Friday, April 03, 2020

Adiós a René Rodríguez Soriano
Estábamos distraídos, revisando las noticias diarias cuando Luis lanzó un grito y perdió el aire, al tiempo que yo recibía el golpe frontal en el texto de Carmen Polanco: “Perdimos al poeta, se nos fue…”
René Rodríguez Soriano, nuestro René había sido vencido en la batalla contra el Coronavirus que días atrás se aposentó en sus pulmones, justamente en República Dominicana su patria, aquella que nos hizo conocer de manera poética en todos sus escritos, con olor a mandarina y nombre de mujer. Con René, supimos de Constanza, la región donde vio la luz del día y de su clima diferente, vimos la cadencia en el caminar de Julia, oímos viejas transmisiones radiales y supimos que cuando no queda más, queda la música. A través de sus libros, supimos de trotes y de tientos, de retratos a lápiz, de niñas gris metal y sobre todo, de su enorme y tierno corazón, rebelde en sus denuncias y tan gigante que lo desbordaba en su estatura literaria y física.
René, cómplice indiscutible en todas las actividades, pendiente siempre de cumplir sus compromisos como ningún otro. Esposo amoroso y abuelo enamorado. Lo vimos desmoronarse junto a Carmen cuando perdió a su Piero, lo vimos levantarse con el dolor atravesado en medio de su alma y dedicarse como siempre, a escribir y escribir sin tregua. Lo vimos hacer sentidos poemas a su hijo muerto y organizar juicioso como en todas sus cosas, la publicación de su revista MediaIsla, de magnifico contenido literario. 
Lo vimos, lo oímos leer con ese inconfundible y musical acento tan suyo, lo sentimos y nos acompañamos mutuamente en todas las jornadas. 
Ahora que se ha ido dejando tan sola a su Carmen, a sus hijos, a sus nietos y a nosotros sus amigos:
¡Cómo lo vamos a extrañar!
¡Cómo te vamos a extrañar René!
Las letras latinoamericanas pierden a uno de sus mejores representantes; 
René Rodríguez Soriano. 
Nuestro René.       

Sunday, March 29, 2020

Cuando pase la peste

Los besos embozados aguardan el regreso...

Cuando pase la peste 
si es que pasa 
cuando llegue el olvido  
si es que olvido
cuando pase 
la noche de la noche
cuando vuelva la risa...
si es que vivo. 

Tuesday, March 24, 2020

Hermano



Eso es lo que somos
eso es lo que queda
un mapa de nombres
muertos
que crece con los días.

Recorrí cada uno de tus pasos
vagué por la noche larga de
la ceguera.
La casa me esperaba
con sus gatos sordos
de los ojos claros
de las patas blancas,
ocupando
almohadones en tu cama.
Dicen que en los techos
tejieron las arañas
sus telas despiadadas
que en el polvo inclemente
se opacaban.
No había nada que hacer,
la taza del café sobre la mesa
quedó inmóvil
aguardando la mano
que del aburrimiento
la sacara.
Todo estaba quieto
todo estaba en orden
me tragué las mil lágrimas
mientras que todo
en los vasos,
las ollas
en paredes y muebles
inútilmente
a gritos como los gatos
blancos
te nombraba.

Midaz marzo 19 2020
Las tías,
seres maravillosos,
medio madres
en los avatares del destino,
amigas completas,
compañeras inseparables,
cómplices en todos los caminos,
vanidosas y frescas,
experimentadas,
buena gente,
tías, mis tías,
lejanas
presentes en todos mis actos
y mis sentimientos,
artistas
que nunca
se podrá llevar la muerte,
sobrevivientes del amor incondicional,
locas adoradas
en todas las batallas,
tías, mis tías,
las postizas,
las propias,
mis tías
en todos los amaneceres
que compartimos
y en los que no,
en los que nos mandó el olvido
y que derrotamos a puro amor
y constancia,
vibrarán para siempre
las cuerdas de sus guitarras,
los ecos de sus voces,
sus lienzos
y sus consejos de oro
en los momentos apropiados.
Cómo las quiero hoy,
donde quiera que se encuentren,
en cualquier lugar
donde ya no puedan recordarme,
donde no llegue mi voz
ni mi tristeza
adiós sin adiós
Adiós.

