Homenaje al Maestro Rafael Escalona que musicalizó mis primeros pasos de amor en las tardes de viernes del colegio.
Wednesday, May 20, 2009
La casa en el aire, homenaje a una historia de amor
Homenaje al Maestro Rafael Escalona que musicalizó mis primeros pasos de amor en las tardes de viernes del colegio.
Thursday, April 30, 2009
Wednesday, April 15, 2009
Frases sueltas para un intento de carta impersonal
Anduve desconfiada por tu territorio de arenas movedizas
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.
temiendo consumirme y me consumí.
Como los locos, te inventé un mundo al que jamás tuve acceso
mundo extraño de puertas canceladas a mi inocencia.
Te cree a la medida de mis sueños y mis sueños me traicionaron
pero seguí soñando, mi etérea visión de un cuarto de hora
seguiré siempre ahí en el aburrimiento de los flamboyanes
que le dieron cobijo a mi extravío.
Seguirás ahí, con la fiera que habita en tu mirada
y que ignora que ha cometido un crimen.
Permanecerás con tus ríos llenos de ahogadas
que discurren al mar involuntarias
para diluírse en sal de lágrimas.
Soledades rozadas en un espejismo sin final
Fiera ala que arrasa lo que de bueno y de confianza
vivió en mi corazón para quererte.
Permanecerás para recordarme mi insignificancia
cuando me creí más grande.
Volverás en mis noches a interrumpir mi sueño
de un zarpazo que duele y que desagarra
y que vuelve siempre al vacío.
Estarás en las noches de abril en primavera
enrostrándome mi debilidad y mi desesperanza.
Te seguiré mirando a la distancia sin que lo sepas o te afecte
repitiendo las mismas palabras. Te miraré, los miraré
en la distancia y se derrumbarán las casitas soñadas junto al mar
y las olas devorarán mis sueños en una boca inmensa
que contendrá toda mi pena y mi desventura.
Ahí estaré, ahí estarás, mudo para mí, locuaz para el resto del mundo.
Negado para mis besos, negado para todo el universo que tuve para darte
Ciego, sordo, indolente, inventándole a otras las caricias
donde no se colará mi recuerdo.
Olvido de olvidos, amores silenciados
en el cosmos brutal de la indiferencia de los corazones muertos
Las fieras seguirán pariendo en medio de la calle
sin regresarme el tiempo en que te amaba
y sus zarpas de siempre acostumbradas al desgarre habitarán mi carne.
Seguiré caminando sin claudicar,
seguiré observando en el espejo los extraviados pasos de conejos
Tendida bajo el árbol, tejiendo y destejiendo
el tiempo de olvidarte y como el joven Werther, seguiré saliendo a buscar
por millonésima vez, la experiencia de la realidad.
Tuesday, April 14, 2009
No Somos Nada II
Eso serás en mi abandono, me dijo;
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
el recuerdo de un rostro que sonreía,
el vuelo fugaz de un ave asustada en medio de la plaza
un grito en medio de la nada
una caricia al desgaire
un pálido sol que ya no alumbra
la pertinaz serenata de la lluvia golpeando en la ventana
No serás nada y serás todo
porque el recuerdo vendrá atropelladamente
o en tenues imágenes que se te colarán en el sueño.
Serás grandiosa y leve
cuando los acontecimientos se desbarranquen
como el camión de la memoria
donde sólo persiste el grito que se pierde
al dirigirse al abismo.
Eso serás, un túmulo en la sombra
recibiendo escasos destellos en cada amanecer.
Un hueco negro sin estrellas
donde perecerán las alegrías y las tristezas.
Un punto brillante en la oscuridad de los ojos
que no quisieron mirarte.
Serás la mujer que espera, la hembra que aguarda
sin sosiego a su macho que corretea por los bares
y que traerá la cicuta de la desventura.
No serás nada, sólo un retazo
en el pequeño abrazo de un niño
que al final de la infancia te olvidará,
una flor misteriosa que mata su capullo
en el ensombrecimiento de la tarde.
Pétalos pisoteados en las fariseicas ceremonias
de los que no saben vivir.
Serás olvido en los ojos extraviados de los ancianos
que no recuerdan su nombre ni sus hijos
Tabla en el mar que jamás alcanzará la orilla
porque se quedará perdida en el centro de sí misma
dilucidando amaneceres.
Serás costra en los árboles y hojas muertas
que el otoño arrastra como cometas en el aire
marcando el curso de sus colores desteñidos.
Serás esfuerzo por sobrevivivir
en un mundo que no te corresponde junto a marionetas
que actúan acorde al titiritero que también tendrá
mal de amores y de olvido,
que también tendrá mal de vida y de muerte
entre sus manos hábiles.
Serás lo que no quieras o lo que las imposiciones te dicten
desde afuera.
Serás silencio, nube mortal posada para siempre
sobre la cabeza de los ahogados de la tierra.
Serás fuego purificador que destruye lo que toca
serás sonido estridente en los oídos
de los que aún pueden escuchar.
Polvo de hueso que alimenta las amapolas que adormecerán al mundo.
ramita de olivo en los picos de las aves de la alborada,
serás carroña infame en las garras de los depredadores.
No serás nada
inmundicia y gloria, amor y sueño, triunfo y dificultades.
Serás lumbre y frío en el adormecimiento de los cuerpos torturados
sangre fresca que moja los campos de los mutilados,
grito enfurecedor de los niños asesinados
y de los hombres que dictan las órdenes
y de los que mueren sin explicación.
Serás olvido e indiferencia entre los que ejecutan las leyes
No serás nada y lo serás todo, en las oficinas, en los burdeles,
en las tabernas entre las etiquetas del alcohol
Entre las tetas prefabricadas de las nuevas muñecas hechas a escala
de lo que creen la belleza.
Serás silicona en las nalgas, acrílico en las uñas
y sombras ficticias en las miradas de las mariposas
que por las noches buscan un compañero
igual de falso, que las levante del bar por quince minutos
para salvar el día.
No serás nada, ni plenitud ni ocio, ni ensueño.
No serás, no vivirás, no existirás ni en las estadísticas,
ni en los noticieros, ni en las oscuras salas de los cines
que fabrican figuras a la medida del deleite de los necios
No estarás en ninguna parte porque lo único que te quedaba
se te quedó en el lecho cuando querías amar a un hombre que se burlaba de tí
Porque lo poco que sentiste se te coló por las alcantarillas
en trozos de peluches trasnochados.
