ¿cómo lo interpretas?
—El poder es un juego de espejos, que exhibe, como ningún otro género, la condición humana. Prefiero hablar del poder como género, porque me acerca a la literatura, que es para lo que finalmente sirve. Mi experiencia de poder se ha quedado en literaria, y es un depósito subterráneo al que bajo siempre a rastrear personajes, argumentos, situaciones.
—Te gusta que la ficción parezca realidad, ¿escribirías novela histórica?
—No me gusta la novela histórica, si la vemos como novela de grandes personajes, o de epopeyas. Me gusta recurrir a la historia en busca de los rincones oscuros y de los pequeños personajes secundarios, y me gusta ver la historia como una gran trampa en la que tantos caen aún contra su propio gusto. Quedar en la historia es como quedar pegado en un papel matamoscas.
—Sergio Ramírez mezcla en el texto la ficción con la realidad, en El cielo llora por mí, por ejemplo menciona al cardenal con nombre propio, ¿Lo haces para darle más realismo a la trama? ¿No tienes problemas con este tema? lo digo porque ya en Miami durante una presentación en la Feria del Libro, se te aparecieron dos personajes que, dicho sea de paso, no estaban muy complacidos de aparecer en tus novelas —una dijo ser la hermana del personaje central, el asesino—, llegando hasta el grado de agredir a un participante que agradeció tu presencia en el recinto. ¿Te ha pasado eso en alguna otra ocasión, que la gente se vea reflejada en la obra y se alegre o se enfade por ello?
—Sé que los personajes con nombres verdaderos sólo son útiles a un primer círculo de lectores, los del propio país, que leen una novela bajo color local. Pero yo pongo los verdaderos nombres como una especie de gusto, o de vicio personal, o de miedo de alejarme de la realidad, y en lugar de quedarme en el terreno de la imaginación, entrar en el de la fantasía, que es diferente. Ya ves eso que pasó en la Feria del Libro de Miami, de pronto me sentía asaltado por mis propios personajes, pero me gusta correr los riesgos que trae consigo hacer chocar la realidad con la ficción, sobre todo cuando mucho de lo que escribo sale de las situaciones de la propia realidad pública, o de la privada, y de lo que ella me dicta. Uno vive entre historias verídicas que es necesario transformar en piezas narrativas, pero lo que esas historias tienen de asombroso ya está allí.
—Desde muy niño tuviste la posibilidad del cine y eso te enseñó a narrar, crees que existe una vocación, crees que son las circunstancias las que marcan al autor, o que como dice alguien, a un buen escritor lo buscan los temas, ¿Cómo seleccionas tus temas?
—Los temas vienen a mí. Cada vez que abro el periódico por las mañanas, se que en algún rincón de la página de sucesos policiales me puede estar esperando una historia. Por eso es que hay que leer el periódico con unas tijeras al lado. O al entrar en un restaurante y al sentarme a la mesa, saber que la pareja de la mesa vecina puede estar hablando algo que como novelista me interesa. Un escritor es siempre un voyeur, pero uno tiene que tener la capacidad de entender la textura de la historia, saber que puede servir, que tiene esas calidad singulares que uno busca en ellas.
—Hablaste de tu próxima novela que será a tres voces femeninas y el proceso que has seguido para que los diálogos sean creíbles, ¿nos puedes contar acerca de eso?
—Bueno, ese es un asunto que tiene que ver con los instrumentos de que uno se arma para el proceso de la escritura. Cuando uno le da voz a un personaje, sobre todo si el personaje habla en primera persona, esa voz debe tener una textura particular que el lector pueda distinguir siempre. Aquí, en esa novela que se llamará La Prisionera, hay tres mujeres, ya muy ancianas, contando una misma historia acerca de un solo personaje, otra mujer ya muerta, desde sus propios ángulos y desde sus propias voces. Si no consigo que cada una de ellas hable de manera distinta, con su propia marca, todo el trabajo está perdido. No hay que olvidar entonces que la escritura es un asunto de lenguaje.
—Cuando se ha sido poeta como tú ¿Crees que es inevitable la poesía en la prosa?
—La poesía es inevitable en la sustancia de la prosa. Y es más. Creo que alguien que no se ha pasado la vida leyendo poesía, difícilmente puede encontrar las claves de la prosa, que necesita de ritmos, y de una música invisible. Cada vez que voy a empezar una novela me pongo a releer a los poetas que siempre me han acompañado, Baudelaire, Darío, Kavafis, Vallejo, T.S. Elliot.
—¿Crees que una ventaja de la literatura es recrear seres y situaciones reales, que parecen de ficción para adjudicarles las culpas y errores que cometen en su quehacer cotidiano, sin temor a represalias? En El cielo llora por mí, denuncias la incipiente corrupción de la policía cuando entrega sólo cincuenta de los cien mil dólares encontrados en un operativo. Digo incipiente porque en otras partes, no hubieran entregado ni un centavo. También mencionas el niño que entra a robar en la suntuosa casa construida por una familia “destacada” con la ayuda recibida cuando el huracán Mitch, supongo que los nicaragüenses identificarán a estos personajes sin mucho esfuerzo. ¿Eso te crea problemas?
Nicaragua es una novela infinita, cada día se agrega un capítulo. Los personajes están por doquier, no hay más que atraparlos con la mano. Pero no es suficiente que los reconozcan en Nicaragua, sino que también los reconozcan en otros países, porque la fauna es común a América Latina, y los que se construyen mansiones con fondos públicos, o de la ayuda internacional para las catástrofes, abundan en nuestras tierras.
—Crees en el fin de las ideologías. ¿Son las ideologías las que han perjudicado el progreso de la humanidad, las que han justificado lo injustificable. ¿Definen las ideologías el curso de la historia? ¿Crees que se podría hacer una revolución sin ideologías?
—Hay ideologías intrínsecamente perversas, y otras que se vuelven perversas cuando son puestas en acción. Ahora desconfío de toda ideología que ofrece la felicidad en la tierra con solo cerrar los ojos y dejarse llevar. Toda ideología a la que uno termina entregando el derecho de pensar por sí mismo, que niega la diversidad, es perversa, y si una revolución se hace en base a una ideología que niega a los demás el derecho de pensar, y el derecho a la crítica, será una revolución perversa.
—Una persona con la autoridad moral que le da el hecho de haber estado en la cumbre del poder sin haberse engolosinado con él y haber retornado a la literatura, ¿cómo ve el hecho de los cambios constitucionales en distintos países como Colombia, para perpetuarse sin pudor en el poder?
—La Corte Suprema de Justicia tuvo la sabiduría de negar al presidente Uribe una nueva reelección. Fue un gran paso para Colombia.
—¿Usas la literatura como una forma de disidencia?
—El escritor tiene que ser disidente por naturaleza. Un escritor fiel a un credo oficial, o a un pensamiento único, no puede participar de esa aventura diversa, contradictoria, que es la escritura de una novela, en la que nunca quien la escribe puede tomar partido, ya no digamos asumir una posición ideológica.
—¿Cuáles son los elementos —además de lo telúrico— que destacan la literatura nicaragüense y la identifican, si es que hay esos elementos? ¿Existe un elemento aparte del geográfico por medio del cual se exprese la literatura nicaragüense?
Como todas las literaturas latinoamericanas, la identidad de la literatura nicaragüense se encuentra en el habla. Es el lenguaje lo que define una literatura, más que lo telúrico, porque si lo telúrico no se puede expresar en palabras, no puede entrar con eficacia en la novela, así como tampoco podría entrar la historia.
Dice Pérez Reverte que escribir es un trabajo o un don divino, otros opinan que es un arte, además que el arte es una realidad por encima del tiempo ¿qué piensas tu de eso? ¿Crees que escribir es un arte?
—Un don divino que no puede bajar sobre la cabeza del escritor sin el uso de los procedimientos debidos, que empiezan por sentarse a escribir con disciplina de mecanógrafo. Hay que saber atrapar la gracia. La escritura es una milagro provocado.
—Me parece que no existe en realidad una ruptura entre la revolución y tus textos, el lenguaje, los personajes, la mística revolucionaria inclusive, se aparece como una constante, por ejemplo en el Inspector Morales o en Doña Sofía, o en la monja. ¿Es ese lenguaje parte de un proceso natural en los escritores de Nicaragua o es un proceso tuyo como miembro activo y destacado que fuiste de la revolución?