Midaz

Friday, December 20, 2019

El traje del emperador



The Emperor’s New Clothes*
By Martha Daza
From the beginnings of early literature, we learned the value of the truth faced against the weight of vanity and narcissism...
From the dishonest tailors, that offered the emperor the production of the most amazing outfit, that would measure the intelligence and loyalty of those around him, it would be sewn with precious stones which could only be seen by the clean and intelligent eyes of the inhabitants in his reign and those serving the court.
They measured and began the extensive labor, making his highness raise his arms, bend his legs, giving their mockery full force, because evidently, there was no thread or material. Once finished, the emperor would parade in his town, showing off this marvelous attire. The hypocrites that were invited, could not get past their awe and amazement looking at such an illustrious outfit, making audible commentary about the magnificence of the cloth, the cut, the elegance and the way the emperor wore it.
The streets were full with the entire town, with their mouths open and unable to utter a word. Everything went well and according to plan by the thieves. Until a child in the midst of the crowd, let out a scream and provoked unanimous laughter, " the emperor is naked!"
and the emperor remains naked, in front of this mediocre court, who is terrified of pointing out the lie, because they are now complicit and participants of this great lie. They pretend they have no misery, nor does the emperor, praising him and trying to block the sunlight with their small fingers, so as not to manifest the huge scam, while the man conceits exhibiting himself in front of the world that watches in disbelief.
We can hear loudly the voices denouncing the magnitude of the corruption of those who take advantage of the narcissism of one simpleton who still believes that he is wearing the emperor's suit.
Martha Daza
* Hans Christian Andersen’s short stories
El traje del emperador, desde el escritorio de Martha Daza, basado en el cuento de Hans Christian Anderson.
Desde la literatura infantil aprendimos el valor de la verdad enfrentada al peso de la vanidad y el narcisismo..
Unos sastres estafadores, ofrecieron al emperador fabricarle el maravilloso vestido que mediría la inteligencia y lealtad de quienes lo rodeaban. Sería tejido con hilos de oro y preciosas piedras que solo podrían observar los ojos limpios e inteligentes de los habitantes del reino y los servidores de la corte.
Tomaron medidas y comenzaron la elaboración haciendo girar al mandatario, subir los brazos y doblar las piernas al antojo de los costureros que se dieron gusto en la burla porque evidentemente, no existían los hilos ni la tela. Terminado el trabajo, el emperador desfilaría ante su pueblo luciendo la magnífica obra. Los hipócritas invitados decían no salir de su asombro ante tan ostentoso traje, haciendo comentarios acerca de la magnificencia de la tela, del corte, la elegancia y el porte del emperador.
Ya en las calles el pueblo entero abría la boca sin atreverse a pronunciar palabra. Todo marchaba acorde a los planes de los pillos hasta que un niño en medio de la multitud, lanzó el grito que provocó la risa general:
–¡El emperador está desnudo!
Y el emperador sigue desnudo frente a su corte de mediocres que no se atreven a señalar el engaño porque ya se hicieron participes y cómplices de la gran mentira. Disimulan sus propias miserias y las del mandatario, alabándolo y tratando de tapar el sol con los dedos para que la luz no ponga de manifiesto el engaño, mientras el hombre se vanagloria exhibiéndose frente al mundo que lo contempla atónito.
Ya suenan a lo lejos los gritos que denuncian la magnitud de la corrupción de aquellos que se aprovechan del narcisismo de un pobre hombre que sigue creyendo que porta a cuestas o viste, el traje del emperador.
Martha Daza

Sunday, November 10, 2019


No hay Chenco sin Patricia y sin Patricia no hay Chenco

Custodiados por árboles centenarios, los encontré una tarde “En medio del camino de la vida”  nos habían invitado a compartir su vino, su mesa y su sendero adoquinado rodeado de las tibias aguas que a ella le huelen a sal aunque son dulces, tal vez porque le bulle entre las venas el aroma de la costa rebelde que es su tierra. 
Anduvimos juntos por aquel lugar donde ellos, Patricia y Chenco, dedican sus horas artísticas, a la evocación de la belleza desde la memoria de sus antepasados en las murallas que resistieron piratas y sitios de tiranos, donde nacieron. 
Inmortalizando en el más clásico y elaborado oficio, retratos, rostros, talles, palenqueras, flores y bodegones, ella y figuras caprichosas cargadas de expresionismo Chenquero, él. Un ojo que lo ve todo a su manera irreverente, infantil y rotunda donde no hay espacio para la duda porque ahí todo está dicho.
Su árbol genealógico se cruza en el pasado como aquellos que nos dedicamos a abrazar esa tarde; entrelazando raíces y ramas altas que dan sombra y lustre a sus pasos, cansados ahora de tanto trasegar en este mundo ajeno a toda manifestación poética y renuente a la belleza y al arte.
Patricia y Chenco son dos artistas con el alma combinada en una sola voz de protesta, erotismo y fuerza, más conciliadora ella, no por eso débil, e inamovible él. 
Aquí no hay diferencias esenciales aunque así se muestren en sus cuadros, han compartido toda una vida y han fusionado sus inmensos sentires con diferentes colores que al descomponerse son los básicos. 
Como los troncos de los árboles que contemplamos en su compañía, sus propósitos se funden desde sus raíces engrandeciéndose en sus ramas que apuntan hacia arriba, señeros y abiertos a la luz que se filtra para dejarnos con ellos la sensación de un compañerismo, camaradería y fraternidad inigualables y una amistad sincera, imperecedera e irremediable.

Tuesday, September 24, 2019

C. Lápiz

(26 de julio 2019)

Que más da,
nos seguimos muriendo,
solo quedan los pasos
recorridos,
las calles, los discursos,
la escalera, el colegio,
los proyectos,
los jardines, los bosques,
los niños
los que fuimos
jugando a ser adultos
queriendo a toda costa
reconstruir el mundo
modificar el sino
de los tiempos...
y llegan estos días
que nos rompen,
que nos vuelven pedazos,
las horas de llorar
por los amigos muertos,
de saber que
ya no es posible
un nuevo encuentro
aunque sigan
los árboles
caídos floreciendo.
Adiós mi gran amigo,
compañero, maestro,
el de la reina mora,
depositario
de todos mis secretos
depositario
de todos mis afectos.
Adiós Rafael Josué
Hasta siempre