No estarás en las alas que levantan el vuelo
hacia el horizonte de horizontes.
Beberás gota a gota la cicuta en los labios que mienten.
Perecerás en la creencia de poseerlo todo
con la certeza en el corazón que no tienes nada
porque ni la piel que te viste te responderá cuando la necesites.
Ni los que has amado te buscarán para tirar una rosa sobre tu tumba.
Eres polvo en el polvo, oscuridad en la noche
falta de sueño en el insomnio y decrepitud en el asco de tu nombre.
No eres nada ni quedarás tatuada en la memoria de nadie
porque cuando descienda la sombra sobre todos
y se arremolinen las construcciones de cemento y de espejo
y el cataclismo no permita un parpadeo, todo lo que estuvo en pie
y el hambre y la miseria y la ostentación y la desesperanza
serán una sola masa informe rumbo al destino de las estrellas
y de los planetas desaparecidos en la inmensidad de lo desconocido.
Thursday, March 19, 2009
Hay días indescriptibles, días bellos, hoy me regalaron un arco iris...
La Gata en el Tejado
La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados
Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.
Uno
Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos
En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.
En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde
En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca
Dos
Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada
La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad
La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón
El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos
Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana
Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz
Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre
Tres
La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar
Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad
Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad
Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.
Canta la loca
La pobre gata dolida,
maullaba su pena en los tejados
Las tejas rojas españolas
Guardan en su corazón de piedra
El amor, la rabia y la envidia
De los habitantes de la casa.
Uno
Corazón mío, no me traiciones
se dice la pobre loca
mientras seca sus lágrimas del abandono
con la sucia manga de sus harapos
En sus segmentos de luz
vislumbra la loca,
besos y caricias de amor que la volvían loca.
En su delirio la loca sueña
hombres hermosos
jurando amores
la gente la mira con asco
y la esquiva en la acera donde se esconde
En su memoria fotográfica de loca
guardaba imágenes de ojos perfectos
acomodados para embrujarla
ojos falsarios
que la seducían para volverla loca
Dos
Mientras reposa en las bancas de piedra
de las ciudades
la loca sueña habitaciones
con largos velos en las cortinas
que desasosiegan el aire
y lo devuelven por la ventana rota
hacía la nada
La loca fue alguna vez una mujer amada
hasta que pasaron los años
y dilapidó el dinero
y se volvió loca
tratando de comprar la felicidad
La loca se quemó las manos
en un intento por librarse con las llamas
del helaje de su corazón
El corazón le palpitaba en los ojos
por eso la gente huía espantada al mirárselos
Ella no descansa, su mente viaja
sin cesar por sus cuarenta y nueve años
que le agrietaron el alma y la piel
con implacable filo de obsidiana
Ríe la loca con las despedidas tibias del abrazo
que le dejan las turbias pesadillas
de cuando fue feliz
Corre sobre flores y cadáveres
sobre rimas y versos
y pisotea triste las margaritas
deshojadas
que la esperanzaron
con el amor de un hombre
Tres
La loca reposa
con aire de niña taimada
sobre el basural
Acomoda su colcha de desperdicios
y se dispone a soñar
Canta la loca
ciudad inmunda de muros quietos
no quiero que me roce
tu vulgaridad
Ciudad erguida de rascacielos
corre la mierda
entre tus paredes
mientras el brillo de los cristales
nos enceguece en la soledad
Fétida tumba
donde se traman los maquillajes
y perfeccionan miles de esencias
que cubrirán tanta obscenidad.
Canta la loca
Tuesday, September 16, 2008
El cuerpo del delito
Reflexiones a propósito del libro “Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza
Julio Pino Miyar
Los poetas, ¿de qué estúpida guerra son ellos los sobrevivientes? El rapsoda que ha entonado su mejor canción sobre las ruinas dejadas por las batallas, las humaredas que se levantan sobre los campos exterminados, las vidas destruidas y la reciente proeza de los héroes, poco o nada tiene que decir cuando es Colombia que agoniza víctima del peor de los infortunios, porque a ella no le será jamás dado el verso clásico de Homero y de Virgilio.
Pues en nombre de quién se pueden volver a entonar para la posteridad los himnos ante las piras funerarias, si es una guerra mucho más larga y cruel que la de Troya, pero donde no ha habido ni habrá vencedores ni vencidos.
Homero, en sus hexámetros, es la memoria ardiente de Ilion, la base referencial de casi toda la literatura clásica griega. Virgilio, por su parte, buscó, en su verso latino, componer para sus contemporáneos la memoria épica de Roma. Pero Colombia no necesita que un poeta redacte sus memoriales, los vemos todos los días captados por los lentes de los reporteros de la guerra, en los noticiarios del mundo, en los discursos, la estulticia y el sadismo de los dirigentes políticos de los grandes Estados. Una guerra moderna carente de posteridad, dolorosamente doblada bajo el peso de una crisis moral como razón mayor del exterminio.
¿Qué es si no la guerra, que un girar en círculos sobre un mismo pensamiento y una misma obsesión? ¿Qué es el pensamiento político de izquierda? Creer haber sido parte de una idea, ofrecido un compromiso, una motivación que trascendía los parámetros individuales, que crecía hacia la dimensión del altruismo, la solidaridad y el idealismo. ¿Qué es el exilio? Un gravamen sobre nuestras conciencias para supuestamente resucitar en las tierras de nadie, en los lugares más ajenos de la indefinición y el olvido. Y, ¿qué significan el arte, la literatura entonces? Se lo oí decir en Suecia, hace muchos años, a un actor chileno refugiado cuando la dictadura de Augusto Pinochet: un modo de rescatar nuestras cuotas de humanidad pérdidas.
Se lo oí decir de algún modo a Martha:
“Se morían los paisajes y los ríos,
Las aves se marchaban,
no había religión ni madre,
no había patria ni soldados”
“Cuento Poema de la Permanencia” de Martha Daza es un pequeño volumen compilador, que, a pesar de estar dividido en poemas y prosas, muestra, en su propia configuración, una curiosa y acompasada voluntad de unicidad. Y como su propio título lo propone se intenta apresar en él una vocación de apremiante permanencia, siendo además el registro más agudo de la sensibilidad de la autora.
