Friday, July 31, 2009

Debimos ser tan leves en el tiempo
Imperceptibles partículas en vaivén perpetuo
Para que no nos alcancen los recuerdos ajenos
Para que no nos baste con los nuestros.
Talvez sólo eso fuimos
El leve resplandor de algún cometa muerto
Iluminando instantes de silencio.
La fugaz certidumbre de un encuentro
Polvo lunar de algún reflejo etéreo
La breve vida de la mariposa al viento
Lágrimas de cristal lluvia y lamento
Mil hojitas de azahar volando lento.
Después de la precariedad
de un día cualquiera,
atenaza a las horas
la fatiga de ser
la simple brizna
con la que juega el viento
la certeza del tedio contenido
en cada amanecer.
Las noticias, la radio
nos confirman el balance
fatal de ser lo mismo
de seguir atrapados
a pesar del intento
de soñar ser eternos.
No estaba nada dicho
Las palabras atadas esperaban
su tiempo
agazapadas en lo más oscuro del silencio.

Deseo

Quiero hundir mi cabeza
entre tus manantiales tibios
Saborear gota a gota tus delicias,
beber hasta el cansancio
sin saciar mi sed de ti
los aromas eternos
venidos desde adentro en contubernio
entre cuerpo y placer, sabor perfecto,
equilibrio sin par de dos deseos
que se enfrentan sin fin desde el comienzo
de los tiempos.

Thursday, July 30, 2009

Poemas del insomnio


Uno.
La noche huele a amores fracasados
que cumplen el ritual
y las imposiciones,
repetida ceremonia maquillada
de palabras trasnochadas y tristes
que en el fondo ocultan el dolor
de las obligaciones por cumplir,
besos practicados para el momento indicado
de la necesidad.
Marioneta de oficio
la realidad es un vacío permanente
y el recuerdo es otro vacío sin posibilidades en el tiempo
por llegar.
Mientras tanto la sabiduría reposa en los anaqueles,
viejos libros empolvados que nadie leerá
porque la vida les pasó de largo
y los sumió como al amor en el olvido.

Wednesday, July 29, 2009

Quemando las naves




Volver hacia atrás es un ejercicio masoquista un retroceso inminente a todo lo superado, mirar hacia atrás es restar, tratando de encontrar el tiempo pasado que dicen que fue mejor, sin entender que la vida son fragmentos, momentos; que nada es mejor ni peor sino instantes irrepetibles que luego evocamos para conservar algo de la felicidad que nos proporcionaron y que no supimos reconocer al vivirla.

Recorro desde mis febriles catorce años, la adolescencia apresurada de la vieja canción, porque esos fugaces momentos de la adolescencia pesan en el corazón que los conserva intactos con todos los olores y sabores, con los estremecimientos y los fervores. En esos tiempos nuevos, ignorarlo todo e irlo descubriendo con asombro al paso de los acontecimientos es la felicidad, lo que nos declara vivos y nos dicta lo que haremos después.

Ahora todo está dicho y lo nuevo ya no nos asombra porque siempre le descubrimos aquel tufillo anacrónico, aquello a lo que ya le dimos mil vueltas en el carrusel que representa la vida. Si tú vivieras mirarías cómo todos los acontecimientos giran sobre su eje cumpliendo a cabalidad con el mito del eterno retorno, continúan los mismos con las mismas, más viejos y resabiados, ni siquiera perfeccionan sino que repiten una y otra vez los mismos esquemas, se turnan, utilizan el mismo lenguaje y las mismas estrategias que de tan usadas producen asco. Han sofisticado los métodos de limpiar el camino, han creado nuevos ejércitos y nuevas tácticas, pero continúan siendo los mismos tras sus renovadas máscaras. Extienden su poder, negocian y se venden al mejor postor que casi siempre es el mismo de la mano larga, acumulan terreno y objetos para diferenciarse y para sentirse mejor, pero no lo consiguen, lo que pasa es que se toman mucho tiempo en comprenderlo, el tiempo de las generaciones que les siguieron. Han acelerado la miseria y la corrupción que ya no consigue cómo cubrirse por que ahora alguna gente ha aprendido a distinguir y sabe que no todo lo que brilla es oro, que existen imitaciones burdas de lo bello y que la realidad es de plástico recubierto con colores llamativos. No todos lo saben, muchos caen en la trampa pereciendo bajo los resplandores y consumidos en el estiércol de esta sociedad que devora a sus víctimas sin darles oportunidad y nosotros que quemamos las naves del retorno a lo que nos fue querido, a nuestra Itaca, sagrada ciudad canalla, contemplamos impávidos el desastre sin saber si es el final o si solo es el comienzo del nuevo ciclo de errores compartidos y repetidos hasta el infinito.





