Solo tomó
doscientos
o cuatrocientos
muertos
dicen,
no se sabe
no saben cuantos
ni de dónde eran
la llamaron perfecta
la gente
nada importa
operación quirúrgica
invasión impecable…
y veloz
Venezuela se vio libre
por fin
libre
del petróleo y el oro
de su entraña
de sus enrarecidos
metales
que abundaban
se llevaron un hombre
y una dama
completando
la trama
no se sabe a qué precio
no se percibe nada
el mundo expectante
con la mirada fija
en las pantallas
aguardó el nuevo
bombardeo
o la negociación
no lo mostraron
tal vez
hubo promesas
o un proscenio
montado
y en la calle
los muertos
que no hablan
… callan
los muertos
siempre callan
como la joven víctima
que
se llamaba Rosa
o
los otros cuarenta
sin nombre
no importaba
ellos
ya no saben contar
ni en cifras
ni en nombres
ni en palabras
dónde cayeron bombas
ni cuántas fueron
no saben si en la Guaira
no saben si en Miranda
o en Aragua
si fue en su casa
de Caracas
o en su calle del barrio
lo olvidaron
todo murió con ellos
su memoria y su historia
desconocen la escena
pero
a su geografía
llegó la oscuridad
luminosa un instante
ya no saben
no recuerdan
los muertos
cuantos sean
sin su memoria callan
para siempre
y el mundo vivo los imita
calla y olvida
mientras desocupan
las arcas y roban
de su suelo
y de sus aguas
el oro
y las riquezas
así cobran misiles
y balas
porque ellos
no regalan nada
cobran la muerte
y lo gastado
hacen honda limpieza
rescatan dicen ellos
oro negro
que se les había escapado
circulando en el agua
son
piratas sin parche
(el bruto por el bruto)
modernos ladrones
de los buques cisterna
que perdieron su dueño
solo fijaron su vista
y ahora comandan
en el mar y el país
ahora de ellos
deletrearon su nombre
y lo repiten lo
pronuncian
en muchas lenguas
lo hicieron famoso
al
otrora olvidado y
castigado al
aislado, pisado
y secuestrado
de otros y
nuevos tiempos al que
hoy todos nombran
en sus conversaciones
en noticias y diarios:
Venezuela.
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