He dicho a propósito prosa y no narrativa, puesto que para mí, el carácter testimonial de esos textos se vuelve evidente, si como testimonio también entendemos las notas más difíciles y enfáticas de la sensibilidad individual. De esta singular manera en ese libro la prosa pone en evidencia la presencia de una sensibilidad desarticulada, dramáticamente desarbolada, entre tanto, la poesía deja traslucir el flujo y el reflujo sobre el que se agota y renace cualquier añoranza, una significación en ciertos momentos política, pero de abierta motivación existencial.
Y se me hace llamativo corroborar, después de haber construido la primera página del presente ensayo sobre la mención de la guerra en Colombia como dimensión exteriorizada de una inobjetable angustia, que la escritura de Martha deviene a la larga en expresión de una naturaleza interior, oscura y soterrada; en juego constante y prolongado de placer y displacer; en mujer acuclillada.
Las señas perdidas de nuestra identidad, la memoria refractaria y ausente, la turbia sensación a la que se expone nuestra subjetividad en el diálogo dislocado y cínico con el otro sujeto que nos mira, son las que disgregan la vida por ese camino largo y tortuoso, por esa línea pálida y difícil, que nos conduce ineluctable hacia el fin y hacia la nada. Pero la literatura, cuando es verdadera, se convierte en la única forma que tiene la palabra para no anonadarse en la mera justificación, en hipócrita alarde, en falso techo iluminado. Por su parte, trasponer a un plano de ejecución literaria aquello que no somos capaces de resolver de otra manera, tiende a develar un signo, un motivo ulterior, donde el lenguaje recupera su dignidad y su estatus agredido, descentrado por los modos reiterativos de decir y oblicuamente permanecer.
Abunda Martha a partir de cosas como esas:
“Yo estoy ahí, en ninguna parte, en el mismo lugar que deambulamos todos, creyéndonos la historia de ser y existir en el instante orgásmico de la mentira que nos mantiene vivos para seguir creyendo”.
Es que ella se ha visto arrojada al juego alternativo de la permanencia y lo fugaz, lo fútil. Modos disímiles de existencia de un ser a duras penas sobreviviente de no sé qué absurdo y cruel holocausto. Es cierto además que los poetas tienen la extraña capacidad de sobrevivir para después contar, y que, en esa vocación, teñida a ratos de desesperación, descansa cualquier posible y humana legitimidad. Aunque a veces ocurre que es la propia poesía la que nos ha permitido, en la práctica, el triste y solitario oficio de la sobrevivencia.
Conocí a Martha en Miami, una noche de canciones latinoamericanas, en el sitio de un pintor dominicano que había convertido su estudio en un lugar ideal para recibir amigos, charlar y auspiciar el rencuentro con los motivos humanos de la cultura. Es poco usual que esto ocurra en esa sociedad donde el tiempo posee tan mal talante y el más exigente modo de presentarse en nuestras vidas. Vidas en las que el prosaísmo se incorpora imperativamente, pervirtiendo lo que somos, asumiendo la forma de un hábito tenaz del pensamiento. No obstante, se leyeron poemas, se contaron anécdotas y se hizo entre nosotros patente, eso que Milan Kundera llamó “la levedad del ser”. Al terminar la velada Martha y yo ya éramos amigos.
Se sucedieron los días y los años y pude percibir que eso que he llamado “una sensibilidad desarbolada”, era una verdad intrínseca de quienes, tomando el camino de la inmigración, han ido dejando atrás pedazos mutilados de su propia conciencia. El valor peculiar de “Cuento Poema de la Permanencia” es que abunda en ese tipo de testimonio, en ese tipo de narración desgarrada construida lejos de la patria. Aunque debemos tener en cuenta que el drama que allí se dibuja no nos obliga a entenderlo desde una estricta órbita o situación literaria. Sin embargo, las circunstancias a las que apunta el cuerpo poemático de Martha se encuentran enmarcadas dentro de ese impreciso horizonte. Tal parece que sucede que el llamado exilio nos permite valorar, sondear todavía más en ese hábito esquizoide, en esa rara situación límite vivida bajo la fuerza de un extrañamiento, sobre la cual transcurre la vida, nuestras vidas, cualquier vida. Un viejo amigo de la inmigración ya fallecido, entendía esto último jocosamente, cuando definía la inmigración hispana en Estados Unidos como “esa dimensión metafísica en que habitamos.”
Hay dos alegorías sobre las que quiero reflexionar, las cuales acompañan al poema – texto de la escritora colombiana: Un pueblo donde no se sabe qué hacer con tanto dolor dejado por las víctimas. Un camino largo que pasa por las monjas, la locura y que conduce a “la casa pobre de Martha”.
En Colombia, como tentativa en América Latina, a pesar de la literatura de Gabriel García Márquez, no hay subrealidad estética para que los poetas persistan en vindicar desde ella los dones de la imaginación. En Latinoamérica hay realidad entremezclada, realidad en desorden, capacidad ficcional almacenada, errabunda como la capacidad de imaginación de los pobres, como ese cuento de Martha donde el dolor era tanto que se apretujaba en las calles y lo querían usar hasta para “abonar los cimientos de la patria.”
¿Ironía? ¿Desdén? ¿Pérdida definitiva de las señas de identidad producto de los años de desarraigo? ¿La casa pobre de Martha convertida en una seña perdida; en una mísera humareda; en la casa desolada de la patria donde ya nos es imposible regresar? Pero no quiero, ni puedo, hacer de los presupuestos narrativos de raíz simbólica que pudieran abundar en esta obra, una fuente para la interiorización psicológica. Sólo deseo apuntar, que ese regreso, si fuera alguna vez posible, traería consigo aparejado el asombro germinativo sobre el piso sepultado por la muerte y la ceniza.
No sé por qué en nuestra vida actual hay tanto resquemor al patetismo. El patetismo puede ser, en ocasiones, una categoría más de lo sublime. Lo que no puede incluso expresar la ironía, como metanoia, como rejuego intelectual que al pronunciarlo nos alcanza y nos pone de paso en entredicho, lo dice eficazmente la expresión desnuda, sin ornamentos, la fementida sensibilidad trágica; sencillamente el dolor devenido en circunstancia estética.