Tuesday, July 21, 2009


Tengo miedo a despertar de este delirio donde estás sonriente...

Friday, July 10, 2009

Cápsulas degeneradas

AGUA
Caminé hacia el baño plena de grandes ideas que se escaparon por la ruta del agua, hacia el torrente multitudinario del barrio, de la ciudad, del mundo. El agua universal que fluye y se devuelve cargada de excrementos y de residuos, de medicina, locura y sangre camuflada entre cristales de roca, con bordes dorados sobre impecables y almidonados manteles blancos o en botellitas que luego atragantarán a los delfines.
¡Agua subversiva!

CARNE
Nos alimentamos de la angustia de la muerte de las vacas, del grito del último pasillo del matadero, de la inflamación lograda de los pollitos que ya no dicen ni pío, del horror de los cerdos perseguidos para la estocada final y terminamos en la vaca loca. Luego las exquisitas cenas, los elaborados manjares, correrán junto a los panes de la pobreza por las alcantarillas rumbo al mar y a los acueductos para ser purificados y re-engullidos como una sola gota por todos los paladares, sofisticados y corrientes.

FIN

En una sola hora pueden alinearse los planetas y desbordarse los mares y toda la lujuria inundada no palpitará al roce de una mano que se pose en la flor bajo mi falda levantada.
Penetrarán estrellas con espadas atroces los lagos de la noche y cantarán los himnos de voces atrapadas, la macabra leyenda apocalíptica de los astros conspirando en el cosmos contra nosotros.

Sunday, July 05, 2009

No Somos Nada (Uno)

Somos tan insignificantes flaco, no importa si nos esforzamos por aparecer en todas partes, por querer manejar a todas las personas que nos rodean, bajo todas las circunstancias. No importa si queremos ser el centro del mundo, la novia en la boda, la quinceañera en la fiesta, el comandante en el movimiento, el candidato en la elección. No importa amigo, si todos sabemos que no somos nada, somos menos que la explosión de la avioneta roja después del cañonazo; menos que la bomba con la que pretendieron borrarnos de la faz de la tierra, somos menos que el fuego que nos consumirá hasta calcinarnos, menos que los gusanos que nos devorarán, menos que la luz que nos enceguecerá. No somos nada compita, somos algo menores a la huella de un insecto en la sucia puerta de un burdel (hay hermosísimas y limpias puertas de burdel). Somos mucho menos que el polvo en la ceguedad del aquilón, como dijo el poeta, menos que todas las expresiones y los sentimientos perdidos en el olvido, en el silencio y en el anaquel de los recuerdos, o sea, menos de lo que no se ha dicho, ni se dirá. Menos que los gritos congelados en las montañas, menos que los cadáveres insepultos, mucho menos que los escritores y las cucarachas; mucho menos que el amor y que el odio, que tampoco prevalecerán cuando todo sea nada y cuando el big bang cese en el infinito, por un estruendo mayor que lo apagará para los oídos de los científicos y para la sordera de los demás mortales.
No somos nada y sin embargo queremos ser todo, que nos amen como a ningún otro, que nos tengan en la cuenta de los favores y los honores, en la lista de los invitados o cuando menos en la mira de los perseguidores, para aparecer en los diarios de la ciudad, del país y del mundo, como las víctimas enaltecidas.
Nos seguiremos estirando la piel, nos aspiraremos la grasa de las entrañas, nos fabricaremos las largas uñas y los senos, las nalgas y la nariz; seguiremos camuflando la vejez bajo galones de tintes y cremas mágicas, nos maquillaremos los labios y los ojos (ni una pestaña en desorden), para ser los más lindos, los más importantes, los mejores, aquellos mencionados por los notables y por los vulgares, aquellos que siempre están en todas partes.
Pero no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos, no llegaremos, no superaremos los terremotos ni el desastre final, no trascenderemos el apocalipsis de los hombres ni de los montes. No seremos cauce en los ríos ni fiesta en la lava de los volcanes, no subiremos al cielo ni descenderemos al infierno cuando los demonios se desboquen en la lucha con los dioses, que no nos protegerán cuando la bestia que nos habita se confunda con la bestia de los demás y sean una sola fuerza que también se perderá en los huecos negros del olvido y el desastre que dará origen a otros que igual que nosotros buscarán la notoriedad en una desportilladura del tiempo.