—La revolución es para mí una experiencia vital, que me acompaña en la escritura en todos sus intríngulis humanos, en la complejidad de los personajes con los que conviví, de las situaciones de las que fui testigo. Recurro a ese entramado de experiencias cuando tengo necesidad de ellas, son parte del cúmulo de recuerdos de mi vida, y me siento a gusto evocándolos.
—Me quedó grabada una imagen de tu charla en Books & Books, aquella de no cerrar tu ventana a la luz, hablando de las publicaciones por Internet, ¿o sea que no te niegas a la tecnología de los libros virtuales, háblanos un poco de ese tema?
—Yo soy un escritor que no tiene la más mínima influencia en determinar cómo serán los libros de mañana. No tengo poder para decidir si mis libros se leerán en papel o en una pantalla electrónica, de modo que seguiré escribiendo libros de cualquier manera que vayan a publicarse. Si me preguntas mi opinión, prefiero los libros de papel, y quisiera que existiera una larga convivencia entre los libros de papel, y los inevitables libros electrónicos. Pero tampoco me asusta la tecnología digital, ni la rechazo: escribo en una computadora desde los años ochenta, cuando empezaban a salir las computadoras personales, y me he beneficiado mucho de su uso.En mi carrera de escritor ha sido un invento trascendental.
[Martha Daza, colombiana,
autora de Cuento- poema de la permanencia, 2007]
Friday, April 16, 2010
Sentencia
Nos preparábamos
para el acontecimiento
como para un velorio
y manteníamos el alma lisa,
aguardando la orden final.
Ahora le había tomado
un inmenso amor al alma,
desde cuando me enteré
que la desprestigiaron
los románticos,
me gustaba acariciarla
y adornarle el cuello
con corazones rojos
y seguir gastándola
utilizándola en lo bueno
y en lo malo,
conceptos que nadie
podía definir
porque para todos
eran diferentes.
Tan sólo criterios
estropeados por el uso,
todo se daña con el uso
y las palabras,
aunque broten distinto
en cada garganta
no son la excepción.
Me siguen gustando
las cosas así
y pasar mis manos
que ruedan
acariciando el papel,
desteñidas por el uso,
mientras aguardo la orden.
Esa que dictará
un extraño banquero
con su traje oscuro
y su corbata escogida
para que coincida
con el color de lo demás,
o talvez no.
Ha debido ser
una noche de insomnio
como las anteriores
o de pesadillas
donde los personajes
de obras maestras
me torturen
poniéndome a flotar
en la soga de un columpio
descontrolado
que me romperá la cabeza
estrellándola
contra las paredes.
Pero no,
fue una noche, otra noche.
Cada día trae su afán,
decía la abuela
muerta hace muchos años,
cada noche es igual
pero diferente.
Comienza a colarse
por los resquicios
de las ventanas
desapareciendo los objetos
hasta que nos obliga
a encender una luz
o una luna
que nos enseñe
nuestras gastadas palabras,
nuestros gastados rostros
y nuestros gastados miedos
que circulan desaforados
entre los intestinos
y nos obligue a manifestar
nuestra gastada angustia.
No me prohíbas nada,
no me amarres
que odiaré los nudos
que me impongas
aunque los desate
rompiéndome
y ensangrentando
la yema de los dedos.
No pronuncies palabras mediocres
que me agredan en la soledad
y entre la multitud,
que me acorralen
más allá de la loca racionalidad.
Espero la orden
y el desalojo ha comenzado ya,
el desmoronamiento se produjo
en cada uno de los esfuerzos
de la respiración
que evité contener para no morir.
¡Habla!
No, mejor no lo hagas
que ya lo sé
desde antes de los siglos,
conozco tus palabras,
son las mismas,
provienen desde la fuerza
y el sonido
de las gargantas de piedra
que en su desgaste
las han dejado escapar
para quebrantarnos
y dejarnos heridos,
tendidos en el suelo
sin conocer la sentencia.
para el acontecimiento
como para un velorio
y manteníamos el alma lisa,
aguardando la orden final.
Ahora le había tomado
un inmenso amor al alma,
desde cuando me enteré
que la desprestigiaron
los románticos,
me gustaba acariciarla
y adornarle el cuello
con corazones rojos
y seguir gastándola
utilizándola en lo bueno
y en lo malo,
conceptos que nadie
podía definir
porque para todos
eran diferentes.
Tan sólo criterios
estropeados por el uso,
todo se daña con el uso
y las palabras,
aunque broten distinto
en cada garganta
no son la excepción.
Me siguen gustando
las cosas así
y pasar mis manos
que ruedan
acariciando el papel,
desteñidas por el uso,
mientras aguardo la orden.
Esa que dictará
un extraño banquero
con su traje oscuro
y su corbata escogida
para que coincida
con el color de lo demás,
o talvez no.
Ha debido ser
una noche de insomnio
como las anteriores
o de pesadillas
donde los personajes
de obras maestras
me torturen
poniéndome a flotar
en la soga de un columpio
descontrolado
que me romperá la cabeza
estrellándola
contra las paredes.
Pero no,
fue una noche, otra noche.
Cada día trae su afán,
decía la abuela
muerta hace muchos años,
cada noche es igual
pero diferente.
Comienza a colarse
por los resquicios
de las ventanas
desapareciendo los objetos
hasta que nos obliga
a encender una luz
o una luna
que nos enseñe
nuestras gastadas palabras,
nuestros gastados rostros
y nuestros gastados miedos
que circulan desaforados
entre los intestinos
y nos obligue a manifestar
nuestra gastada angustia.
No me prohíbas nada,
no me amarres
que odiaré los nudos
que me impongas
aunque los desate
rompiéndome
y ensangrentando
la yema de los dedos.
No pronuncies palabras mediocres
que me agredan en la soledad
y entre la multitud,
que me acorralen
más allá de la loca racionalidad.
Espero la orden
y el desalojo ha comenzado ya,
el desmoronamiento se produjo
en cada uno de los esfuerzos
de la respiración
que evité contener para no morir.
¡Habla!
No, mejor no lo hagas
que ya lo sé
desde antes de los siglos,
conozco tus palabras,
son las mismas,
provienen desde la fuerza
y el sonido
de las gargantas de piedra
que en su desgaste
las han dejado escapar
para quebrantarnos
y dejarnos heridos,
tendidos en el suelo
sin conocer la sentencia.
Wednesday, April 07, 2010
Estas sucesivas
muertes
que nos llegan
de pronto
sin anunciarse
y derribando
puertas
arrasan
sin distingo
castigan
desbaratan
y borran
los cimientos
campean en nuestro
suelo
fustigan
tierra adentro.
Estas sucesivas
muertes
que nos llegan
de pronto
y sin remedio
tomando los
dominios
de la carne
y el sueño
desbaratando
borrando
lo que fue,
destruyendo
apagando
inclementes
los vestigios
de luz
acallando
las voces
que se apagan
en oídos
lejanos
dando paso
al silencio total
callando el verbo.
II
Este enorme
dolor
me pertenece
dolor de muchas
tumbas
dolor
de muchas muertes
ajenas, mías
muertes
soledades de frio
quebranto
en las rodillas
sucesivas ausencias
que se extienden
desde siempre
y por siempre.
Monday, April 05, 2010
Monday, March 29, 2010
Así
Yo soy así,
oscura,
clara,
frágil y fuerte
humilde y fiera,
soy así
como el agua,
como el fuego,
soy luz y sombra,
asciendo y desciendo
canto y lloro
amo,
sigo amando
sin objeciones
me hundo en ti,
me regocijo,
soy
manantial
interno,
mi cuerpo
es vida en mis adentros
calma y fuerza,
tristeza,
horas sin luz
noche estrellada,
explosión
en el vientre,
vida
tibia
rodando por las piernas,
peso que se libera
en agua
derramada
entre las piedras
oscura,
clara,
frágil y fuerte
humilde y fiera,
soy así
como el agua,
como el fuego,
soy luz y sombra,
asciendo y desciendo
canto y lloro
amo,
sigo amando
sin objeciones
me hundo en ti,
me regocijo,
soy
manantial
interno,
mi cuerpo
es vida en mis adentros
calma y fuerza,
tristeza,
horas sin luz
noche estrellada,
explosión
en el vientre,
vida
tibia
rodando por las piernas,
peso que se libera
en agua
derramada
entre las piedras
Monday, March 08, 2010
El dia internacional de la mujer
Yo no soy la mujer celebrada en champaña y pétalos de rosa, soy aquella mujer de los otros, los demás días, la que trabaja aunque parezca que duerme, la que sufre con su cara compuesta, la que padece detrás de la sonrisa, la que necesita arreglárselas para cubrir la soledad que la quiebra, la que disimula los errores ajenos para que nadie se sienta mal, la que acomoda las cargas para que el peso no recaiga sobre otros, sino que se logre acomodar en su propia espalda sin partirla. Soy esa aunque proteste y vista máscara de dureza, soy la que transita por el amor y se lo guarda, la que agota las lágrimas para que nadie note que aún llora, soy la soñadora que vive en las nubes para sobreaguar y no hundirse cuando todo la tira desde abajo, soy una mujer común y corriente.