Friday, September 13, 2019

La fiesta de la Friducha

La maestría de Rosalinda Rodríguez en La fiesta de la Friducha

El tequila que nos ofrecieron cuando arribamos al teatro, nos preparó el sentimiento para lo que venía:
Una voz que rompió desde atrás de la escena, nos transportó al ambiente:
“Niña cuando yo muera, no llores sobre mi tumba, cántame un bello son ¡Ay mamá! Cántame la sandunga…” partiendo el corazón con La Martiniana, esa preciosa y vieja canción oaxaqueña, arranca La Fiesta de la Friducha, esas voces inician la tarde y resquebrajan los sentimientos que van quedando a flor de piel mientras se levanta Frida, que yace bajo un velo rojo, rebelde y alegre para contarnos de su vida desde su fiesta, la última exposición. A la derecha del escenario, la tejedora ha permanecido acuciosa, en su trabajo.
La música, las imágenes del telón de fondo, La Internacional, que no puede faltar en una representación de Frida Kahlo; La Chavela Vargas, André Bretón, Trotsky y el grito de Frida ambientan la función:
–“¡Con mi Trotsky no se metan!” –y colocan al espectador en el centro de la vida azarosa de Frida en el cuerpo de Rosalinda, que ha asumido todo su rol y su esencia. Diego permanece en la escena, amado, siempre amado, traicionándola con su hermana Cristina a quien también ama y odia en una lucha de sentimientos que la superan. Siguen las evocaciones de la complicada vida, del polio, del accidente, de los peores y los mejores momentos vividos, los abortos –una escena brutal desgarrando las entrañas y el corazón de la Friducha; la pérdida de su pierna y su cuerpo roto que habla en una queja rebelde.
Sigue recordando a su padre que la veía muy fea, a su amiga Tina Modotti, a Picasso y a todos los que jugaron un papel en su apasionada carrera, aparece fuerte en una especie de oxímoron frente a la debilidad de su salud y su cuerpo que se defiende a fuerza de espíritu. Desfilan por su recuerdo toda clase de personajes, el noviecito que la acompañaba el día del accidente que trituró su cuerpo en la adolescencia, –otra escena terrible-, por supuesto La casa azul de Coyoacán y en medio, esas voces mágicas que llegan y junto a la de ella, rompen la cordura y se suman a la estupenda interpretación de Rosalinda Rodríguez, siempre nube, siempre arriba, y lo llevan a uno al clímax y al llanto en el cierre con guitarrones de mariachis.
Grandiosa y poética puesta en escena de Lilliam Vega, con Rosalinda engalanada en su papel, grandiosa, apropiada del personaje que se muestra en toda la magnitud de su tragedia, acompañada de Carmen Olivares, Ivanesa Cabrera ¡Qué voz! y el grupo Ameyal. Todos, forman parte del engranaje de la obra, productores, diseñadores de luz, maquillistas, creadores de los audiovisuales, asistentes de dirección, jefes técnicos, ah y la pintora que recrea la obra de Frida. Todos ellos responsables de este resultado ideal.
Laura García, Papo, Milaydy Martínez, Armando Tejuca, Mariana Altamirano, Richard Rodríguez, Loipa Alonso, Agatino Zurria, Jorge Lorenzo, Amelia Sierra, Juan Cejas, Alfredo Armas con su lente y todos los que participaron en el excelente montaje y aportaron sus conocimientos y su arte en la producción y organización, se merecen un aplauso.
Nota: al llegar al teatro nos recibieron con tequila y  desde el fondo del patio, las notas de un conjunto venezolano que interpretaba el joropo y otros aires de la región, nos dejaron saber allá a lo lejos, que estaban cerca. Estos artistas que tocaban sin atravesarse, nos recordaron los inicios de esos exilios que nos parten el alma dejándonos su presencia solo con la música de fondo.
Midaz

Monday, April 15, 2019

Despedida

(octubre 8 2015)

Tiempo atrás
nos despedimos
sin presentimiento
nos fuimos yendo
sin saberlo
en una marcha muda
de adioses sin palabras
sin abrazos
sin mencionar
el derrumbe
que produjo en el alma
la distancia,
sin que se notara
la desventura
en las palabras.
Eso fue todo,
se nos fue la vida
no valió la coraza,
adentro el mundo
estaba roto
caído en mil pedazos,
fuimos paredes de una guerra
que se desmoronaban,
nos cayeron las bombas
en la frente,
y nos llovió el fuego
en la pisada
Nos fuimos
despidiendo
lentamente
llorando
cada silencio,
muriendo sin saberlo
con heridas calladas
que ninguna curaba.
Éramos poco
o casi nada,
los ídolos
caídos en el barro
de la desgracia muda,
emperadores sin pies
caminando en las brasas
dejando nuestra sangre
en el fracaso de la nada
en la infranqueable
distancia
de las almas.
Pataleamos, no obstante
sin rumbo y sin presente
sin recoger
-como el agua del piso-
pedazos ni palabras
nos habíamos despedido
lentamente
lo hicimos sin saberlo
en cada dolor
en cada madrugada
de olvido irreparable
pero eso no importaba,
sabíamos que estábamos
ligadas por la sangre
por cada palpitar
de vida
en las entrañas
Éramos una sola pena
que se lleva en la frente
un idéntico marco
definiendo los rostros
un solo gesto
en la inflexible mirada
y sobre el mismo pecho
de la muerte
abandonadas quedaron
junto a todos los sueños
nuestras manos cruzadas.