Wednesday, May 20, 2009

La casa en el aire, homenaje a una historia de amor

 
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Homenaje al Maestro Rafael Escalona que musicalizó mis primeros pasos de amor en las tardes de viernes del colegio.

Wednesday, April 15, 2009

Frases sueltas para un intento de carta impersonal

Anduve desconfiada por tu territorio de arenas movedizas
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.

Tuesday, April 14, 2009

No Somos Nada II

Eso serás en mi abandono, me dijo;
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
 
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El sueño se hizo realidad...

 
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Thursday, March 19, 2009

Hay días indescriptibles, días bellos, hoy me regalaron un arco iris...

 
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El agua diluída
la flor sangrante
el fuego de los ojos
la claridad danzante
dibujada en el aire
de la tarde.
La Gata en el Tejado

La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados


Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.



Uno

Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos

En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.

En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde

En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca



Dos


Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada

La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad


La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón

El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos

Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana

Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz

Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre



Tres


La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar

Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad

Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad

Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.


Canta la loca

Tuesday, September 16, 2008

El cuerpo del delito


Reflexiones a propósito del libro “Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza

Julio Pino Miyar
Los poetas, ¿de qué estúpida guerra son ellos los sobrevivientes? El rapsoda que ha entonado su mejor canción sobre las ruinas dejadas por las batallas, las humaredas que se levantan sobre los campos exterminados, las vidas destruidas y la reciente proeza de los héroes, poco o nada tiene que decir cuando es Colombia que agoniza víctima del peor de los infortunios, porque a ella no le será jamás dado el verso clásico de Homero y de Virgilio.
Pues en nombre de quién se pueden volver a entonar para la posteridad los himnos ante las piras funerarias, si es una guerra mucho más larga y cruel que la de Troya, pero donde no ha habido ni habrá vencedores ni vencidos.
Homero, en sus hexámetros, es la memoria ardiente de Ilion, la base referencial de casi toda la literatura clásica griega. Virgilio, por su parte, buscó, en su verso latino, componer para sus contemporáneos la memoria épica de Roma. Pero Colombia no necesita que un poeta redacte sus memoriales, los vemos todos los días captados por los lentes de los reporteros de la guerra, en los noticiarios del mundo, en los discursos, la estulticia y el sadismo de los dirigentes políticos de los grandes Estados. Una guerra moderna carente de posteridad, dolorosamente doblada bajo el peso de una crisis moral como razón mayor del exterminio.
¿Qué es si no la guerra, que un girar en círculos sobre un mismo pensamiento y una misma obsesión? ¿Qué es el pensamiento político de izquierda? Creer haber sido parte de una idea, ofrecido un compromiso, una motivación que trascendía los parámetros individuales, que crecía hacia la dimensión del altruismo, la solidaridad y el idealismo. ¿Qué es el exilio? Un gravamen sobre nuestras conciencias para supuestamente resucitar en las tierras de nadie, en los lugares más ajenos de la indefinición y el olvido. Y, ¿qué significan el arte, la literatura entonces? Se lo oí decir en Suecia, hace muchos años, a un actor chileno refugiado cuando la dictadura de Augusto Pinochet: un modo de rescatar nuestras cuotas de humanidad pérdidas.
Se lo oí decir de algún modo a Martha:
“Se morían los paisajes y los ríos,
Las aves se marchaban,
no había religión ni madre,
no había patria ni soldados”

“Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza es un pequeño volumen compilador, que, a pesar de estar dividido en poemas y prosas, muestra, en su propia configuración, una curiosa y acompasada voluntad de unicidad. Y como su propio título lo propone se intenta apresar en él una vocación de apremiante permanencia, siendo además el registro más agudo de la sensibilidad de la autora.
He dicho a propósito prosa y no narrativa, puesto que para mí, el carácter testimonial de esos textos se vuelve evidente, si como testimonio también entendemos las notas más difíciles y enfáticas de la sensibilidad individual. De esta singular manera en ese libro la prosa pone en evidencia la presencia de una sensibilidad desarticulada, dramáticamente desarbolada, entre tanto, la poesía deja traslucir el flujo y el reflujo sobre el que se agota y renace cualquier añoranza, una significación en ciertos momentos política, pero de abierta motivación existencial.
Y se me hace llamativo corroborar, después de haber construido la primera página del presente ensayo sobre la mención de la guerra en Colombia como dimensión exteriorizada de una inobjetable angustia, que la escritura de Martha deviene a la larga en expresión de una naturaleza interior, oscura y soterrada; en juego constante y prolongado de placer y displacer; en mujer acuclillada.
Las señas perdidas de nuestra identidad, la memoria refractaria y ausente, la turbia sensación a la que se expone nuestra subjetividad en el diálogo dislocado y cínico con el otro sujeto que nos mira, son las que disgregan la vida por ese camino largo y tortuoso, por esa línea pálida y difícil, que nos conduce ineluctable hacia el fin y hacia la nada. Pero la literatura, cuando es verdadera, se convierte en la única forma que tiene la palabra para no anonadarse en la mera justificación, en hipócrita alarde, en falso techo iluminado. Por su parte, trasponer a un plano de ejecución literaria aquello que no somos capaces de resolver de otra manera, tiende a develar un signo, un motivo ulterior, donde el lenguaje recupera su dignidad y su estatus agredido, descentrado por los modos reiterativos de decir y oblicuamente permanecer.
Abunda Martha a partir de cosas como esas:
“Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo”.
Es que ella se ha visto arrojada al juego alternativo de la permanencia y lo fugaz, lo fútil. Modos disímiles de existencia de un ser a duras penas sobreviviente de no sé qué absurdo y cruel holocausto. Es cierto además que los poetas tienen la extraña capacidad de sobrevivir para después contar, y que, en esa vocación, teñida a ratos de desesperación, descansa cualquier posible y humana legitimidad. Aunque a veces ocurre que es la propia poesía la que nos ha permitido, en la práctica, el triste y solitario oficio de la sobrevivencia.
Conocí a Martha en Miami, una noche de canciones latinoamericanas, en el sitio de un pintor dominicano que había convertido su estudio en un lugar ideal para recibir amigos, charlar y auspiciar el rencuentro con los motivos humanos de la cultura. Es poco usual que esto ocurra en esa sociedad donde el tiempo posee tan mal talante y el más exigente modo de presentarse en nuestras vidas. Vidas en las que el prosaísmo se incorpora imperativamente, pervirtiendo lo que somos, asumiendo la forma de un hábito tenaz del pensamiento. No obstante, se leyeron poemas, se contaron anécdotas y se hizo entre nosotros patente, eso que Milan Kundera llamó “la levedad del ser”. Al terminar la velada Martha y yo ya éramos amigos.
Se sucedieron los días y los años y pude percibir que eso que he llamado “una sensibilidad desarbolada”, era una verdad intrínseca de quienes, tomando el camino de la inmigración, han ido dejando atrás pedazos mutilados de su propia conciencia. El valor peculiar de “Cuento Poema de la Permanencia” es que abunda en ese tipo de testimonio, en ese tipo de narración desgarrada construida lejos de la patria. Aunque debemos tener en cuenta que el drama que allí se dibuja no nos obliga a entenderlo desde una estricta órbita o situación literaria. Sin embargo, las circunstancias a las que apunta el cuerpo poemático de Martha se encuentran enmarcadas dentro de ese impreciso horizonte. Tal parece que sucede que el llamado exilio nos permite valorar, sondear todavía más en ese hábito esquizoide, en esa rara situación límite vivida bajo la fuerza de un extrañamiento, sobre la cual transcurre la vida, nuestras vidas, cualquier vida. Un viejo amigo de la inmigración ya fallecido, entendía esto último jocosamente, cuando definía la inmigración hispana en Estados Unidos como “esa dimensión metafísica en que habitamos.”
Hay dos alegorías sobre las que quiero reflexionar, las cuales acompañan al poema – texto de la escritora colombiana: Un pueblo donde no se sabe qué hacer con tanto dolor dejado por las víctimas. Un camino largo que pasa por las monjas, la locura y que conduce a “la casa pobre de Martha”.