La que enfrenta la vida sin el maquillaje que oculta las arrugas forjadas en el silencio y la resistencia, la que camina por ahí con una soga al cuello con la mayor naturalidad, la que forcejea contra el viento sin añorar la gloria ni los titulares, la que a pesar de todo aún cree en el instante de la felicidad que puede atravesarse en una tarde cualquiera, la que busca ese destello azul en una pupila y ese refugio tibio en unos brazos de mar, para liberarse por fin de tanta espera, yo soy así...
Soy simplemente una mujer.
Saturday, February 27, 2010
Mi color
La mujer es del color
del grito que la parte en dos.
René Rodríguez Soriano.
Soy el incoloro grito
que me parte en mil pedazos
en la noche del olvido,
la sombra que se esconde
en cada despertar,
el sigilo sin nombre
que oculta tu mano de mi roce,
la fragmentada fuente
que destila su sed
en el desierto de la ausencia.
Labios mudos que se distraen
en otros cuerpos,
ajeno susurro
de palabras impronunciadas
en los oscuros abismos
del abandono
cachivache tirado contra la pared
taburete olvidado
en el sueño de los muertos.
del grito que la parte en dos.
René Rodríguez Soriano.
Soy el incoloro grito
que me parte en mil pedazos
en la noche del olvido,
la sombra que se esconde
en cada despertar,
el sigilo sin nombre
que oculta tu mano de mi roce,
la fragmentada fuente
que destila su sed
en el desierto de la ausencia.
Labios mudos que se distraen
en otros cuerpos,
ajeno susurro
de palabras impronunciadas
en los oscuros abismos
del abandono
cachivache tirado contra la pared
taburete olvidado
en el sueño de los muertos.
Monday, January 25, 2010
Te amo
Lo sabes,
así,
tendido,
endemoniado,
clavando tus dedos
como raíces
en lo profundo del deseo,
tensando la cuerda
hasta que deja de vibrar
o hasta que vibra imperceptible
para los demás
y permanece
sonando en lo más sensible
de mis oídos enfebrecidos,
te amo y me basta
para ser feliz
en el anonimato,
para no querer
más que tu nombre,
tus palabras ocasionales
y tu pasión permanente
en cualquier parte
en cualquier cuerpo
en cualquier playa
con los pasos que llegan
o se marchan
no importa,
igual
tu paso de aire
se llevará la huella
en cada ola
y yo seguiré
la vida
bajo el sol
radiante.
Lo sabes,
así,
tendido,
endemoniado,
clavando tus dedos
como raíces
en lo profundo del deseo,
tensando la cuerda
hasta que deja de vibrar
o hasta que vibra imperceptible
para los demás
y permanece
sonando en lo más sensible
de mis oídos enfebrecidos,
te amo y me basta
para ser feliz
en el anonimato,
para no querer
más que tu nombre,
tus palabras ocasionales
y tu pasión permanente
en cualquier parte
en cualquier cuerpo
en cualquier playa
con los pasos que llegan
o se marchan
no importa,
igual
tu paso de aire
se llevará la huella
en cada ola
y yo seguiré
la vida
bajo el sol
radiante.
Sunday, December 13, 2009
Todos estamos muertos
Todos estamos muertos
como se mueren
en los hombres
las ideologías
y los viejos amores,
todos estamos ahí,
unos debajo
deshaciéndose
deconstruyendo en cal
y lluvia
el mundo
que tuvieron.
Los otros
sobre las tumbas
quietos o
trashumantes
mediocres
sin realizar
los sueños.
A todos nos mató
lo mismo
la creencia
la esperanza
de lograr algo nuevo.
Estamos,
estuvimos muertos
y seguiremos muertos
sobre la muerte
ajena
sobre la muerte
nuestra.
Sin preguntarnos nada
sin recibir
respuesta
sin verbos y sin letras.
Ahora los verdugos
los mencionan
agregan a sus hijos
y a sus nietos
un nombre
que creen
salda la deuda,
pero ellos
siguen muertos,
pero seguimos muertos
sin recibir respuesta
sobre la tumba ajena
sobre la tumba nuestra
con ellos ahí adentro,
en recuerdo y en
sal deconstruyendo
la historia
de su tiempo
que les quedó
inconclusa
en el intento
que nos quedó
sin rumbo
que nos quedó
doliendo...
como se mueren
en los hombres
las ideologías
y los viejos amores,
todos estamos ahí,
unos debajo
deshaciéndose
deconstruyendo en cal
y lluvia
el mundo
que tuvieron.
Los otros
sobre las tumbas
quietos o
trashumantes
mediocres
sin realizar
los sueños.
A todos nos mató
lo mismo
la creencia
la esperanza
de lograr algo nuevo.
Estamos,
estuvimos muertos
y seguiremos muertos
sobre la muerte
ajena
sobre la muerte
nuestra.
Sin preguntarnos nada
sin recibir
respuesta
sin verbos y sin letras.
Ahora los verdugos
los mencionan
agregan a sus hijos
y a sus nietos
un nombre
que creen
salda la deuda,
pero ellos
siguen muertos,
pero seguimos muertos
sin recibir respuesta
sobre la tumba ajena
sobre la tumba nuestra
con ellos ahí adentro,
en recuerdo y en
sal deconstruyendo
la historia
de su tiempo
que les quedó
inconclusa
en el intento
que nos quedó
sin rumbo
que nos quedó
doliendo...
Sunday, November 29, 2009
Fragmentos
Las palabras volaron como las hojas muertas y se evaporaron con la lluvia. No hacía falta llorar, las sombras ingresaron a los aposentos abarcándolo todo. No sobrevivió ser alguno, la fe se quebrantó y se rompió sobre la cresta de las olas. El pie crujió después sobre las naturalezas muertas. El río se fue salando entre la boca inmensa, que lo bebió de un sólo sorbo tibio, que lo bebió sediento. No hay que hacer cuenta de los pasos para llegar al final, no valen las cuentas cuando ya todo está hecho, cuando todo está dicho y malogrado, no hay vuelta hacia el pasado.
Talvez no soy eso que piensas, ni lo que pienso que soy, mucho menos lo que piensan los demás. Lo que cada cual se imagina de acuerdo a su conocimiento chato o amplio. Cosas escuchadas de otros, experiencias que en cada caso son individuales y particulares que no pueden concretarse en unidad, sin embargo parecen una sola.
Soy y dejaré de ser, seré sin ser. No volaré en cenizas porque reposaré debajo de algún árbol o aterrada en el fondo de una caja oscura por toda la eternidad, hasta el final que dicte el cataclismo, cuando todos flotaremos hueso o piel reseca por el tiempo. Recorreremos valles y ciudades desbordando orillas, reventando diques y sacando de su base los cimientos de lo que fueron las construcciones sólidas. Nada ni nadie soportará el embate, olas terribles que acabarán el grito para perpetuarlo en la inmensidad del mar.
Oscuridad, oscuridad y sombra sin intersticios por donde se cuele la vida, eterno olor de hierba mojada bajo los pies de los que ya no se atreven a llorar. Te miro ahí, los miro y me pregunto si valió la pena tanto dolor, la angustia diaria, las esperas y las desesperaciones, los instantes fugaces de un placer inventado, la fingida risa. ¿Quién eres? ¿Quiénes somos? Agotamos la vida en embelecos que no nos dejaron nada. A nadie le dejaron nada, todo constituye una mentira, un motivo más para malgastar la vida entre miles de objetos, trapos y chatarra oxidada.
No existes, no existo. Te quejas, te consuelo con palabras que no alcanzan a ser mi propio consuelo, vivimos en la desesperanza, transidos, dolidos por el aire que nos roza. Se habían desaparecido las defensas, la muralla, el fuerte, talvez nunca existieron. Anduvimos todos los caminos indefensos, sin fortificaciones, sin la naturaleza de nuestro lado. No entendimos los caminos que daban vueltas sobre sí mismos, sin conducir a ninguna parte y nos extraviamos en la búsqueda.