Thursday, March 28, 2019

Viva Roma




Viva Roma

Escribo esto por María Luisa, la joven que nos enseñó a cantar rancheras que ella oía diariamente en la Radio Metropolitana de la capital colombiana, por los "laureles tan verdes..." y los corridos clásicos de Juan Charrasqueado y Gabino Barrera, los huapangos y, por supuesto Adelita que pudo haberse ido con otro y debía terminar llorando si acaso el hombre que la amaba moría en la guerra, como él mismo se lo pidió. Aquel que la iba a seguir por tierra y por mar si es que acaso lo dejaba por otro.
¡Ay María Luisa, cómo te quisimos! Escribo esto por ella y por su hijo Carlitos sin padre, un niño mustio que murió al nacer y que la hizo abandonarnos provocándonos una enorme tristeza que casi no superamos, por su copete y su trenza negra, brillante y perfecta y por su boca roja y sonriente como ninguna otra, por su voz franca y recia, y sus afeites los domingos cuando iba a encontrarse con su amor.
Por Lilia, la muchacha alta y morena que nos cuidó cuando vivíamos en el paraíso terrenal, al lado de la laguna, aquella que no podía alcanzar el escalón del bus municipal que la llevaba a donde su familia también los domingos. Esto le pasaba por lo estrecho de su falda moderna y apretada que usaba en esas fechas para lucir bella frente a ellos o talvez frente al hombre que la enamoraba.

Por Alejandrina Murillo de lindo cuerpo delgado y flexible que nos habló a mi hermano y a mí de su tierra natal, el Chocó y nos enseñó mucho con sus evocaciones acerca de la alegría y la tristeza de su gente esclavizada años atrás y conminada a vivir en la pobreza de la modernidad que nunca llegó y aún no llega a su territorio.

Por Carlina, viejecita que nos enseñaba valentía sosteniendo la nevera que se volcaba amenazando nuestra pequeña humanidad y la de ella durante el terremoto que mecía los edificios y sacaba el agua de los tanques que estaban sobre ellos. Por su pañolón y su falda larga, por todos los cuentos que nos narraron a través de la infancia y que nos hicieron felices, mostrándonos lenguajes y paisajes ignorados. Por su invaluable compañía cuando la madre viuda tenía que trabajar y nos sentíamos perdidos en nuestra propia casa.
Por su trabajo pesado y variado, por el mundo de fantasía que creaban para distraernos y hacernos reír, porque fueron maestras fundamentales en nuestra educación y nos enseñaron la curiosidad por panoramas desconocidos que ellas amaban y que a pesar de eso tuvieron que abandonar, por esos pueblos donde nacieron, de los que conservaban vivos los recuerdos, sitios que para nosotros eran fantásticos y remotos. Por los vívidos recuerdos de ellas trasplantados directamente a nuestros corazones infantiles, por todo eso y por mucho más; benditas sean las señoras del servicio doméstico en cualquier lugar del mundo.


Sunday, March 03, 2019

Voy a contarle a Dios


Frase de un niño poco antes de morir 
tras sufrir los horrores de la guerra

Llegarán en multitudes 
los niños 
para contarle a dios 
que los quemaron 
vivos
que mataron sus padres
y sus ríos 
en atardeceres 
de fuego real 
y en despertares asesinos, 
que el aliento candente 
se llevó las paredes 
de su casa 
en una bocanada 
interminable 
que penetró los vientos 
y multiplicó los gritos 
más allá de la noche 
que quedó al descubierto 

II


Llegarán

llegaremos
Para contale a dios
que nosotros los niños
tuvimos que huir 
entre los muertos
dando saltos muy grandes
con las piernas pequeñas
para no tropezar
con otros niños 
para no salpicarlos
con otra sangre ajena
con otra sangre grande
que la propia era tibia
y abundante.

III


Tú sabes si lo sabes 

que 
algunas veces 
no nos fue suficiente
la fuerza de los pasos
y terminamos pisándolos
o tendidos con ellos
con la cara en la suya
cara mustia
manchada con la sangre
con la cara de
frente a la
impertérrita mueca
inexplicable
de la vida sucia 
de la guerra
inútil
de la muerte muerte
inexpugnable

IV


Tú sabes dios 
que en nuestra 
casa grande
no quisimos
morir ni verlos muertos
que llegaron los hombres
con sus armas
que llegaron las bombas 
que llegaron los tanques
y que llegó
la noche inevitable.