Una de las cosas curiosas de este libro ha sido su clara intención de hacer oscilar la clave de la sensibilidad entre un compendio de poemas y composiciones narrativas las cuales constituyen cuerpos autónomos, pero que de un modo más general estrechamente se implican. La literatura de Martha Daza es de esas en las que el acento, la mayor inflexión, cae sobre la historicidad subjetiva de quien realiza la escritura. Opino que verla de otra manera sería socavar sus presupuestos básicos. Monólogos dotados de la capacidad de expresar un paisaje interior muchas veces en ruinas, otros, en cambio, como una evocación lírica de la memoria. Por eso ella recurre indistintamente al poema, a la prosa, a cualquier material que pueda aportar la fuerza de una presencia y que de alguna manera sirva para referir una historia.
Vuelve entonces a decirnos la autora, sometida a un entorno metafórico de obsesivas galerías circulares y sensuales paredes cóncavas de espejos:
“(…) yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido”. No sé si será un modo distinto de reflejar el consabido tránsito literario por la casa imaginaria de un conocido personaje del realismo mágico, quien iba en su desmedro, de habitación en habitación, donde en la última estancia lo esperaba la muerte, o lo que es peor la locura, la culpa y el desconcierto. Pero Martha, siendo fiel a sus propias imágenes, lo que se propone es un viaje que la desprenda de su ser, un viaje orientado hacia el fin del conocimiento y al olvido, a la más extrema levedad, porque el peso de la existencia se le ha vuelto, en ocasiones, insoportable. Y así vemos, en uno de los momentos más enfáticos del texto, al personaje femenino que conduce la voz narrativa, colocado ante la sensación de ser arrastrado entre las piedras por la lluvia, entendida, esta última, como una forma más de presentarse la sexualidad e incluso la lujuria.
Pero escuchemos no obstante (no quiero quitarles la ocasión de leerlo) esta invocación invertida de amor:
“Después de todas las saudades de ti, cuando el ambarino turbio del espejo roto refleja los multiplicados fragmentos de mi rostro traicionado, sucede que te odio, con un odio forjado con las lágrimas de la noche, con un odio lento que se inicia en la descomposición de los colores del crepúsculo (…)”.
Porque luego de la experiencia del exterminio, todo como la lluvia mansamente fluye y todo se nos vuelve, sin dudas, permisible. El escritor norteamericano Henry Miller escribió aproximadamente que él amaba cuanto fluía, el agua tibia del orgasmo, el río oscuro de los óvulos y hasta el sabor salado y húmedo que hay en las corneas. Pocos poetas han sabido cantar, sin embargo, a la gracia del cuerpo o el alma mutilados:
“Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne”.
Lo que encontramos al final del corredor oscuro es el lado mórbido de la vida, y es allí donde aparece ante mí una de las visiones más procaces del sueño de Martha, como un triller, una relación de anexos y perversos del escritor norteamericano de “novela negra” James Cain: “la boca pintarrajeada de rojo, el moño negro recogido y (los ojos formidables de la libido…”) Lo que encontramos al final del corredor oscuro, abandonado tras el aguacero, violado quizás entre las piedras por el deseo y la violencia, es el cuerpo del delito; la carne y el alma humedecidos, abiertos, extendidos sobre la tierra feraz del descampado. Lo que encontramos es el cuerpo literariamente reconstruido, sobrevivido, devenido para eso en poema, en texto, en permanencia.
Espejismo
Para JK
El hombre está recostado contra la puerta de una galería y no sabe si es por efecto del cuadro con sol anaranjado que lo derrite desde el enorme ventanal, y no sabe si es por la contorsionista borracha de la víspera en el Booby Trap, que bebía sentada en una enorme copa para luego escupir con toda la fuerza de su interior a los hombres y mujeres que se agolpaban para mirarla, y no sabe de dónde tanta emoción, ni sabe si fue el humo vaginal que la misma mujer expulsó desde el babeado tabaco que a él le tocó en suerte después de la función y no sabe nada. Sólo sabe que ese día en Lincoln Road, todas las mujeres están exhibiéndole su desnudez y que los pechos con distintos rumbos lo llaman tibios desde sus miradas estrábicas y que los diferentes estilos de peinado, levantan su púbico cerquillo para que él pueda ver más allá del aroma que lo embriaga, y que todas las cinturas blancas y negras y amarillas, quieren que su mano se pose en ellas para resistir el embate de tanta fuerza junta y que todas las cabelleras en un solo nudo lo envuelven hasta dejarlo exhausto y tendido exánime más allá de la avenida Collins, frente al mar que lo lame con salada compasión.
Tuesday, August 19, 2008
Monday, November 19, 2007
Niña
NIÑA
I
Estoy perdida, la gente me mira por las calles ¿es esta mi ciudad, hacia dónde camino?. No me encuentro, las calles no me reconocen, no me dicen nada. Detienen mi marcha, me reclaman, exigen respuestas que no tengo, desconozco la forma de dar explicaciones, mi voz surge extraña, los adultos me miran a los ojos. No sé doblar la cabeza, la levanto, ellos están arriba. Sigo por la ciudad perezosa con sus calles de piedra frías, las esquinas me cuentan los crímenes que presenciaron, el cemento ya no guarda la huella de la sangre. los ojos de las puertas repintadas de verde envejecido me miran ciegos en la noche del regreso. Te miro diminuta y me atiborras de rápidas imágenes. Me conmociono en medio de la plaza, frente al lugar de la fotografía de los diez años...
Seguías vivo ahí cuando toqué la plaza, estabas entre el fuego en mi mirada, ¡cuántos años de gritos que no callan!, el tiempo no era nada, tu voz estaba intacta, bajo la nueva construcción, disimulada.
Niña sin fuerzas, te has deteriorado conmigo. Tu rostro luce ajado y tus fachadas se revientan en burbújas sin tiempo, sal en la herida del recuerdo.
-Señor, tal vez usted pueda acompañarme. Tómeme de la mano y protéjame con su presencia-. Avanzo presurosa y no logro encontrarme, temo preguntarle a otros, el hombre sigue a mi lado, respirándome tibio en la garganta. no sé quién es, pero no le temo. El trata de hacerme daño. Otros tratan de hacerme daño, no obstante busco su amparo él se ríe en mi cara.
II
Mi madre me lleva al manicomio, es su forma de librarse de mí, de no quererme, me abandona entre las monjas que reclaman pedazos de mi piel entre sus uñas, me miran burlonas y me castigan de rodillas con los brazos levantados en un tiempo que camina con pasos de anciano enfermo. Pienso en quién puede ayudarme y nadie acude a mis pensamientos.. Tengo miedo, ya no canto la canción de vender mis ojos negros. La laguna está seca y puedo adentrarme más que de costumbre.