Las palabras, tantas, tan distintas, tan iguales en su carencia de significado. Escritas, pensadas, dichas en el oído amado o a los gritos en el viento. Hambre, sed, deseo y satisfacción, obsesiones de dioses y paganos...
Maldito lenguaje que cree decirlo todo y no dice nada, malditas creencias y sueños irrealizados, vivimos como pudimos, sin justificaciones, sin metáforas, vivimos como se nos presentó la vida, creyendo poseerlo todo y siempre con las manos y el corazón vacíos.
Me desgarro y no ruedan las lágrimas, las tenía contadas hasta cuando durara la pena, pero algo se desequilibró porque el dolor continúa y las lágrimas no, ese alivio, esa leve y tibia caricia se me niega.
No regresan las aves a sus nidos, el invierno los destruyó aunque los mantenga en los desnudos árboles de invierno, las hojas más hermosas están muertas acolchonando el humus. El otoño se lleva los mejores colores en bocanadas que las desgarran desde los tallos de los árboles dejándolos ahí, sin esperanza en la memoria de renacer por lo pronto, deshabitados, tristes...
Midaz.
.
Talvez no soy eso que piensas, ni lo que pienso que soy, mucho menos lo que piensan los demás. Lo que cada cual se imagina de acuerdo a su conocimiento chato o amplio. Cosas escuchadas de otros, experiencias que en cada caso son individuales y particulares que no pueden concretarse en unidad, sin embargo parecen una sola.
Soy y dejaré de ser, seré sin ser. No volaré en cenizas porque reposaré debajo de algún árbol o aterrada en el fondo de una caja oscura por toda la eternidad, hasta el final que dicte el cataclismo, cuando todos flotaremos hueso o piel reseca por el tiempo. Recorreremos valles y ciudades desbordando orillas, reventando diques y sacando de su base los cimientos de lo que fueron las construcciones sólidas. Nada ni nadie soportará el embate, olas terribles que acabarán el grito para perpetuarlo en la inmensidad del mar.
Oscuridad, oscuridad y sombra sin intersticios por donde se cuele la vida, eterno olor de hierba mojada bajo los pies de los que ya no se atreven a llorar. Te miro ahí, los miro y me pregunto si valió la pena tanto dolor, la angustia diaria, las esperas y las desesperaciones, los instantes fugaces de un placer inventado, la fingida risa. ¿Quién eres? ¿Quiénes somos? Agotamos la vida en embelecos que no nos dejaron nada. A nadie le dejaron nada, todo constituye una mentira, un motivo más para malgastar la vida entre miles de objetos, trapos y chatarra oxidada.
No existes, no existo. Te quejas, te consuelo con palabras que no alcanzan a ser mi propio consuelo, vivimos en la desesperanza, transidos, dolidos por el aire que nos roza. Se habían desaparecido las defensas, la muralla, el fuerte, talvez nunca existieron. Anduvimos todos los caminos indefensos, sin fortificaciones, sin la naturaleza de nuestro lado. No entendimos los caminos que daban vueltas sobre sí mismos, sin conducir a ninguna parte y nos extraviamos en la búsqueda.
Las palabras, tantas, tan distintas, tan iguales en su carencia de significado. Escritas, pensadas, dichas en el oído amado o a los gritos en el viento. Hambre, sed, deseo y satisfacción, obsesiones de dioses y paganos...
Maldito lenguaje que cree decirlo todo y no dice nada, malditas creencias y sueños irrealizados, vivimos como pudimos, sin justificaciones, sin metáforas, vivimos como se nos presentó la vida, creyendo poseerlo todo y siempre con las manos y el corazón vacíos.
Me desgarro y no ruedan las lágrimas, las tenía contadas hasta cuando durara la pena, pero algo se desequilibró porque el dolor continúa y las lágrimas no, ese alivio, esa leve y tibia caricia se me niega.
No regresan las aves a sus nidos, el invierno los destruyó aunque los mantenga en los desnudos árboles de invierno, las hojas más hermosas están muertas acolchonando el humus. El otoño se lleva los mejores colores en bocanadas que las desgarran desde los tallos de los árboles dejándolos ahí, sin esperanza en la memoria de renacer por lo pronto, deshabitados, tristes...
Midaz.
.
Saturday, October 17, 2009
La entraña de la luna que me regalabas, ya no será la misma...
Qué más da,
hoy bombardearon la luna,
ayer nos bombardearon a nosotros,
nos abrieron heridas,
masacraron la gente,
resecaron la tierra
convirtiéndola
en una tumba grande.
Cubrieron de sangre ciudades
y desiertos
mutilaron los niños,
se llevaron los padres
o los dejaron
tirados
con fieros agujeros
en medio de la calle.
las madres que quedaron
se quejaron despacio
por el miedo
y secaron sus ojos
escondiendo su llanto
para poder huír
de los sicarios
después de las masacres.
hoy bombardearon la luna,
ayer nos bombardearon a nosotros,
nos abrieron heridas,
masacraron la gente,
resecaron la tierra
convirtiéndola
en una tumba grande.
Cubrieron de sangre ciudades
y desiertos
mutilaron los niños,
se llevaron los padres
o los dejaron
tirados
con fieros agujeros
en medio de la calle.
las madres que quedaron
se quejaron despacio
por el miedo
y secaron sus ojos
escondiendo su llanto
para poder huír
de los sicarios
después de las masacres.
Wednesday, October 14, 2009
Tuesday, October 13, 2009
Lluvia de fuego sobre el bosque
Todos los días
las gotas de rocío
tiritan
sobre las ramas
de los árboles
en amaneceres frescos
de pájaros cantores,
el aire es puro
y penetra claro
los sentidos
en armonioso despertar.
Sólo cuando los hombres
dictaminan la guerra
los amaneceres
quebrantan la rutina
milenaria
y llueve fuego
de los aviones
y todo es caos
y oscuridad...
Wednesday, September 02, 2009
Me dice la razón que esta es una calle desierta y que las calles y los lugares desiertos son peligrosos, que la gente no debe deambular por parajes desolados porque los puede asaltar la duda y la realidad y algunas veces no se sale con vida de esos lugares. El corazón terco como siempre, con los ojos vendados, me ordena no atender a la razón porque ella no siente, ella no puede percibir los colores de los atardeceres que algunas veces se confunden con los de las auroras y piensa que el azul detrás de los árboles no es puro producto de la imaginación, sino que vive como los destellos de luz que se colaron en los ojos que alguna vez amé.
Atenta a mi corazón, no sólo transité los lugares vacíos sino que me tendí de frente a mirar el paso de las nubes, a recibir en mi rostro la frescura y a adivinar las notas de una canción no pronunciada que llegaba a través del aire; mi canción, aquella que inventé en los furores de una adolescencia que me llegó como todo en la vida, sin previo aviso y atacó mis sentidos y mi carne y penetró por mi piel hasta lo más profundo del primer vértigo y de la indefensión que encontró en mí y que me dejó con todos los deseos reprimidos y con una angustia que cargué por siglos y que al final del camino parecía resolverse en besos y recuerdos maltratados que también se diluyeron cuando se acabó la luz y reinó el silencio y la orfandad y los pétalos secos volaron hasta cubrirlo todo y oscurecieron mi reino de la nostalgia, la peor amiga que ofrece sus veleidades para dejarnos más vacíos que antes de atrevernos a invitarla a pasar.
No era una calle solitaria solamente, era una calle muerta, sellada, trunca que no conduce a ninguna parte, un final con nombre trágico: dead end, era el dead end de la jornada, el no outlet road sign. Todos los finales tienen nombres trágicos, extraño, si el final es un comienzo, un retomar la vida y el aliento para volver a respirar con los pulmones llenos y con todos los sentidos en estado de alerta.
Me gustan los finales, reivindican las ansias desgastadas aguzan la mirada y sensibilizan el espíritu que de otra manera, es una pobre cosa ahí a la espera de lo que dicte el mundo que lo rodea para luego aplastarlo con su gigantesco designio.
Bah, me dije, todo es falso, es falsa la frescura del aire, son falsos los instantes, son sólo manecillas corriendo para dar la vuelta, el retorno al día que sigue que es igual al anterior, ¡bah... bah... bah! (esto lo aprendí de ti).
Me río del río con risa de loca, reviso la memoria de las piedras que siguen inmóviles y tercas en su dureza total, me río de mi memoria que esculpe juiciosa y laboriosamente lo que le pido, me río de ti y de mí, de nosotros, de vosotros y de ellos, me río del verbo y sus conjugaciones.