En Colombia, como tentativa en América Latina, a pesar de la literatura de Gabriel García Márquez, no hay subrealidad estética para que los poetas persistan en vindicar desde ella los dones de la imaginación. En Latinoamérica hay realidad entremezclada, realidad en desorden, capacidad ficcional almacenada, errabunda como la capacidad de imaginación de los pobres, como ese cuento de Martha donde el dolor era tanto que se apretujaba en las calles y lo querían usar hasta para “abonar los cimientos de la patria.”
¿Ironía? ¿Desdén? ¿Pérdida definitiva de las señas de identidad producto de los años de desarraigo? ¿La casa pobre de Martha convertida en una seña perdida; en una mísera humareda; en la casa desolada de la patria donde ya nos es imposible regresar? Pero no quiero, ni puedo, hacer de los presupuestos narrativos de raíz simbólica que pudieran abundar en esta obra, una fuente para la interiorización psicológica. Sólo deseo apuntar, que ese regreso, si fuera alguna vez posible, traería consigo aparejado el asombro germinativo sobre el piso sepultado por la muerte y la ceniza.
No sé por qué en nuestra vida actual hay tanto resquemor al patetismo. El patetismo puede ser, en ocasiones, una categoría más de lo sublime. Lo que no puede incluso expresar la ironía, como metanoia, como rejuego intelectual que al pronunciarlo nos alcanza y nos pone de paso en entredicho, lo dice eficazmente la expresión desnuda, sin ornamentos, la fementida sensibilidad trágica; sencillamente el dolor devenido en circunstancia estética.
Una de las cosas curiosas de este libro ha sido su clara intención de hacer oscilar la clave de la sensibilidad entre un compendio de poemas y composiciones narrativas las cuales constituyen cuerpos autónomos, pero que de un modo más general estrechamente se implican. La literatura de Martha Daza es de esas en las que el acento, la mayor inflexión, cae sobre la historicidad subjetiva de quien realiza la escritura. Opino que verla de otra manera sería socavar sus presupuestos básicos. Monólogos dotados de la capacidad de expresar un paisaje interior muchas veces en ruinas, otros, en cambio, como una evocación lírica de la memoria. Por eso ella recurre indistintamente al poema, a la prosa, a cualquier material que pueda aportar la fuerza de una presencia y que de alguna manera sirva para referir una historia.
Vuelve entonces a decirnos la autora, sometida a un entorno metafórico de obsesivas galerías circulares y sensuales paredes cóncavas de espejos:
“(…) yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido”. No sé si será un modo distinto de reflejar el consabido tránsito literario por la casa imaginaria de un conocido personaje del realismo mágico, quien iba en su desmedro, de habitación en habitación, donde en la última estancia lo esperaba la muerte, o lo que es peor la locura, la culpa y el desconcierto. Pero Martha, siendo fiel a sus propias imágenes, lo que se propone es un viaje que la desprenda de su ser, un viaje orientado hacia el fin del conocimiento y al olvido, a la más extrema levedad, porque el peso de la existencia se le ha vuelto, en ocasiones, insoportable. Y así vemos, en uno de los momentos más enfáticos del texto, al personaje femenino que conduce la voz narrativa, colocado ante la sensación de ser arrastrado entre las piedras por la lluvia, entendida, esta última, como una forma más de presentarse la sexualidad e incluso la lujuria.
Pero escuchemos no obstante (no quiero quitarles la ocasión de leerlo) esta invocación invertida de amor:
“Después de todas las saudades de ti, cuando el ambarino turbio del espejo roto refleja los multiplicados fragmentos de mi rostro traicionado, sucede que te odio, con un odio forjado con las lágrimas de la noche, con un odio lento que se inicia en la descomposición de los colores del crepúsculo (…)”.
Porque luego de la experiencia del exterminio, todo como la lluvia mansamente fluye y todo se nos vuelve, sin dudas, permisible. El escritor norteamericano Henry Miller escribió aproximadamente que él amaba cuanto fluía, el agua tibia del orgasmo, el río oscuro de los óvulos y hasta el sabor salado y húmedo que hay en las corneas. Pocos poetas han sabido cantar, sin embargo, a la gracia del cuerpo o el alma mutilados:
“Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne”.
Lo que encontramos al final del corredor oscuro es el lado mórbido de la vida, y es allí donde aparece ante mí una de las visiones más procaces del sueño de Martha, como un triller, una relación de anexos y perversos del escritor norteamericano de “novela negra” James Cain: “la boca pintarrajeada de rojo, el moño negro recogido y (los ojos formidables de la libido…”) Lo que encontramos al final del corredor oscuro, abandonado tras el aguacero, violado quizás entre las piedras por el deseo y la violencia, es el cuerpo del delito; la carne y el alma humedecidos, abiertos, extendidos sobre la tierra feraz del descampado. Lo que encontramos es el cuerpo literariamente reconstruido, sobrevivido, devenido para eso en poema, en texto, en permanencia.