Un ruido de gallinero se detiene en mis oídos y mis cabellos están llenos de estiércol. Me duelen los golpes de los brazos y las piernas, mi rostro está inflamado.
III
He recorrido las casas de mis amigas con los ojos inyectados, he deshecho el periplo de la mañana. Volví a la casa pobre de Martha donde me dieron sopa y compartí la felicidad sin mesa, ellos me miran asustados y en sus rostros adivino que no podrán ayudarme. No sé lo que me espera, todos huyen de mi, quiero correr sin descanso, pero no puedo, me faltan las fuerzas y caigo en un desmayo que dura una eternidad.
IV
Los hombres me colocan en la sala, en medio de sus otras mujeres. Por debajo de la mesa, posan su mano en mi rodilla. Yo los veo hacer lo mismo con las demás, ellas ignoran cada una, lo que yo sé de memoria. Clara viaja a otro país para afianzar lo que ha conseguido por escrito y se hastía pronto por que descubre lo que había olvidado de la anterior aventura; que todos son iguales, que mienten como ella y es dificil juntar dos mentiras, es como construír un castillo de naipes frente a un ventilador. (Te esforzaste exageradamente en que no te quisiera y asi lo hice. Hoy regresas como si se pudieran reconstruír los sueños...)
V
Empiezo a escalar la misma cima desde donde te miro tal como eres. Acaricias el cabello de tres mujeres que te aguardan y te ciudas que ninguna se entere de la otra. Conozco la dirección de tu mirada y de tu pensamiento. Nunca serás el que me engañe... los sueños son incoherentes y distorsionados, simbólicas escenas cinematográficas que cuentan historias que se deben interpretar y que pertenecen a quien las interpreta. Aprietas mi cuello casi cariñosamente. Sé que terminarás matándome, he soñado tu mano ensangrentada, lentamente voy dejando de respirar y me abandono pesada en el asfalto...
VI
Te regalo mi muerte Artemidoro
te regalo mi muerte
y te niego el placer
de ejecutarme.
Me descerrajo un tiro
en medio de los ojos.
Me lanzo al mar inmenso,
me corto las venas
me perforo el pecho
con una lanza
o con una espada
me hago el harakiri
y te niego, traidor,
el placer de ejecutarme.
Andarás por el mundo remordido,
rabioso perro
pues te negué el placer de asesinarme.
VII
Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne. Tus párpados, piezas de metal pesado se niegan a moverse. La sombra se escapa con las horas y la mañana agresiva con sus rayos, descubre tus miserias y te muestra con asco ante el espejo que te enrostra recuerdos dolorosos, ensañándose en detalles. Debemos seguir la marcha con el corazón golpeando en la espalda. Nadie quiere comprar mis ojos negros y ellos me siguen pagando mal.
I
Estoy perdida, la gente me mira por las calles ¿es esta mi ciudad, hacia dónde camino?. No me encuentro, las calles no me reconocen, no me dicen nada. Detienen mi marcha, me reclaman, exigen respuestas que no tengo, desconozco la forma de dar explicaciones, mi voz surge extraña, los adultos me miran a los ojos. No sé doblar la cabeza, la levanto, ellos están arriba. Sigo por la ciudad perezosa con sus calles de piedra frías, las esquinas me cuentan los crímenes que presenciaron, el cemento ya no guarda la huella de la sangre. los ojos de las puertas repintadas de verde envejecido me miran ciegos en la noche del regreso. Te miro diminuta y me atiborras de rápidas imágenes. Me conmociono en medio de la plaza, frente al lugar de la fotografía de los diez años...
Seguías vivo ahí cuando toqué la plaza, estabas entre el fuego en mi mirada, ¡cuántos años de gritos que no callan!, el tiempo no era nada, tu voz estaba intacta, bajo la nueva construcción, disimulada.
Niña sin fuerzas, te has deteriorado conmigo. Tu rostro luce ajado y tus fachadas se revientan en burbújas sin tiempo, sal en la herida del recuerdo.
-Señor, tal vez usted pueda acompañarme. Tómeme de la mano y protéjame con su presencia-. Avanzo presurosa y no logro encontrarme, temo preguntarle a otros, el hombre sigue a mi lado, respirándome tibio en la garganta. no sé quién es, pero no le temo. El trata de hacerme daño. Otros tratan de hacerme daño, no obstante busco su amparo él se ríe en mi cara.
II
Mi madre me lleva al manicomio, es su forma de librarse de mí, de no quererme, me abandona entre las monjas que reclaman pedazos de mi piel entre sus uñas, me miran burlonas y me castigan de rodillas con los brazos levantados en un tiempo que camina con pasos de anciano enfermo. Pienso en quién puede ayudarme y nadie acude a mis pensamientos.. Tengo miedo, ya no canto la canción de vender mis ojos negros. La laguna está seca y puedo adentrarme más que de costumbre.
Un ruido de gallinero se detiene en mis oídos y mis cabellos están llenos de estiércol. Me duelen los golpes de los brazos y las piernas, mi rostro está inflamado.
III
He recorrido las casas de mis amigas con los ojos inyectados, he deshecho el periplo de la mañana. Volví a la casa pobre de Martha donde me dieron sopa y compartí la felicidad sin mesa, ellos me miran asustados y en sus rostros adivino que no podrán ayudarme. No sé lo que me espera, todos huyen de mi, quiero correr sin descanso, pero no puedo, me faltan las fuerzas y caigo en un desmayo que dura una eternidad.
IV
Los hombres me colocan en la sala, en medio de sus otras mujeres. Por debajo de la mesa, posan su mano en mi rodilla. Yo los veo hacer lo mismo con las demás, ellas ignoran cada una, lo que yo sé de memoria. Clara viaja a otro país para afianzar lo que ha conseguido por escrito y se hastía pronto por que descubre lo que había olvidado de la anterior aventura; que todos son iguales, que mienten como ella y es dificil juntar dos mentiras, es como construír un castillo de naipes frente a un ventilador. (Te esforzaste exageradamente en que no te quisiera y asi lo hice. Hoy regresas como si se pudieran reconstruír los sueños...)