Tú siempre inventando palabras para que yo crea que soy lo que no soy, arrullándome en mentiras hermosas. Bah... no quiero ser lo que soy ni lo que no soy, ni estar (To be or not to be, that is the question) no me gustan las mentiras pero se debe vivir de ellas (dicen) el nihilismo es mal consejero, nos incita al vacío del piso número 99, nos embelesa en los puentes y le pone hermosa voz al agua oscura, le otorga destellos de esperanza.
Dead end, helado cañón de arma sobre la sien, dead end, veloz encuentro con los árboles que segundos antes, instantes sólo, corrían silenciosos frente a la ventana, panorámica visión de la última hermosura, dead end, fin del paisaje...
Atenta a mi corazón, no sólo transité los lugares vacíos sino que me tendí de frente a mirar el paso de las nubes, a recibir en mi rostro la frescura y a adivinar las notas de una canción no pronunciada que llegaba a través del aire; mi canción, aquella que inventé en los furores de una adolescencia que me llegó como todo en la vida, sin previo aviso y atacó mis sentidos y mi carne y penetró por mi piel hasta lo más profundo del primer vértigo y de la indefensión que encontró en mí y que me dejó con todos los deseos reprimidos y con una angustia que cargué por siglos y que al final del camino parecía resolverse en besos y recuerdos maltratados que también se diluyeron cuando se acabó la luz y reinó el silencio y la orfandad y los pétalos secos volaron hasta cubrirlo todo y oscurecieron mi reino de la nostalgia, la peor amiga que ofrece sus veleidades para dejarnos más vacíos que antes de atrevernos a invitarla a pasar.
No era una calle solitaria solamente, era una calle muerta, sellada, trunca que no conduce a ninguna parte, un final con nombre trágico: dead end, era el dead end de la jornada, el no outlet road sign. Todos los finales tienen nombres trágicos, extraño, si el final es un comienzo, un retomar la vida y el aliento para volver a respirar con los pulmones llenos y con todos los sentidos en estado de alerta.
Me gustan los finales, reivindican las ansias desgastadas aguzan la mirada y sensibilizan el espíritu que de otra manera, es una pobre cosa ahí a la espera de lo que dicte el mundo que lo rodea para luego aplastarlo con su gigantesco designio.
Bah, me dije, todo es falso, es falsa la frescura del aire, son falsos los instantes, son sólo manecillas corriendo para dar la vuelta, el retorno al día que sigue que es igual al anterior, ¡bah... bah... bah! (esto lo aprendí de ti).
Me río del río con risa de loca, reviso la memoria de las piedras que siguen inmóviles y tercas en su dureza total, me río de mi memoria que esculpe juiciosa y laboriosamente lo que le pido, me río de ti y de mí, de nosotros, de vosotros y de ellos, me río del verbo y sus conjugaciones.
Tú siempre inventando palabras para que yo crea que soy lo que no soy, arrullándome en mentiras hermosas. Bah... no quiero ser lo que soy ni lo que no soy, ni estar (To be or not to be, that is the question) no me gustan las mentiras pero se debe vivir de ellas (dicen) el nihilismo es mal consejero, nos incita al vacío del piso número 99, nos embelesa en los puentes y le pone hermosa voz al agua oscura, le otorga destellos de esperanza.
Dead end, helado cañón de arma sobre la sien, dead end, veloz encuentro con los árboles que segundos antes, instantes sólo, corrían silenciosos frente a la ventana, panorámica visión de la última hermosura, dead end, fin del paisaje...
Saturday, August 29, 2009
Thursday, August 20, 2009
Tuesday, August 18, 2009
Monday, August 17, 2009
oc
Toco la luz
regreso a mi letargo
me asquea la realidad
transito por ella y me contagio
no sé limpiar mi cuerpo
ni el veneno que guardo,
víctima de este mal
perezco, me ciego, me consumo
en mi asco.
regreso a mi letargo
me asquea la realidad
transito por ella y me contagio
no sé limpiar mi cuerpo
ni el veneno que guardo,
víctima de este mal
perezco, me ciego, me consumo
en mi asco.
Thursday, August 13, 2009
Cansada de pedir perdón por estar viva,
aburrida de las explicaciones por mis actos,
desesperada por no poder vivir a mi antojo,
decidí morir de muerte imaginaria,
de muerte donde todo da lo mismo,
de muerte sin respeto por los vivos
(aquellas marionetas con nombres que no nombran,
movidas por los hilos de las imposiciones)
de muerte que no mira y que no escucha
y que no dice nada.
De muerte en la que no siento
lástima, ni asco por mí misma...
aburrida de las explicaciones por mis actos,
desesperada por no poder vivir a mi antojo,
decidí morir de muerte imaginaria,
de muerte donde todo da lo mismo,
de muerte sin respeto por los vivos
(aquellas marionetas con nombres que no nombran,
movidas por los hilos de las imposiciones)
de muerte que no mira y que no escucha
y que no dice nada.
De muerte en la que no siento
lástima, ni asco por mí misma...
Thursday, August 06, 2009
Hiroshima
Hace 64 años el mundo conoció el horror de la gente derretida y de sus gritos aterrados fundidos en la piedra, era una hermosa mañana en Hiroshima cuando un hongo de luz criminal encegueció para siempre a sus habitantes y los talló en las paredes y ni el río Motoyasu alivió sus carnes envenenadas y el fuego que las consumía. Para que no se nos olvide, hoy la gente enciende linternas como faroles de colores y las pone a flotar sobre ese mismo río como un homenaje a los muertos que produjo el llamado "Little Boy" la creación más infame de los seres humanos.
Wednesday, August 05, 2009
Los pájaros tirándole a las escopetas
Y si fuera verdad
y los pájaros le tiraran a las escopetas
y si algún día,
un pájaro valiente
derribara una escopeta
y la mano que la maneja
para que se espantaran las escopetas
y los que despedazan las golondrinas
y los asesinos de palomas
y los que acallan la voz de los sinsontes
y los usurpadores de sus canciones
y si sucediera y se diera vuelta la suerte
y pudiéramos contemplar
tal espectáculo
y los viéramos caer, desbarrancarse
como piedras sobre la piedra
en su intento por exterminar la vida
y el canto matinal
y si los vieramos rodar
con su carga de muerte por los pueblos
Por las ciudades y por los países
y si desaparecieran sus armas en la acequias
y se les fundieran bajo el sol
y si cayera su mirada de buitres en los lodazales
entonces tendríamos una razón
para sonreír de frente.
y los pájaros le tiraran a las escopetas
y si algún día,
un pájaro valiente
derribara una escopeta
y la mano que la maneja
para que se espantaran las escopetas
y los que despedazan las golondrinas
y los asesinos de palomas
y los que acallan la voz de los sinsontes
y los usurpadores de sus canciones
y si sucediera y se diera vuelta la suerte
y pudiéramos contemplar
tal espectáculo
y los viéramos caer, desbarrancarse
como piedras sobre la piedra
en su intento por exterminar la vida
y el canto matinal
y si los vieramos rodar
con su carga de muerte por los pueblos
Por las ciudades y por los países
y si desaparecieran sus armas en la acequias
y se les fundieran bajo el sol
y si cayera su mirada de buitres en los lodazales
entonces tendríamos una razón
para sonreír de frente.
Friday, July 31, 2009
Debimos ser tan leves en el tiempo
Imperceptibles partículas en vaivén perpetuo
Para que no nos alcancen los recuerdos ajenos
Para que no nos baste con los nuestros.
Talvez sólo eso fuimos
El leve resplandor de algún cometa muerto
Iluminando instantes de silencio.
La fugaz certidumbre de un encuentro
Polvo lunar de algún reflejo etéreo
La breve vida de la mariposa al viento
Lágrimas de cristal lluvia y lamento
Mil hojitas de azahar volando lento.
Imperceptibles partículas en vaivén perpetuo
Para que no nos alcancen los recuerdos ajenos
Para que no nos baste con los nuestros.
Talvez sólo eso fuimos
El leve resplandor de algún cometa muerto
Iluminando instantes de silencio.
La fugaz certidumbre de un encuentro
Polvo lunar de algún reflejo etéreo
La breve vida de la mariposa al viento
Lágrimas de cristal lluvia y lamento
Mil hojitas de azahar volando lento.