Thursday, March 22, 2018

La desmesura de Chenco




Mientras conversaba con mis amigos Chenco y Patricia, artistas ambos, que habían llegado a visitarme en la convalescencia de una delicada enfermedad, sucedió algo inesperado. Arribaron sonrientes y dadivosos portando una caja de comidas preparadas para alimentarme durante una semana, –era la segunda vez que lo hacían– además de interesarse y averiguar telefónicamente por mi mejoría, ahora hacían acto de presencia. Repentinamente un estridente grito rompió la calma de la tarde, se coló por los intersticios del salón y explotó con fuerza en la blanca piel de Simón Gómez –nombre real del pintor– que se tornó roja por la emoción, fenómeno que sucede muy a menudo. El grito se debía a la presencia de un hombre armado en las inmediaciones de las escuelas donde estudian sus nietos, esta reacción era comprensible después de las angustias y la pena por una masacre de estudiantes y profesores, que vivimos en un plantel del vecindario poco tiempo atrás, precisamente en el día dedicado al amor y la amistad. 
Chenco no pudo contenerse porque esa es su forma de ser; apasionada irrefrenable, total. Lo dice cada una de sus pinceladas sin importar el gesto asombrado de quienes ven su obra, porque sus cuadros son un escándalo de color; rotundos, expresivos, únicos en su diálogo permanente con el que los mira, no necesitan la retórica de la crítica, por sí mismos se presentan y se desnudan en las paredes retando la inteligencia y la sensibilidad de los observadores.
Chenco es una voz irreverente, hosca, dulce, estridente y apacible a pinceladas, es la realidad, la desfachatez del grito y la cordura del amor hecho arte, un arte único que no acepta comparaciones ni titubeos, es Chenco, la línea brava, el meticuloso tejido de rostros infantiles y severos, de figuras danzantes y atrevidas, de paisajes floridos y exuberantes, de eróticas propuestas, de perfiles forzados amarillos y azules, de explícitos fulgores: Así es, la desmesura de Chenco.  

Tuesday, March 13, 2018

Cambio de piel

Lo más temido siempre ocurre
y lo más deseado también

Deseaste tanto que yo no existiera y ya lo ves, me he muerto y lo he hecho frente a ti sin que te percataras, empecé a morir lentamente, primero en el endurecimiento de mi carne, luego y mientras el reloj hacía su silencioso recorrido de la noche y de las horas imperceptibles, fui perdiendo los ojos y el mundo se volvió borroso, el sonido de tu voz se volvió remoto, se puso a pasear entre las nubes frías del invierno que se posesionó de mi cuerpo en tu compañía, se alejó rápidamente y solo un silbido acompañó mis últimas horas de la ausencia presencia que me colmó desde afuera como una sombra bajo la cual mi cuerpo se acomodaba sin saberlo. Ella como un buen árbol me cobijaba y me pulverizaba como a un castillo de arena en el asedio del viento, cada paso de sombra me derrumbaba dañándome, penetraba mi ámbito más hondo y se aferraba terco entre mi sangre.
Entonces comencé a recordar episodios de dignidad y frases célebres como aquella de que "esta humanidad ha dicho basta y ha echado a andar" di media vuelta y me olvidé de todo, eché a andar por primera vez en mi vida LIBRE sin temer que al final de la jornada, alguien me recriminara por mis actos. Anduve limpia por calles y desiertos, besada por la brisa, tomada por el frío, feliz entre las sombras y entre la luz, ajena a los que me miraron pasar con mi cara de loca buscando algo más allá de mis pasos, pronuncié palabras y las escuché con el asombro de quien nunca ha oído su propia voz.
La sombra iba quedando atrás, deshaciendose en los pasos, sacudiéndose entre la socorrida luz de un despertar etéreo, lejano al alboroto y a la vulgaridad anterior, tiré mi carne como un animal que cambia de piel, y sin coraza, enfrenté la novedad de la plenitud desconocida, me acerqué por la arena hasta la espuma, saboreé la sal y me hundí liviana entre las aguas que acabaron de purificar lo que quedaba de mi angustia.   

Thursday, March 08, 2018

Lo que me queda de ti es exactamente lo que perdí y debo vivir con eso que se parece a la nada ya que es todo lo que tengo.
Efrain Medina

No queda nada
porque no había nada 
torno atrás 
los recuerdos
que me
acechan
feroces en la madrugada
que me enseñan
la nada de la nada
el enorme vacío
tu nombre
derribando
la mirada
el oxido implacable
mancillando el fulgor
de la rosa
a dentelladas
la invasión
del olvido
en la deconstrucción
de lo soñado
Nada en la nada
de otro nombre suelto
labios sedientos del abril lejano
fingiendo un beso en la
memoria fragmentada

Saturday, February 24, 2018

En el día del amor


No tenemos palabras,
ya no existen poemas,
todos han muerto
con una bala 
que apagó su pecho
con una bala en la espalda,
con una bala atravesando
su cuello y su garganta,
con una bala asesina
alojada en sus entrañas,
todos han muerto
y hemos muerto todos
y así heridos de muerte
condenados por siempre
a la mirada limpia
de la muerte niña
de los niños muertos
a la mirada turbia
inexpugnable amarilla
del otro monstruo niño
que les quitó la vida.