V
Empiezo a escalar la misma cima desde donde te miro tal como eres. Acaricias el cabello de tres mujeres que te aguardan y te ciudas que ninguna se entere de la otra. Conozco la dirección de tu mirada y de tu pensamiento. Nunca serás el que me engañe... los sueños son incoherentes y distorsionados, simbólicas escenas cinematográficas que cuentan historias que se deben interpretar y que pertenecen a quien las interpreta. Aprietas mi cuello casi cariñosamente. Sé que terminarás matándome, he soñado tu mano ensangrentada, lentamente voy dejando de respirar y me abandono pesada en el asfalto...
VI
Te regalo mi muerte Artemidoro
te regalo mi muerte
y te niego el placer
de ejecutarme.
Me descerrajo un tiro
en medio de los ojos.
Me lanzo al mar inmenso,
me corto las venas
me perforo el pecho
con una lanza
o con una espada
me hago el harakiri
y te niego, traidor,
el placer de ejecutarme.
Andarás por el mundo remordido,
rabioso perro
pues te negué el placer de asesinarme.
VII
Niña frágil, temerosa en medio del corredor oscuro, la sombra te lame y el aire te abandona, la muerte coquetea entre tu carne. Tus párpados, piezas de metal pesado se niegan a moverse. La sombra se escapa con las horas y la mañana agresiva con sus rayos, descubre tus miserias y te muestra con asco ante el espejo que te enrostra recuerdos dolorosos, ensañándose en detalles. Debemos seguir la marcha con el corazón golpeando en la espalda. Nadie quiere comprar mis ojos negros y ellos me siguen pagando mal.
Thursday, September 20, 2007
Gabo Siempre
Nosotros trashumantes, decidimos que habríamos de encontrarnos entre las mariposas amarillas o flotando entre pétalos interminables, caídos en las tardes de los incendios crepusculares o desandando nuevas y viejas aldeas de barro y cañabrava, o sorprendiéndonos con los esqueletos de los veleros fantasmas o de las eternas piraguas cuyo maderamen ya no cruje en el agua, o persiguiendo los hilitos de sangre que nos conducen irremediablemente a las viejas y a las nuevas masacres, que sólo cambian de rótulo el dolor inenarrable y que nos marcan hondo, en esta y en todas las soledades, que no obstante nos dejan un resquicio para que se filtre la luz y para no resignarnos a ser estirpes condenadas a cien años de soledad sino a querer y a exigir una segunda oportunidad sobre la tierra, porque somos soledad compartida y fuerza para reivindicarnos; en las bananeras, en las siderúrgicas, en las canteras, en los prostíbulos y con los trabajadores, con los campesinos, con los viejos, con los niños, con los sindicalistas, con las mujeres, contra los abusos de las abuelas desalmadas y de los matones de toda índole, los de esquina y los de institución. Para tratar de no formar parte de los que presencian los crímenes en silencio, integrándose a la infamia de las guerras fratricidas de las que nadie quiere saber el por qué, pero en las que todos participan y para demostrar que seguiremos amando la magia de las hamacas y de los acordeones y de los pescadores y de las niñas que suben al cielo en cuerpo y alma y de las otras a quienes les crece la rebeldía en el pelo después de muertas; y de los amores después del tiempo en las reposadas aguas que los separan del cólera y de las nenas que dejan su último rastro sobre la nieve y de todo lo que produzca la pluma de Gabo, ayer hoy y siempre. En México o en la Habana. En Cartagena o en Bogotá, porque Gabo siempre en la literatura, Gabo siempre en nuestros corazones, Gabo siempre en la realidad y en la fantasía, Gabo en la universalidad, Gabo en todas partes, Gabo… Gabo…
Thursday, August 02, 2007
Vendo mi Vida
“Vendo mi vida, cambio mi vida
De todos modos, la llevo perdida…”
León de Greiff.
La juego y la pierdo
mientras se pudre la comida
en los basureros de las ciudades,
de los talleres
y de las cocinas del primer mundo
donde la mediocridad desfila
con cara de truhán.
La juego y la pierdo
en la derrota del tiempo
desperdiciado
soñando con gente que murió,
-que ya no existe-
y la tiro a rodar
por los laberintos
y por las alcantarillas
donde circula la mierda.
Y la tiro y la pierdo
entre los borrachos
de las noches de abril
y de febrero
Y la pierdo para siempre
en el cieno de los desadaptados
y de los sátiros
y de los poca cosa
y la juego contra un trono
y contra un burdel.
Contra la más dulce mariposa,
la más artificiosa doncella
o contra la más puta mujer
(la amiga de los pederastas,
amante de los amantes,
ladrona de mendrugos
¡mendicante infeliz!).
Y también la regalo
al más menesteroso,
al más infiel.
Al lagarto, al gusano,
al sórdido enemigo,
al amigo infidente…
La doy… la doy… la doy
La doy al transeúnte,
la doy al vendedor;
al que destroza sueños
y ahoga entre la sangre
la hermosura.
La doy al que asesina,
se la doy al doctor.
Carroña entre las manos
voraces de las hienas
La doy al ignorante,
La doy al profesor.
La doy al pobre diablo
al erudito, al docto
al dueño de las noches,
al pobre seductor
Al tonto sin sentido,
al desdeñoso, al torpe
al pobre miserable.
a todos se la doy
La regalo en la feria
de la pobre medida,
la doy al que tropieza
la doy al soñador
La juego en la tristeza
brutal de tu partida
La juego en lo que queda
después de mi dolor.
Midaz/99
Tuesday, July 17, 2007
Loca I
Para la tía.
No sabía qué hacer con tanto dolor, no le cabía en el pecho ni en el cuerpo, era necesario deshacerse de él, tirarlo por las alcantarillas tal vez, por que si lo dejaba en la calle abandonado, podía apoderarse de una persona que desprevenida pasara por el lugar, pensaba ella. No lo podía regalar, regalaban tanto en cada esquina, que ya la gente no quería más. Además se decía que los muertos cuando se iban dejaban su dolor errando por las calles y que hasta los cerros estaban invadidos y los caminos a los pueblos vecinos y los mismos pueblos no sabían cómo esconderlo. La prensa decía que la gente se había vuelto indolente y eso quería decir que no estaba dispuesta a aceptar más dolor y se veían personas a través de toda la ciudad con cargas enormes sobre sus hombros, con gigantescos bultos en la mirada, con fardos grandes en las pisadas, buscando la forma de desprenderlo de sí. Bien se sabe que el dolor como la muerte, no respeta edades ni abolengos y esto, era una epidemia. El dolor no cabía en las alcantarillas, decían que se mezclaba con tanta sangre que habían derramado en ellas y que entre los dos se desbordaban por todos los rincones incluídos aquellos donde no llegaba la mirada, y que se hacía imposible el transito normal. Los ríos se habían tornado turbios y rojos y ya la lluvia no limpiaba las manchas que se trepaban por las paredes, aprisionando las gargantas de los transeuntes hasta asfixiarlos. El pueblo deambulaba con su carga de dolor sin saber qué hacer con él. Lo habían usado para abonar los cimientos de la patria, pero la patria se resquebrajaba y los remiendos que le hacían dejaban escapar los gritos de los desesperados, por eso ella tampoco sabía qué hacer con tanto dolor que la inundaba y dicen que se volvió loca.