Deseo
Quiero hundir mi cabeza
entre tus manantiales tibios
Saborear gota a gota tus delicias,
beber hasta el cansancio
sin saciar mi sed de ti
los aromas eternos
venidos desde adentro en contubernio
entre cuerpo y placer, sabor perfecto,
equilibrio sin par de dos deseos
que se enfrentan sin fin desde el comienzo
de los tiempos.
entre tus manantiales tibios
Saborear gota a gota tus delicias,
beber hasta el cansancio
sin saciar mi sed de ti
los aromas eternos
venidos desde adentro en contubernio
entre cuerpo y placer, sabor perfecto,
equilibrio sin par de dos deseos
que se enfrentan sin fin desde el comienzo
de los tiempos.
Thursday, July 30, 2009
Poemas del insomnio
Uno.
La noche huele a amores fracasados
que cumplen el ritual
y las imposiciones,
repetida ceremonia maquillada
de palabras trasnochadas y tristes
que en el fondo ocultan el dolor
de las obligaciones por cumplir,
besos practicados para el momento indicado
de la necesidad.
Marioneta de oficio
la realidad es un vacío permanente
y el recuerdo es otro vacío sin posibilidades en el tiempo
por llegar.
Mientras tanto la sabiduría reposa en los anaqueles,
viejos libros empolvados que nadie leerá
porque la vida les pasó de largo
y los sumió como al amor en el olvido.
Wednesday, July 29, 2009
Quemando las naves
Volver hacia atrás es un ejercicio masoquista un retroceso inminente a todo lo superado, mirar hacia atrás es restar, tratando de encontrar el tiempo pasado que dicen que fue mejor, sin entender que la vida son fragmentos, momentos; que nada es mejor ni peor sino instantes irrepetibles que luego evocamos para conservar algo de la felicidad que nos proporcionaron y que no supimos reconocer al vivirla.
Recorro desde mis febriles catorce años, la adolescencia apresurada de la vieja canción, porque esos fugaces momentos de la adolescencia pesan en el corazón que los conserva intactos con todos los olores y sabores, con los estremecimientos y los fervores. En esos tiempos nuevos, ignorarlo todo e irlo descubriendo con asombro al paso de los acontecimientos es la felicidad, lo que nos declara vivos y nos dicta lo que haremos después.
Ahora todo está dicho y lo nuevo ya no nos asombra porque siempre le descubrimos aquel tufillo anacrónico, aquello a lo que ya le dimos mil vueltas en el carrusel que representa la vida. Si tú vivieras mirarías cómo todos los acontecimientos giran sobre su eje cumpliendo a cabalidad con el mito del eterno retorno, continúan los mismos con las mismas, más viejos y resabiados, ni siquiera perfeccionan sino que repiten una y otra vez los mismos esquemas, se turnan, utilizan el mismo lenguaje y las mismas estrategias que de tan usadas producen asco. Han sofisticado los métodos de limpiar el camino, han creado nuevos ejércitos y nuevas tácticas, pero continúan siendo los mismos tras sus renovadas máscaras. Extienden su poder, negocian y se venden al mejor postor que casi siempre es el mismo de la mano larga, acumulan terreno y objetos para diferenciarse y para sentirse mejor, pero no lo consiguen, lo que pasa es que se toman mucho tiempo en comprenderlo, el tiempo de las generaciones que les siguieron. Han acelerado la miseria y la corrupción que ya no consigue cómo cubrirse por que ahora alguna gente ha aprendido a distinguir y sabe que no todo lo que brilla es oro, que existen imitaciones burdas de lo bello y que la realidad es de plástico recubierto con colores llamativos. No todos lo saben, muchos caen en la trampa pereciendo bajo los resplandores y consumidos en el estiércol de esta sociedad que devora a sus víctimas sin darles oportunidad y nosotros que quemamos las naves del retorno a lo que nos fue querido, a nuestra Itaca, sagrada ciudad canalla, contemplamos impávidos el desastre sin saber si es el final o si solo es el comienzo del nuevo ciclo de errores compartidos y repetidos hasta el infinito.
Friday, July 10, 2009
Cápsulas degeneradas
AGUA
Caminé hacia el baño plena de grandes ideas que se escaparon por la ruta del agua, hacia el torrente multitudinario del barrio, de la ciudad, del mundo. El agua universal que fluye y se devuelve cargada de excrementos y de residuos, de medicina, locura y sangre camuflada entre cristales de roca, con bordes dorados sobre impecables y almidonados manteles blancos o en botellitas que luego atragantarán a los delfines.
¡Agua subversiva!
CARNE
Nos alimentamos de la angustia de la muerte de las vacas, del grito del último pasillo del matadero, de la inflamación lograda de los pollitos que ya no dicen ni pío, del horror de los cerdos perseguidos para la estocada final y terminamos en la vaca loca. Luego las exquisitas cenas, los elaborados manjares, correrán junto a los panes de la pobreza por las alcantarillas rumbo al mar y a los acueductos para ser purificados y re-engullidos como una sola gota por todos los paladares, sofisticados y corrientes.
FIN
En una sola hora pueden alinearse los planetas y desbordarse los mares y toda la lujuria inundada no palpitará al roce de una mano que se pose en la flor bajo mi falda levantada.
Penetrarán estrellas con espadas atroces los lagos de la noche y cantarán los himnos de voces atrapadas, la macabra leyenda apocalíptica de los astros conspirando en el cosmos contra nosotros.
Caminé hacia el baño plena de grandes ideas que se escaparon por la ruta del agua, hacia el torrente multitudinario del barrio, de la ciudad, del mundo. El agua universal que fluye y se devuelve cargada de excrementos y de residuos, de medicina, locura y sangre camuflada entre cristales de roca, con bordes dorados sobre impecables y almidonados manteles blancos o en botellitas que luego atragantarán a los delfines.
¡Agua subversiva!
CARNE
Nos alimentamos de la angustia de la muerte de las vacas, del grito del último pasillo del matadero, de la inflamación lograda de los pollitos que ya no dicen ni pío, del horror de los cerdos perseguidos para la estocada final y terminamos en la vaca loca. Luego las exquisitas cenas, los elaborados manjares, correrán junto a los panes de la pobreza por las alcantarillas rumbo al mar y a los acueductos para ser purificados y re-engullidos como una sola gota por todos los paladares, sofisticados y corrientes.
FIN
En una sola hora pueden alinearse los planetas y desbordarse los mares y toda la lujuria inundada no palpitará al roce de una mano que se pose en la flor bajo mi falda levantada.
Penetrarán estrellas con espadas atroces los lagos de la noche y cantarán los himnos de voces atrapadas, la macabra leyenda apocalíptica de los astros conspirando en el cosmos contra nosotros.
Thursday, July 09, 2009
Sunday, July 05, 2009
No Somos Nada (Uno)
Somos tan insignificantes flaco, no importa si nos esforzamos por aparecer en todas partes, por querer manejar a todas las personas que nos rodean, bajo todas las circunstancias. No importa si queremos ser el centro del mundo, la novia en la boda, la quinceañera en la fiesta, el comandante en el movimiento, el candidato en la elección. No importa amigo, si todos sabemos que no somos nada, somos menos que la explosión de la avioneta roja después del cañonazo; menos que la bomba con la que pretendieron borrarnos de la faz de la tierra, somos menos que el fuego que nos consumirá hasta calcinarnos, menos que los gusanos que nos devorarán, menos que la luz que nos enceguecerá. No somos nada compita, somos algo menores a la huella de un insecto en la sucia puerta de un burdel (hay hermosísimas y limpias puertas de burdel). Somos mucho menos que el polvo en la ceguedad del aquilón, como dijo el poeta, menos que todas las expresiones y los sentimientos perdidos en el olvido, en el silencio y en el anaquel de los recuerdos, o sea, menos de lo que no se ha dicho, ni se dirá. Menos que los gritos congelados en las montañas, menos que los cadáveres insepultos, mucho menos que los escritores y las cucarachas; mucho menos que el amor y que el odio, que tampoco prevalecerán cuando todo sea nada y cuando el big bang cese en el infinito, por un estruendo mayor que lo apagará para los oídos de los científicos y para la sordera de los demás mortales.
No somos nada y sin embargo queremos ser todo, que nos amen como a ningún otro, que nos tengan en la cuenta de los favores y los honores, en la lista de los invitados o cuando menos en la mira de los perseguidores, para aparecer en los diarios de la ciudad, del país y del mundo, como las víctimas enaltecidas.