Midaz 2/14/2018

Thursday, November 16, 2017

El número cuatro



Cada vez que el joven hacía su ingreso a la librería del barrio, la gente que acostumbra a sacar conclusiones sin mayor información lo observaba con cierta curiosidad y admiración creyendo por su figura y estatura, que se trataba de alguien destacado en la actuación o el modelaje. Con la mirada seguían sus pasos hasta los libreros, hacia donde se dirigía, esperando algún gesto que confirmara sus predicciones, pero debían seguir especulando, porque el hombre no miraba a nadie. Debido a su aspecto impecable y sus enormes ojos azules, su boca amplia y sus manos perfectas de dedos largos que evocaban el teclado de un piano; también imaginaban, ¿por qué no hacerlo? que se trataba de un afamado músico, Los trajes claros de corte perfecto que acostumbraba usar, delineaban un cuerpo esbelto y musculoso producto talvez de muchas sesiones en un gimnasio que era lo que se sabía, estaba de moda en el mundo superficial de las redes sociales y la televisión que se imponía a la hora de juzgar.
Se sentaba el hombre en la mesa redonda, colocada como muchas, en el rincón de una salita privada con vista a todo el local a través de los cristales, las mesitas de cortesía estaban por todas partes con la clara intención de que los lectores que llegaban durante el día tuvieran la comodidad de hojear los libros y deleitarse con las historias contenidas en ellos amontonándolos allí, sin necesidad de retornarlos a su lugar.
Aislado, el visitante después de escoger en los estantes del fondo algunos tomos de variado tema, pasaba las horas con la cabeza inclinada y las manos crispadas sobre ellos en lo que se suponía una interesante lectura, nadie podía imaginar lo que ocultaba aquel personaje. Sucedía que cuando descuidadamente las personas se acercaban a poca distancia o cruzaban el umbral del saloncito, se retiraban disgustadas con un gesto de asco en su rostro. 
-¡Algún defecto debía tener!, exclamó bruscamente una señora con el ceño fruncido mientras se retiraba rápidamente hacia la puerta del local, para escupir su repugnancia sobre la acera.
La pareja que había forjado libro a libro aquel oasis de lectura, en una ciudad plástica poco afecta a la cultura, cuyas puertas se confundían con las de un salón de masajes que funcionaba las 24 horas y las de una tienda de trajes atrevidos para chicas jóvenes que a lado y lado del recinto ofrecían sus servicios destacándolos con letras de neón; estaba de acuerdo con la dama. Ellos que habían construido el lugar con un inmenso amor por la literatura con la intención de realizar tertulias, invitando autores locales y exhibiendo cuadros de diferentes pintores, para fomentar de esta manera, el arte y las letras; también habían notado que alguna cosa no estaba funcionando bien con el lector -"algo se pudre en Dinamarca" se decían y se miraban con incredulidad de ojos espantados por un secreto turbio. Se atareaban luego, desinfectando los rincones, los muebles y todo lo de la habitación cuando al recoger lo que el lector asiduo dejaba en desorden, un hálito macabro, un tufillo hediondo se respiraba en el ambiente. Adquirieron la costumbre de asear los libros con toallitas húmedas de alcohol que comenzaron a decolorarlos. Todo lo que él había recorrido con los inquietos ojos azules y manoseado, acariciando extrañamente con sus cuidados dedos, adquiría una inexplicable esencia repulsiva que ellos querían borrar con perfumados atomizadores.
Existía una leyenda según la cual, en sus últimos días los señalados por la muerte, expelían un olor nauseabundo que hacía imposible a los demás, acercárseles a menos de un metro. Se hablaba de Ignacio Sánchez Mejías antes que el toro ‘mugiera por su frente’ y de varios destacados personajes que aparecían en grandes obras de la literatura universal; que esto sucedía como un previo anuncio mortecino de los acontecimientos.
Inicialmente el hombre en cada visita tomaba un solo libro de tapa roja, pasado un tiempo, seleccionó dos con carátula del mismo color y en un periodo de seis meses, había llegado a cuatro volúmenes que aparentemente leía y releía con asiduidad. Los escogía de los estantes más alejados de donde se concentraba la gente que conversaba alegremente y en su rincón se embelesaba en ellos. Si se observaba con detenimiento, se le veía descartar uno a uno, el primero, luego el segundo, el tercero hasta ensimismarse en el último; el cuarto, que manoseaba con un secreto gozo que le brillaba en los ojos como si representara un placer inusual en su misteriosa forma de tratar los libros.
Algunas noches, desde la librería se le vio pasar agazapado entre las sombras con una gabardina oscura como su rostro de esas horas que cambiaba extrañamente, corría cubriendo su figura ahora desgarbada y descuidada. Así lo vieron las empleadas durante el inventario mensual que les tomaba varias noches y lo comentaron en sus conversaciones matutinas.
Comenzaron las murmuraciones sobre el hombre y el olor que expelía a pesar de su aparente limpieza y sus uñas cuidadas. Un aroma dulce a podredumbre, hacía su aparición en ocasiones espaciadas y todos coincidían en que era insoportable, se supo que era similar al de las esquinas del área de la basura en el centro de la ciudad, donde habían aparecido en estado de descomposición varios cadáveres de habitantes de la calle, asesinados en los últimos seis meses, marcados todos ellos con un número en la frente que había sido dibujado con su propia sangre.
Cuando apareció el muerto número cuatro, el lector misterioso, asediado por una enorme culpa que lo atrapó por el cuello y no lo dejó respirar en su solitaria guarida; salió corriendo por las calles y confesó a gritos, ser el autor de cada uno de los crímenes. Dijo que se vestía en las noches como ellos, se ubicaba en las esquinas a observarlos infiltrado en su actividad de solitarios, hasta asestarles la puñalada mortal que le ensuciaba las manos de dedos largos con una sangre contaminada que él se limpiaba en la frente de sus víctimas, dejando su peculiar mensaje cifrado para la policía que no lograba ubicar al asesino en serie que desde hacía seis meses, había asolado la ciudad, ensañándose en los desamparados que dormían en las calles y en las bancas de los parques.  

