Cómo le gusta
a la gente suicidarse
cuando está prisionera
y reposa una pesada bota
en su garganta
cuatrocientos kilos
en la espalda o
su cuello partido
en la batalla que
ignora que dio
mientras miles
esperan sus
palabras
¡Cómo les gusta morir!
pendiendo de una soga
que no existe
materia
improvisada
que atrevida sujeta
su faringe cuando
nadie miraba
–ilusionistas
transgresores de instante–
colgando de la cuerda
que aparece
milagrosa en su cuello
mientras los jueces
y el mundo aguardan
la declaración
más importante
que faltaba
cuando el amigo
de amigos
intocable
se hunde en las sospechas
y sólo ellos tienen
la respuesta que encaja
en el rompecabezas
fabricado
aparente suicidio
mencionan las noticias
en la escena perfecta
¡Ah muertos tontos!
que
hubieran despejado
las dudas y
completado el cuadro
con
la pieza clave colocada
sin hacer ahora posibles
los detalles y
la aclaración
¡Ah cuellos frágiles!
que no soportan
el peso de su propio cuerpo
suicidas oportunos
que se golpean
a sí mismos
con las macanas
de la autoridad de turno
en el ciego punto perfecto
que no capta
sus últimos instantes
¡Ah suicidas dementes!
que sabiamente
esquivan cámaras
y vigilancia
que
borran testimonios
y no dejan huella
sino que con su vida
destruyen la única
evidencia.
Qué mala costumbre
de morir a destiempo
señoras y señores
qué mala costumbre
de desacreditar
a quienes se encargan de
mantener su seguridad
e integridad
Qué mala costumbre
la de los suicidas presos.
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