Espejismo



Para JK



El hombre está recostado contra la puerta de una galería y no sabe si es por efecto del cuadro con sol anaranjado que lo derrite desde el enorme ventanal, y no sabe si es por la contorsionista borracha de la víspera en el Booby Trap, que bebía sentada en una enorme copa para luego escupir con toda la fuerza de su interior a los hombres y mujeres que se agolpaban para mirarla, y no sabe de dónde tanta emoción, ni sabe si fue el humo vaginal que la misma mujer expulsó desde el babeado tabaco que a él le tocó en suerte después de la función y no sabe nada. Sólo sabe que ese día en Lincoln Road, todas las mujeres están exhibiéndole su desnudez y que los pechos con distintos rumbos lo llaman tibios desde sus miradas estrábicas y que los diferentes estilos de peinado, levantan su púbico cerquillo para que él pueda ver más allá del aroma que lo embriaga, y que todas las cinturas blancas y negras y amarillas, quieren que su mano se pose en ellas para resistir el embate de tanta fuerza junta y que todas las cabelleras en un solo nudo lo envuelven hasta dejarlo exhausto y tendido exánime más allá de la avenida Collins, frente al mar que lo lame con salada compasión.

La Fiesta de la Friducha

Seguimos

Podemos seguir  andando, conversando,  viviendo  mientras los otros mueren  mientras las bombas  estallan en sus vecindarios  dejando sin vi...