Nos seguiremos estirando la piel, nos aspiraremos la grasa de las entrañas, nos fabricaremos las largas uñas y los senos, las nalgas y la nariz; seguiremos camuflando la vejez bajo galones de tintes y cremas mágicas, nos maquillaremos los labios y los ojos (ni una pestaña en desorden), para ser los más lindos, los más importantes, los mejores, aquellos mencionados por los notables y por los vulgares, aquellos que siempre están en todas partes.
Pero no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos, no llegaremos, no superaremos los terremotos ni el desastre final, no trascenderemos el apocalipsis de los hombres ni de los montes. No seremos cauce en los ríos ni fiesta en la lava de los volcanes, no subiremos al cielo ni descenderemos al infierno cuando los demonios se desboquen en la lucha con los dioses, que no nos protegerán cuando la bestia que nos habita se confunda con la bestia de los demás y sean una sola fuerza que también se perderá en los huecos negros del olvido y el desastre que dará origen a otros que igual que nosotros buscarán la notoriedad en una desportilladura del tiempo.
No somos nada y sin embargo queremos ser todo, que nos amen como a ningún otro, que nos tengan en la cuenta de los favores y los honores, en la lista de los invitados o cuando menos en la mira de los perseguidores, para aparecer en los diarios de la ciudad, del país y del mundo, como las víctimas enaltecidas.
Nos seguiremos estirando la piel, nos aspiraremos la grasa de las entrañas, nos fabricaremos las largas uñas y los senos, las nalgas y la nariz; seguiremos camuflando la vejez bajo galones de tintes y cremas mágicas, nos maquillaremos los labios y los ojos (ni una pestaña en desorden), para ser los más lindos, los más importantes, los mejores, aquellos mencionados por los notables y por los vulgares, aquellos que siempre están en todas partes.
Pero no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos, no llegaremos, no superaremos los terremotos ni el desastre final, no trascenderemos el apocalipsis de los hombres ni de los montes. No seremos cauce en los ríos ni fiesta en la lava de los volcanes, no subiremos al cielo ni descenderemos al infierno cuando los demonios se desboquen en la lucha con los dioses, que no nos protegerán cuando la bestia que nos habita se confunda con la bestia de los demás y sean una sola fuerza que también se perderá en los huecos negros del olvido y el desastre que dará origen a otros que igual que nosotros buscarán la notoriedad en una desportilladura del tiempo.
Wednesday, May 20, 2009
La casa en el aire, homenaje a una historia de amor
Thursday, April 30, 2009
Wednesday, April 15, 2009
Frases sueltas para un intento de carta impersonal
Anduve desconfiada por tu territorio de arenas movedizas
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.
Tuesday, April 14, 2009
No Somos Nada II
Eso serás en mi abandono, me dijo;
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
Thursday, March 19, 2009
Hay días indescriptibles, días bellos, hoy me regalaron un arco iris...
La Gata en el Tejado
La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados
Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.
Uno
Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos
En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.
En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde
En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca
Dos
Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada
La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad
La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón
El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos
Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana
Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz
Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre
Tres
La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar
Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad
Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad
Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.
Canta la loca
La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados
Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.
Uno
Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos
En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.
En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde
En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca
Dos
Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada
La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad
La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón
El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos
Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana
Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz
Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre
Tres
La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar
Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad
Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad
Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.
Canta la loca
Tuesday, September 16, 2008
El cuerpo del delito
Reflexiones a propósito del libro “Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza
Julio Pino Miyar
Los poetas, ¿de qué estúpida guerra son ellos los sobrevivientes? El rapsoda que ha entonado su mejor canción sobre las ruinas dejadas por las batallas, las humaredas que se levantan sobre los campos exterminados, las vidas destruidas y la reciente proeza de los héroes, poco o nada tiene que decir cuando es Colombia que agoniza víctima del peor de los infortunios, porque a ella no le será jamás dado el verso clásico de Homero y de Virgilio.
Pues en nombre de quién se pueden volver a entonar para la posteridad los himnos ante las piras funerarias, si es una guerra mucho más larga y cruel que la de Troya, pero donde no ha habido ni habrá vencedores ni vencidos.
Homero, en sus hexámetros, es la memoria ardiente de Ilion, la base referencial de casi toda la literatura clásica griega. Virgilio, por su parte, buscó, en su verso latino, componer para sus contemporáneos la memoria épica de Roma. Pero Colombia no necesita que un poeta redacte sus memoriales, los vemos todos los días captados por los lentes de los reporteros de la guerra, en los noticiarios del mundo, en los discursos, la estulticia y el sadismo de los dirigentes políticos de los grandes Estados. Una guerra moderna carente de posteridad, dolorosamente doblada bajo el peso de una crisis moral como razón mayor del exterminio.
¿Qué es si no la guerra, que un girar en círculos sobre un mismo pensamiento y una misma obsesión? ¿Qué es el pensamiento político de izquierda? Creer haber sido parte de una idea, ofrecido un compromiso, una motivación que trascendía los parámetros individuales, que crecía hacia la dimensión del altruismo, la solidaridad y el idealismo. ¿Qué es el exilio? Un gravamen sobre nuestras conciencias para supuestamente resucitar en las tierras de nadie, en los lugares más ajenos de la indefinición y el olvido. Y, ¿qué significan el arte, la literatura entonces? Se lo oí decir en Suecia, hace muchos años, a un actor chileno refugiado cuando la dictadura de Augusto Pinochet: un modo de rescatar nuestras cuotas de humanidad pérdidas.
Se lo oí decir de algún modo a Martha:
“Se morían los paisajes y los ríos,
Las aves se marchaban,
no había religión ni madre,
no había patria ni soldados”
“Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza es un pequeño volumen compilador, que, a pesar de estar dividido en poemas y prosas, muestra, en su propia configuración, una curiosa y acompasada voluntad de unicidad. Y como su propio título lo propone se intenta apresar en él una vocación de apremiante permanencia, siendo además el registro más agudo de la sensibilidad de la autora.
He dicho a propósito prosa y no narrativa, puesto que para mí, el carácter testimonial de esos textos se vuelve evidente, si como testimonio también entendemos las notas más difíciles y enfáticas de la sensibilidad individual. De esta singular manera en ese libro la prosa pone en evidencia la presencia de una sensibilidad desarticulada, dramáticamente desarbolada, entre tanto, la poesía deja traslucir el flujo y el reflujo sobre el que se agota y renace cualquier añoranza, una significación en ciertos momentos política, pero de abierta motivación existencial.
Y se me hace llamativo corroborar, después de haber construido la primera página del presente ensayo sobre la mención de la guerra en Colombia como dimensión exteriorizada de una inobjetable angustia, que la escritura de Martha deviene a la larga en expresión de una naturaleza interior, oscura y soterrada; en juego constante y prolongado de placer y displacer; en mujer acuclillada.
Las señas perdidas de nuestra identidad, la memoria refractaria y ausente, la turbia sensación a la que se expone nuestra subjetividad en el diálogo dislocado y cínico con el otro sujeto que nos mira, son las que disgregan la vida por ese camino largo y tortuoso, por esa línea pálida y difícil, que nos conduce ineluctable hacia el fin y hacia la nada. Pero la literatura, cuando es verdadera, se convierte en la única forma que tiene la palabra para no anonadarse en la mera justificación, en hipócrita alarde, en falso techo iluminado. Por su parte, trasponer a un plano de ejecución literaria aquello que no somos capaces de resolver de otra manera, tiende a develar un signo, un motivo ulterior, donde el lenguaje recupera su dignidad y su estatus agredido, descentrado por los modos reiterativos de decir y oblicuamente permanecer.
Abunda Martha a partir de cosas como esas:
“Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo”.
Es que ella se ha visto arrojada al juego alternativo de la permanencia y lo fugaz, lo fútil. Modos disímiles de existencia de un ser a duras penas sobreviviente de no sé qué absurdo y cruel holocausto. Es cierto además que los poetas tienen la extraña capacidad de sobrevivir para después contar, y que, en esa vocación, teñida a ratos de desesperación, descansa cualquier posible y humana legitimidad. Aunque a veces ocurre que es la propia poesía la que nos ha permitido, en la práctica, el triste y solitario oficio de la sobrevivencia.
Conocí a Martha en Miami, una noche de canciones latinoamericanas, en el sitio de un pintor dominicano que había convertido su estudio en un lugar ideal para recibir amigos, charlar y auspiciar el rencuentro con los motivos humanos de la cultura. Es poco usual que esto ocurra en esa sociedad donde el tiempo posee tan mal talante y el más exigente modo de presentarse en nuestras vidas. Vidas en las que el prosaísmo se incorpora imperativamente, pervirtiendo lo que somos, asumiendo la forma de un hábito tenaz del pensamiento. No obstante, se leyeron poemas, se contaron anécdotas y se hizo entre nosotros patente, eso que Milan Kundera llamó “la levedad del ser”. Al terminar la velada Martha y yo ya éramos amigos.