No sabía qué hacer con tanto dolor, no le cabía en el pecho ni en el cuerpo, era necesario deshacerse de él, tirarlo por las alcantarillas tal vez, por que si lo dejaba en la calle abandonado, podía apoderarse de una persona que desprevenida pasara por el lugar, pensaba ella. No lo podía regalar, regalaban tanto en cada esquina, que ya la gente no quería más. Además se decía que los muertos cuando se iban dejaban su dolor errando por las calles y que hasta los cerros estaban invadidos y los caminos a los pueblos vecinos y los mismos pueblos no sabían cómo esconderlo. La prensa decía que la gente se había vuelto indolente y eso quería decir que no estaba dispuesta a aceptar más dolor y se veían personas a través de toda la ciudad con cargas enormes sobre sus hombros, con gigantescos bultos en la mirada, con fardos grandes en las pisadas, buscando la forma de desprenderlo de sí. Bien se sabe que el dolor como la muerte, no respeta edades ni abolengos y esto, era una epidemia. El dolor no cabía en las alcantarillas, decían que se mezclaba con tanta sangre que habían derramado en ellas y que entre los dos se desbordaban por todos los rincones incluídos aquellos donde no llegaba la mirada, y que se hacía imposible el transito normal. Los ríos se habían tornado turbios y rojos y ya la lluvia no limpiaba las manchas que se trepaban por las paredes, aprisionando las gargantas de los transeuntes hasta asfixiarlos. El pueblo deambulaba con su carga de dolor sin saber qué hacer con él. Lo habían usado para abonar los cimientos de la patria, pero la patria se resquebrajaba y los remiendos que le hacían dejaban escapar los gritos de los desesperados, por eso ella tampoco sabía qué hacer con tanto dolor que la inundaba y dicen que se volvió loca.
Wednesday, July 11, 2007
Loca
“Ríos y ríos de lágrimas
Abren ríos y ríos de amor...”
Los fabulosos Cadillac.
Mientras rodaba hacia el piso con todo el peso de mi cuerpo, veía el vaso de café inclinándose en cámara lenta sobre la mesa y la fusión de cada una de las gotas en una ola que buscó mi rostro y mis piernas con sus ardientes manos azucaradas. Y te veía ahí, gota de café con leche que me rompe la cordura, que penetra la epidermis hasta lo más profundo de mi carne viva y en el descenso me repetía lo que siempre supe, que padezco de la terrible enfermedad de la memoria que me impide saludar al ciudadano. Y que escucho gritos y sonidos de motores mezclados con el tableteo de ametralladoras y llanto y que veo sangre y cuerpos mutilados.
Y yo, que sigo recorriendo ríos y yo, que sigo penetrando brechas y yo que sigo persiguiendo olvido.
Y vuelven a aparecer las bolsas negras revistiendo formas rígidas y vuelven a aparecer con formas frescas y colman mi mundo del recuerdo. Y los cuerpos de los muchachos ahí entre el carro, y el otro cuerpo tendido con sus botas sencillas sobre el piso, todos llenos de plomo, todos vacíos de sangre que ya rueda y mancha el pavimento cubierto con la sábana de la vergüenza.
Y las letras del tango del olvido, acomodándoseme fuerte en el cuerpo, pero lejos de mi corazón. Y volvíamos con la frente marchita y adivinábamos el parpadeo y veíamos apagarse las luces y cerrarse las cortitas y buscábamos olvido, pero no lo encontrábamos y nos rompimos las yemas de los dedos escarbando en la lluvia y seguimos las huellas de las aguas y marcamos caminos con la última gota de sangre que quedaba en nuestro pecho y quisimos llorar para limpiarnos, pero las lágrimas se nos habían secado en el recuerdo y empozadas ahogaban y enmudecían nuestro gemido. Y no veíamos salida y no escuchábamos las voces amigas, sólo había malos remedos y turbias palabras. Y corrimos descalzos por las sendas y nos herimos buscando alguna lucecita en tanta noche. Pero tú ya no estabas, pero yo ya no estaba, era sólo el recuerdo de mí misma que me seguía atormentando, porque yo padecía la terrible enfermedad del no olvido, esa grave enfermedad que me colmaba el sueño, porque hacia donde mirara, los encontraba muertos; porque los otros se reían en mi cara y cantaban canciones y se amangualaban en mi contra y me llamaban loca y me declaraban loca por decreto, mientras el cauce del café derramado marcaba sendas en mi cara y mientras las muchachitas regresaban del olvido para que los viejos les levantaran el destruido ego con su derretido estertor de la lujuria, con su tardío frescor de la “rocanrolera” ropa; con el embobamiento de la decrepitud; sin imaginarse que los abandonados, eran sólo pichones de lo que aquí sobraba; porque no en vano se fermenta la locura en la explosiva botella de los años. Porque todos los demás seguían muertos en sus tumbas y nosotros éramos sólo el recuerdo que sobrevivió en el vórtice mismo de la traicionera nostalgia, porque yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido.
Abren ríos y ríos de amor...”
Los fabulosos Cadillac.
Mientras rodaba hacia el piso con todo el peso de mi cuerpo, veía el vaso de café inclinándose en cámara lenta sobre la mesa y la fusión de cada una de las gotas en una ola que buscó mi rostro y mis piernas con sus ardientes manos azucaradas. Y te veía ahí, gota de café con leche que me rompe la cordura, que penetra la epidermis hasta lo más profundo de mi carne viva y en el descenso me repetía lo que siempre supe, que padezco de la terrible enfermedad de la memoria que me impide saludar al ciudadano. Y que escucho gritos y sonidos de motores mezclados con el tableteo de ametralladoras y llanto y que veo sangre y cuerpos mutilados.