Midaz

11/17     

Wednesday, October 04, 2017

Voces


Cuando con mucha amabilidad la condujeron para introducir su cuerpo entre un túnel iluminado y la acomodaron entre las sábanas blancas, estaba un poco temblorosa, temiendo hacer algo incorrecto que dañara el resultado del examen e impidiera su curación si padecía alguna lesión cerebral.
Aunque leyó en sus insomnios de madrugada que los golpes recibidos en la cabeza, producían una enfermedad complicada que no lo parecía tanto porque terminaba reducida a tres letras mayúsculas y que solo era posible diagnosticarla después de la muerte de la víctima, ella, necia tenía la esperanza que eso no se cumpliera en su caso y que alguna muestra de sus padecimientos quedara registrada en el sofisticado sistema del aparato que la abarcaba intentando descubrirlos. Entre los escogidos por la enfermedad, figuraban atletas, militares y aquellos que repetidamente recibían golpes contundentes en el cráneo. Un parpadeo veloz le trajo la imagen de Macario que se diluyó rápidamente frente a un muro.
Las enfermeras habían cubierto sus oídos con unos algodones que le molestaron pues le recordaban de alguna manera los cadáveres de las morgues de los hospitales, taponados con la blancura de sus copitos como si la muerte se pudiera escapar por los orificios. No siempre fue así la sensación del algodón, años atrás su tersura rebelde entre los tallos, la había emocionado en los campos del sur de los Estados Unidos, recordándole los escenarios de las novelas de Faulkner, donde conoció desde un tren en marcha, el origen de los mismos. Los vio adornando coquetamente níveos las plantaciones enormes que luego producirían camisetas, ropa interior, toallas y frescos trajes de verano. No entendía por qué hoy la sensación era distinta. Manchada por esa clase de saetas veloces que cruzan sin responsabilidad la imaginación y que en su breve aparición logran hacer mella en el distraído corazón. Los copitos aparecían ahora sin romanticismo, en una visión un poco macabra, que la hacían sentir incomoda, pero era necesario borrar esos pensamientos y echarse a flotar en su túnel salvador.
Sacudió la cabeza que le dolía un poco y se lanzó a la aventura, decidió no tomarlo como un examen médico sino como una gran exploración de la renovada maquinaria en la sofisticada tecnología de la salud que sacaba a flote los más íntimos desvíos. Repentinamente la invadió una alegría infantil de descubrimiento y hasta cierta paz invadió su pecho alterado momentos atrás.
La prueba comenzó muy bien, una suave música no dejaba adivinar lo que se venía. Comenzó el cambio y las notas tenues se transformaron rápidamente en un traqueteo de tren antiguo manejado por máquina de carbón, como un tic tac, un chocar de fierros sin pausa, un reloj que ha reventado la cuerda y que poco a  poco se convierte en un torrente, en una voz imperiosa, intensa, enorme, incontenible.

Pasaba el tiempo y el ruido arreciaba, crecía, crecía hasta encima de las montañas, y como una catarata aumentaba su volumen para caer en decibeles insoportables que tomaron características familiares y el grito al reventar en la roca, se oía claramente con la severidad de una orden irrefutable:
–¡Suba!, ¡suba!, ¡suba!, ¡suba!, ¡suba!, ¡suba!– y al cambiar la intensidad y avanzar la prueba, la voz se agigantaba y la autoridad también:
–¡Salte!, ¡salte!, ¡salte!, ¡salte!, ¡salte!, ¡SALTE!–  y así, inmensa insoportable, terrible, la voz creció y creció, hasta que ella, reducida a un gusano que se arrastraba por el suelo del consultorio, se acercó al ventanal del elevado piso desde donde se contemplaba imponente la ciudad con sus luces, sus cantos estridentes y sus sirenas rojas y azules.
Se levantó de pronto e intentó huir del ruido con toda la fuerza de su miedo, corrió sin rumbo hasta la luz que la sedujo con la voz resonando impertérrita en sus oídos. Frenó su curso de embeleso y terminó cortándose al romper el vidrio con la frente tal como lo había visto hacer en la película del fin de semana... y obedeció la orden. 

Midaz
Coral Springs, octubre 2 2017


Saturday, October 31, 2015

Madre



Hoy 8 de octubre, 
el otoño me hiere en sus colores
  ¡Dios mío ayúdame a soportar esta orfandad!