Se sucedieron los días y los años y pude percibir que eso que he llamado “una sensibilidad desarbolada”, era una verdad intrínseca de quienes, tomando el camino de la inmigración, han ido dejando atrás pedazos mutilados de su propia conciencia. El valor peculiar de “Cuento Poema de la Permanencia” es que abunda en ese tipo de testimonio, en ese tipo de narración desgarrada construida lejos de la patria. Aunque debemos tener en cuenta que el drama que allí se dibuja no nos obliga a entenderlo desde una estricta órbita o situación literaria. Sin embargo, las circunstancias a las que apunta el cuerpo poemático de Martha se encuentran enmarcadas dentro de ese impreciso horizonte. Tal parece que sucede que el llamado exilio nos permite valorar, sondear todavía más en ese hábito esquizoide, en esa rara situación límite vivida bajo la fuerza de un extrañamiento, sobre la cual transcurre la vida, nuestras vidas, cualquier vida. Un viejo amigo de la inmigración ya fallecido, entendía esto último jocosamente, cuando definía la inmigración hispana en Estados Unidos como “esa dimensión metafísica en que habitamos.”
Hay dos alegorías sobre las que quiero reflexionar, las cuales acompañan al poema – texto de la escritora colombiana: Un pueblo donde no se sabe qué hacer con tanto dolor dejado por las víctimas. Un camino largo que pasa por las monjas, la locura y que conduce a “la casa pobre de Martha”.
En Colombia, como tentativa en América Latina, a pesar de la literatura de Gabriel García Márquez, no hay subrealidad estética para que los poetas persistan en vindicar desde ella los dones de la imaginación. En Latinoamérica hay realidad entremezclada, realidad en desorden, capacidad ficcional almacenada, errabunda como la capacidad de imaginación de los pobres, como ese cuento de Martha donde el dolor era tanto que se apretujaba en las calles y lo querían usar hasta para “abonar los cimientos de la patria.”
¿Ironía? ¿Desdén? ¿Pérdida definitiva de las señas de identidad producto de los años de desarraigo? ¿La casa pobre de Martha convertida en una seña perdida; en una mísera humareda; en la casa desolada de la patria donde ya nos es imposible regresar? Pero no quiero, ni puedo, hacer de los presupuestos narrativos de raíz simbólica que pudieran abundar en esta obra, una fuente para la interiorización psicológica. Sólo deseo apuntar, que ese regreso, si fuera alguna vez posible, traería consigo aparejado el asombro germinativo sobre el piso sepultado por la muerte y la ceniza.
No sé por qué en nuestra vida actual hay tanto resquemor al patetismo. El patetismo puede ser, en ocasiones, una categoría más de lo sublime. Lo que no puede incluso expresar la ironía, como metanoia, como rejuego intelectual que al pronunciarlo nos alcanza y nos pone de paso en entredicho, lo dice eficazmente la expresión desnuda, sin ornamentos, la fementida sensibilidad trágica; sencillamente el dolor devenido en circunstancia estética.
Una de las cosas curiosas de este libro ha sido su clara intención de hacer oscilar la clave de la sensibilidad entre un compendio de poemas y composiciones narrativas las cuales constituyen cuerpos autónomos, pero que de un modo más general estrechamente se implican. La literatura de Martha Daza es de esas en las que el acento, la mayor inflexión, cae sobre la historicidad subjetiva de quien realiza la escritura. Opino que verla de otra manera sería socavar sus presupuestos básicos. Monólogos dotados de la capacidad de expresar un paisaje interior muchas veces en ruinas, otros, en cambio, como una evocación lírica de la memoria. Por eso ella recurre indistintamente al poema, a la prosa, a cualquier material que pueda aportar la fuerza de una presencia y que de alguna manera sirva para referir una historia.
Vuelve entonces a decirnos la autora, sometida a un entorno metafórico de obsesivas galerías circulares y sensuales paredes cóncavas de espejos:
“(…) yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido”. No sé si será un modo distinto de reflejar el consabido tránsito literario por la casa imaginaria de un conocido personaje del realismo mágico, quien iba en su desmedro, de habitación en habitación, donde en la última estancia lo esperaba la muerte, o lo que es peor la locura, la culpa y el desconcierto. Pero Martha, siendo fiel a sus propias imágenes, lo que se propone es un viaje que la desprenda de su ser, un viaje orientado hacia el fin del conocimiento y al olvido, a la más extrema levedad, porque el peso de la existencia se le ha vuelto, en ocasiones, insoportable. Y así vemos, en uno de los momentos más enfáticos del texto, al personaje femenino que conduce la voz narrativa, colocado ante la sensación de ser arrastrado entre las piedras por la lluvia, entendida, esta última, como una forma más de presentarse la sexualidad e incluso la lujuria.
Pero escuchemos no obstante (no quiero quitarles la ocasión de leerlo) esta invocación invertida de amor:
“Después de todas las saudades de ti, cuando el ambarino turbio del espejo roto refleja los multiplicados fragmentos de mi rostro traicionado, sucede que te odio, con un odio forjado con las lágrimas de la noche, con un odio lento que se inicia en la descomposición de los colores del crepúsculo (…)”.
Porque luego de la experiencia del exterminio, todo como la lluvia mansamente fluye y todo se nos vuelve, sin dudas, permisible. El escritor norteamericano Henry Miller escribió aproximadamente que él amaba cuanto fluía, el agua tibia del orgasmo, el río oscuro de los óvulos y hasta el sabor salado y húmedo que hay en las corneas. Pocos poetas han sabido cantar, sin embargo, a la gracia del cuerpo o el alma mutilados:
“Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne”.
Lo que encontramos al final del corredor oscuro es el lado mórbido de la vida, y es allí donde aparece ante mí una de las visiones más procaces del sueño de Martha, como un triller, una relación de anexos y perversos del escritor norteamericano de “novela negra” James Cain: “la boca pintarrajeada de rojo, el moño negro recogido y (los ojos formidables de la libido…”) Lo que encontramos al final del corredor oscuro, abandonado tras el aguacero, violado quizás entre las piedras por el deseo y la violencia, es el cuerpo del delito; la carne y el alma humedecidos, abiertos, extendidos sobre la tierra feraz del descampado. Lo que encontramos es el cuerpo literariamente reconstruido, sobrevivido, devenido para eso en poema, en texto, en permanencia.
Espejismo
Para JK
El hombre está recostado contra la puerta de una galería y no sabe si es por efecto del cuadro con sol anaranjado que lo derrite desde el enorme ventanal, y no sabe si es por la contorsionista borracha de la víspera en el Booby Trap, que bebía sentada en una enorme copa para luego escupir con toda la fuerza de su interior a los hombres y mujeres que se agolpaban para mirarla, y no sabe de dónde tanta emoción, ni sabe si fue el humo vaginal que la misma mujer expulsó desde el babeado tabaco que a él le tocó en suerte después de la función y no sabe nada. Sólo sabe que ese día en Lincoln Road, todas las mujeres están exhibiéndole su desnudez y que los pechos con distintos rumbos lo llaman tibios desde sus miradas estrábicas y que los diferentes estilos de peinado, levantan su púbico cerquillo para que él pueda ver más allá del aroma que lo embriaga, y que todas las cinturas blancas y negras y amarillas, quieren que su mano se pose en ellas para resistir el embate de tanta fuerza junta y que todas las cabelleras en un solo nudo lo envuelven hasta dejarlo exhausto y tendido exánime más allá de la avenida Collins, frente al mar que lo lame con salada compasión.
Subscribe to:
Posts (Atom)
La Fiesta de la Friducha
Seguimos
Podemos seguir andando, conversando, viviendo mientras los otros mueren mientras las bombas estallan en sus vecindarios dejando sin vi...
-
A mis falsos amigos yo les pido con sentida insistencia a sabiendas que el día en que muera no intentéis llorar o lamentaros por mí ...
-
La muerte aparece porque la buscan para que asista a los perros en sus enfermedades crónicas llega en un auto moderno con su maletincito i...
-
No soy capaz de extrañarte porque eres un recuerdo pez que se resbala sobre mi tiempo ido, eres eso que no se sabe dónde ni cómo apa...