Y yo, que sigo recorriendo ríos y yo, que sigo penetrando brechas y yo que sigo persiguiendo olvido.
Y vuelven a aparecer las bolsas negras revistiendo formas rígidas y vuelven a aparecer con formas frescas y colman mi mundo del recuerdo. Y los cuerpos de los muchachos ahí entre el carro, y el otro cuerpo tendido con sus botas sencillas sobre el piso, todos llenos de plomo, todos vacíos de sangre que ya rueda y mancha el pavimento cubierto con la sábana de la vergüenza.
Y las letras del tango del olvido, acomodándoseme fuerte en el cuerpo, pero lejos de mi corazón. Y volvíamos con la frente marchita y adivinábamos el parpadeo y veíamos apagarse las luces y cerrarse las cortitas y buscábamos olvido, pero no lo encontrábamos y nos rompimos las yemas de los dedos escarbando en la lluvia y seguimos las huellas de las aguas y marcamos caminos con la última gota de sangre que quedaba en nuestro pecho y quisimos llorar para limpiarnos, pero las lágrimas se nos habían secado en el recuerdo y empozadas ahogaban y enmudecían nuestro gemido. Y no veíamos salida y no escuchábamos las voces amigas, sólo había malos remedos y turbias palabras. Y corrimos descalzos por las sendas y nos herimos buscando alguna lucecita en tanta noche. Pero tú ya no estabas, pero yo ya no estaba, era sólo el recuerdo de mí misma que me seguía atormentando, porque yo padecía la terrible enfermedad del no olvido, esa grave enfermedad que me colmaba el sueño, porque hacia donde mirara, los encontraba muertos; porque los otros se reían en mi cara y cantaban canciones y se amangualaban en mi contra y me llamaban loca y me declaraban loca por decreto, mientras el cauce del café derramado marcaba sendas en mi cara y mientras las muchachitas regresaban del olvido para que los viejos les levantaran el destruido ego con su derretido estertor de la lujuria, con su tardío frescor de la “rocanrolera” ropa; con el embobamiento de la decrepitud; sin imaginarse que los abandonados, eran sólo pichones de lo que aquí sobraba; porque no en vano se fermenta la locura en la explosiva botella de los años. Porque todos los demás seguían muertos en sus tumbas y nosotros éramos sólo el recuerdo que sobrevivió en el vórtice mismo de la traicionera nostalgia, porque yo era sólo el recuerdo de mí misma, tratando de escapar hacia mi propio olvido.
Thursday, June 28, 2007
Celebración
El breve placer de un dedo
atravesado en el fuego
de mi deseo.
II
Amazona en tu pecho
a puro pelo
deletreando a galope
el desamparo
del compartido espacio
de tu cuerpo
Galopante amazona desbocada
en el corcel etéreo de tu pecho
cabalgándote a pelo palmo a palmo
en la pradera enorme del deseo
Eternizando orgásmicos instantes
en el tibio placer que me estremece
desde la enhiesta cima de tu sexo
Compartiendo humedades mutuos gritos
En la breve presencia entre tu lecho.
atravesado en el fuego
de mi deseo.
II
Amazona en tu pecho
a puro pelo
deletreando a galope
el desamparo
del compartido espacio
de tu cuerpo
Galopante amazona desbocada
en el corcel etéreo de tu pecho
cabalgándote a pelo palmo a palmo
en la pradera enorme del deseo
Eternizando orgásmicos instantes
en el tibio placer que me estremece
desde la enhiesta cima de tu sexo
Compartiendo humedades mutuos gritos
En la breve presencia entre tu lecho.
Thursday, June 14, 2007
Hojas sueltas
Exorcisé en tu boca
mis instintos
Penetré lo más profundo de tu piel
con mis caricias
Te bañé en mis secas lágrimas
del presentimiento
te amé como si fuera la última vez
y fue la última vez…
Wednesday, May 30, 2007
Visita Inesperada
Hoy la muerte llegó hasta el aposento
dejando su fragancia de cadáver
en las sábanas blancas
Dejando en las miradas
de soslayo
pertenencias de ayer
ahora sin dueño,
manejadas por manos
que ocultaban
entre guantes de plástico,
el asco de su nombre
mortecino, pronunciado
en la oscura y terrible
madrugada.
Midaz.
Mayo 30
Eclipse
Camino hacia el abismo, lo miro y me embelesa, me aproximo hasta el borde, adivinando la grata sensación de pluma o plomo, descendiendo hasta el vientre de piedra que me aguarda. Lecho inmenso inminente, con sus bordes de dientes afilados, obsidiana gigante en su tarea de penetrar la carne en su llegada. Placer indescriptible, descontrol de mi peso descendiendo hacia el fondo, final rotundo, paisaje agreste de sangre derramada, iniciando caminos sin retorno, masa breve en la masa, ceremonia dispar, pasajera atadura al comienzo de los siglos cuando yo no era nada, al final de los siglos cuando no seré nada, regreso hasta el olvido inexpugnable, materia que se filtra entre la piedra, vuelta al polvo perpetuo, a la definitiva madre, vertigo fugaz, cataclismo total, total eclipse. Leve cuerpo en la sombra, gotita de la lluvia que se esparce desde el gran temporal, silencio en el silencio inexorable hacia la nada
II
Retornaré en agua que se filtra, repetiré los nombres que nos juntaron y los sabores comunes del pasado, cruzaré los espejismos de nuestro deseo, habitaré los gritos de tus bosques, germinaré sin reposo en cada poro de tu piel erizada en el orgasmo, seré piedra y pétalo derramado en la medida sublime de nuestros besos, de nuestro efímero tiempo, prolongado en la fuga metafísica de los encuentros. Seré sabor de siempre, olor de primavera en la mañana naciente, olor de cuerpos que se cruzan en abrazo enamorado. Me repetiré en cada vuelo libertario, en las alas que nacen en la desesperanza, en el fuerte corazón que no se inclina, seré la planta que el asfalto no logra vencer sino que brota y se reproduce por entre sus grietas altanera. Seré luz en tus ojos, coraza en las derrotas y sueño sempiterno en la desolación de las almas que no se arrodillan ni se rinden y que renacen en cada despertar.
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