Fue el grito desgarrado que encontramos en su devocionario, cuando después de dejarla abandonada en manos extrañas regresamos a su casa para que el dolor nos lacerara con cada uno de sus recuerdos.
Murió, no podemos hacer cuenta de las horas, está muerta y nosotros seguimos vivos para que cada uno de sus pasos nos conduzcan al infierno de las dudas, de las posibilidades desaprovechadas, de los errores y las postergaciones. Murió la más linda de todas las mujeres, a la que quería con las mismas dimensiones de cuando niña, con un amor tan grande en mi universo: ‘como la bolita del mundo’ a quien cuando fuera grande y trabajara, le iba a comprar un palacio dorado en las nubes, con caballos y flores de ensueño. Madre, mi todo, el único camino hacia la felicidad por el que luego me perdí sin retornos.
Madre, palabra desgastada que no abarca el verdadero concepto, madre, estás ¿quién sabe dónde?, tus blancas manos una sobre otra con tus uñas perfectas, lidiando contra las llamas de las que no pude salvarte.
Madre la noche nos cayó completa a ti y a mí, madre, mi madre y no encontramos senderos ni reencuentros. Te busqué inútilmente entre los manteles y las carpetitas que bordabas, en las fotografías y las paredes que construiste para abrigar nuestros sueños de niños, pero nada te muestra, una soledad aplastante se desprende de ellas.
No te encuentro, no pudiste esperarme, se te derrumbó la fuerza que te sostuvo y me sostuvo durante toda la  vida, la que estaba presente cuando agoté las lágrimas que venían contadas, la que me guio y me enseñó cómo burlar al destino que nos deparaba cosas terribles, manteniendo siempre una luz al frente.
No estás, no estarás, no podré verte, sólo tu voz en mis oídos me repite miles de palabras que te escuché pronunciar antes que a nadie, seguiré con los ojos cerrados su sonido, hasta agotarme, hasta secar estos ríos que me acechan y que rompen su cauce sin encontrar salida.
No pudiste enseñarnos a burlar esta pena de tu ausencia, la más honda y más larga, la más fiera y más triste, esta que con sevicia y a dentelladas amenaza con destruir los cimientos de la cordura y el valor aprendido a tu lado en otras muertes.
La ciudad que te guarda nubló el rostro de lágrimas impidiéndonos la mirada cuando te dejábamos sola, los cerros que la víspera nos arrebataron el corazón en sus cumbres, no nos dejaron ver cómo te abrigan verdes.
Adiós sin adiós,

señora mía,
allá seguiremos siempre

tomadas de la mano
en las

alturas sin compasión
donde los ojos
te buscarán sin verte

con las almas dolidas
cuando te sienten,
en el juego perpetuo,
que otra vez como siempre
nos lo gana la muerte.

Octubre 15
  

Saturday, November 29, 2014

Ayotzinapa


Iguala: ya volverán
Ayotzinapa: río de calabacines y tortugas



Aprendimos a pronunciar 
tu nuevo nombre 
Ayotzinapa
 y ya no era en náhuatl. 
Te cambiaron el nombre 
Ayotzinapa, 
hoy eres región de noche herida 
coagulada de espanto,
horrorizada,
aprendimos con miedo 
Ayotzinapa 
a deletrear la pena de tus campos 
que guardan el recuerdo de aquel
sueño 
fresco surco de nueva madrugada. 
Hoy te cubre la pena y la ceniza, 
indeleble dolor música helada
muda entre la orfandad de los cultivos
de la alegre y osada muchachada,
el llanto de las madres que los buscan 
entre el rastro del fuego y la mentira 
que se tira al desgaire
y llega de promesas disfrazada.
Aprendimos de Iguala y de Guerrero 
de esa tierra sin ojos ni palabras 
plagada de mil tumbas 
desangrada. 
Aprendimos vergüenza entre tu nombre, 
dolor en tus montañas horadadas 
a la hora fatal de los muchachos, 
entre el fuego y la sangre derramada, 
cuando nadie de allá los escuchaba, 
cuando el grito de muerte se acallaba 
y el coro con cuarenta y tres puñales 
se esparcía en el aire con sus filos
clamando horror y sangre
clavándose corruptas y certeras
entre las vidas que segaban, 
cuando el mundo dormía y descansaba,  
y el gobernante que dictó la orden 
embriagado de gozo entre los bailes, 
negociaba con manos asesinas
las monedas del crimen que saldaba, 
mientras la noche se inundó de sangre
y un nuevo párpado de luna se cerraba.
Hoy seremos tu grito 
Ayotzinapa, 
seremos el perfil de aquellos rostros 
que en la infamia las bestias desollaban 
seremos el recuerdo, nombre vivo 
de las voces a fuerza silenciadas.
Te cambiaron el cauce Ayotzinapa 
el río de tortugas se ha quebrado, 
se enturbiaron sus aguas con el llanto
de las vidas que fueron mancilladas.
Los calabacines se pudren, en
el huerto
sin las manos que ayer los cultivaban.
Hoy seremos tu voz 
Ayotzinapa 
el grito de justicia en la garganta 
pero en Iguala resucitará otro nombre 
en el 
¡YA VOLVERÁN! 
multiplicado 
en la vida de miles de estudiantes 
de voces levantadas,
en miles de cosechas y enseñanzas 
que no podrán callar nunca 
ni el fuego ni las balas.

Wednesday, July 30, 2014

Tierra prometida




La pólvora no llega 
a celebrar el alba, 
la pólvora no llega 
en luces de bengala, 
su reflejo de muerte 
y de noche anunciada,
los enceguece a todos 
quebrando la mirada, 
los niños aterrados 
no alcanzan a esquivarla 
y quedan las esquirlas 
en su piel calcinada. 
Llueven bombas y bombas
en la ciudad sitiada 
llueve fuego en la calle 
y llueve en la ventana, 
la lumbre despedaza 
lo que antes abrigaba 
y la muerte se toma 
lo que ayer fue morada. 
El resplandor retumba, 
los oídos estallan, 
los niños mutilados 
con sus madres se apagan 
y los hombres resisten 
con sus hondas templadas, 
aguardando el milagro 
de la historia sagrada.

La Fiesta de la Friducha

Seguimos

Podemos seguir  andando, conversando,  viviendo  mientras los otros mueren  mientras las bombas  estallan en sus vecindarios  dejando sin vi...